He comentado en alguna ocasión que no entiendo ese miedo a utilizar la expresión Justicia Restaurativa y la tendencia a sustituirla por “prácticas restaurativas”. Para mí, “prácticas” se queda corto.
Las prácticas son herramientas, métodos, formas concretas de hacer. Pero la Justicia Restaurativa es mucho más que un método o un proceso. Es una manera diferente de entender el daño, las relaciones, la responsabilidad y, en definitiva, la propia justicia. Además, está en constante evolución. Lo que hoy consideramos una buena práctica restaurativa puede quedar superado mañana. Por eso necesitamos flexibilidad y capacidad para seguir aprendiendo, más que encerrarnos en definiciones rígidas o en tecnicismos.
JUSTICIA Y JUSTICIA RESTAURATIVA
Quizá uno de los problemas está en que hemos terminado identificando la palabra justicia exclusivamente con aquello que ocurre en los tribunales.Hemos reducido la justicia a leyes escritas, elaboradas por el Estado y aplicadas por jueces. Y cuando pensamos en las leyes penales, muchas veces parece que su única función es castigar, aislar y etiquetar.
Pero ¿para qué deberían servir las leyes?En origen, las normas también surgieron como una forma de ordenar la convivencia y buscar justicia. Muchas comunidades tradicionales se han regido —y algunas continúan haciéndolo— por normas no necesariamente escritas, pero conocidas y compartidas, cuyo propósito era precisamente mantener el equilibrio y responder ante las injusticias. La Justicia Restaurativa puede ayudarnos a recuperar esa idea más amplia de justicia. Porque justicia no tiene por qué significar únicamente tribunales.
También hablamos de justicia cuando una persona sufre una injusticia en su colegio, en su trabajo, en su familia o en su comunidad. Cuando alguien es humillado, excluido, ignorado o dañado, existe una necesidad de justicia aunque no exista un delito ni un procedimiento judicial.Y aquí aparece otra dimensión de la Justicia Restaurativa.
JUSTICIA COMO VALOR
Podemos entender la justicia también como un valor: aquello que consideramos justo o injusto y nuestra necesidad de actuar cuando se produce una injusticia.Desde esta perspectiva, la Justicia Restaurativa puede ayudarnos a afrontar los conflictos cotidianos, a recuperar vínculos y a reforzar valores como el respeto, la dignidad y la responsabilidad.Por eso sigo pensando que Justicia Restaurativa es el nombre adecuado, tanto cuando se desarrolla dentro del sistema de justicia, como complemento o alternativa al proceso tradicional, como cuando la aplicamos en nuestra vida cotidiana.Porque, al final, la pregunta es muy sencilla:¿Para qué sirve la Justicia?Para mí, debería servir para responder ante las situaciones injustas y ayudar a las personas afectadas a recuperar su dignidad, su voz y su sentimiento de pertenencia.
Y también para recordar a quien ha causado un daño que forma parte de la comunidad y que, precisamente por ello, tiene una responsabilidad con ella: hacer todo lo posible por reparar el mal causado.La justicia no debería limitarse a castigar lo negativo.También debería ser capaz de reforzar lo positivo, recuperar vínculos, dar voz a quienes tradicionalmente no la han tenido y permitir que las personas puedan sanar.
Por eso, no creo que debamos tener miedo de hablar de Justicia Restaurativa. Lo que necesitamos no es cambiarle el nombre, sino recuperar el verdadero significado de la palabra justicia.

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