lunes, 2 de noviembre de 2026

Justicia restaurativa: veinte años después seguimos confundiendo conceptos

El Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx) ha comenzado a trabajar en un proyecto piloto de justicia restaurativa penal en el partido judicial de Cáceres, dirigido a explorar nuevas formas de abordar determinados delitos leves y menos graves, principalmente contra el patrimonio. La iniciativa busca que las víctimas puedan expresar el daño sufrido y que las personas autoras asuman su responsabilidad, con el objetivo de reparar las consecuencias del delito y evitar que queden heridas que afecten a la convivencia.

A priori, la noticia me resultó esperanzadora. Para alguien que lleva 22 años trabajando en justicia restaurativa y luchando para que se conozca qué es y cómo se aplica, que surjan nuevas propuestas de implementación práctica y real es, evidentemente, una buena noticia.

Sin embargo, no puedo evitar preguntarme por qué seguimos reduciendo estas iniciativas a los delitos leves. Si se reconoce que los delitos pueden generar heridas que afectan a la convivencia, no solo entre víctimas y personas ofensoras, sino también en la comunidad, ¿por qué seguimos limitando el alcance de la justicia restaurativa? Me cuesta comprender que estemos volviendo a discursos que pensaba que ya habíamos superado. Discursos propios de 2006, cuando comenzamos el servicio de justicia restaurativa en Burgos.

EL PROBLEMA: EN ESPAÑA NO SABEMOS REALMENTE QUÉ ES LA JUSTICIA RESTAURATIVA

El problema que tenemos en España, y que parece no solucionarse, es que no sabemos qué es realmente la justicia restaurativa. Todo el mundo habla de ella, pero no siempre se comprende qué es ni cómo se aplica.

En primer lugar, nuestras leyes son confusas. Dos ejemplos lo ilustran claramente. El Estatuto de la Víctima del Delito confunde en su articulado la justicia restaurativa con la mediación. Por su parte, el artículo 84.1 del Código Penal permite condicionar la suspensión de la ejecución de una pena privativa de libertad al cumplimiento del acuerdo alcanzado por las partes en un proceso de mediación. Con estos ejemplos, difícilmente podemos pedir a la ciudadanía que comprenda qué es la justicia restaurativa. La Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia, sí distinguió la justicia restaurativa de los medios adecuados de solución de controversias, pero la incorporó en una disposición adicional, fuera de su articulado principal, lo que resulta insuficiente.Tampoco podemos avanzar si se consulta sobre justicia restaurativa a mediadores, teóricos, profesores universitarios, jueces o fiscales que no acreditan formación específica en este ámbito.

Sería como acudir, para una cirugía a corazón abierto, a un divulgador científico sin formación médica o a un escritor de novelas sobre hospitales, en lugar de a un cirujano. Y esto sucede de forma recurrente en nuestras instituciones. En ocasiones, ni siquiera intervienen mediadores, sino personas voluntarias que reciben, en el mejor de los casos, una formación exprés para desempeñar funciones mucho más complejas de lo que parece.La justicia restaurativa es flexible y se adapta a las personas y a cada caso, pero exige conocimientos, técnicas y habilidades específicas por parte de quien facilita el proceso. Es necesario conocer sus funciones y saber facilitar distintas metodologías, como la reunión víctima-persona ofensora (mal llamada mediación penal) , las conferencias y los círculos. Existen otras intervenciones restaurativas, pero conocer cómo facilitar las más habituales permite también desarrollar otras, como los programas individuales.La propia noticia del TSJEx parece reflejar esta confusión cuando su presidenta afirma que la iniciativa no puede extenderse a todos los delitos y que debe limitarse a aquellos en los que no exista una situación de desigualdad entre víctima y agresor que pueda dejar desprotegida a la primera. ¿Desigualdad entre víctima y persona ofensora? En general, el delito genera un desequilibrio entre ambas, porque incluso el hecho más leve puede tener un impacto importante en la vida de la víctima. Precisamente, la justicia restaurativa busca contribuir a reequilibrar esa situación. El delito vincula a la víctima y a quien lo ha cometido, pero es este último quien ha ejercido el control sobre lo sucedido. El proceso restaurativo puede ayudar a la víctima a recuperar parte de ese control. Continuar leyendo en : lawandtrends

viernes, 30 de octubre de 2026

La comunidad y la justicia restaurativa


 INTRODUCCIÓN

A menudo hablamos de la participación de la comunidad en los procesos restaurativos. De hecho, la justicia restaurativa tiene un importante origen comunitario, pues parte de la idea de que el delito no afecta únicamente a la víctima y a la persona ofensora, sino que también puede dañar los vínculos, la confianza y el sentimiento de seguridad de quienes forman parte de la comunidad.Por eso, la participación comunitaria puede contribuir a gestionar mejor las consecuencias del delito, reconocer los daños y asumir responsabilidades que van más allá de las personas directamente implicadas.

Sin embargo, una de las grandes preguntas es cómo involucrar realmente a la comunidad en la justicia restaurativa. En ocasiones, me han dicho que es imposible o demasiado costoso organizar procesos en los que participen otras personas además de la víctima y la persona ofensora. Pero ¿realmente podemos considerar un gasto innecesario dar voz a quienes también sufren las consecuencias del delito? ¿Acaso la comunidad no ve afectada su confianza, su seguridad o sus relaciones cuando se produce un hecho delictivo?

Creo que una de las principales dificultades reside en determinar quién forma parte de esa comunidad y quién debería participar en los procesos restaurativos. La respuesta es fundamental, porque de ella dependerá cómo entendemos la dimensión comunitaria de la justicia restaurativa y cómo hacemos efectiva su participación.

jueves, 29 de octubre de 2026

Polarización política y daño comunitario: una mirada desde la justicia restaurativa

INTRODUCCIÓN

Actualmente vivimos en una sociedad políticamente dividida. La polarización se ha convertido en una forma de relacionarnos. Quien piensa diferente deja de ser alguien con quien debatir y comienza a ser percibido como alguien contra quien combatir. El adversario político deja de ser un ciudadano con otra visión de la sociedad para convertirse en alguien a quien hay que desacreditar, ridiculizar o excluir.

La política conoce bien el poder de esta división. Una sociedad enfrentada es también una sociedad fácilmente movilizable desde el miedo, la indignación y la confrontación. La crispación no siempre es una consecuencia inevitable de nuestras diferencias; en ocasiones puede ser alimentada deliberadamente porque resulta políticamente rentable. Se construye un nosotros frente a un ellos, se simplifican los problemas y se transforma cualquier discrepancia en una batalla moral. Y el problema es que el daño no termina en la esfera política e institucional sino que traspasa a nuestra vida cotidiana; esto es a las familias, lugares de trabajo, universidades, redes sociales y cualquier otro espacio comunitario. Rompe conversaciones, deteriora relaciones y debilita algo esencial para cualquier democracia: la capacidad de reconocernos como parte de una misma comunidad a pesar de nuestras diferencias. Nos desquebraja como comunidad. Por esto mi pregunta hoy sería ¿qué ocurre con una comunidad cuando la división se convierte en una forma habitual de hacer política? Y, sobre todo, ¿cómo reconstruimos comunidad cuando nos están abocando a la confrontación y el odio? Estos daños que nos estamos causando incitados por las personas que están en las esferas políticas e institucionales pueden y deberían abordarse por la justicia restaurativa. Y no porque pretenda convertir la política en un proceso restaurativo ni porque las diferencias ideológicas deban gestionarse mediante el diálogo. Su aportación es otra: recordarnos que los daños afectan a personas, relaciones y comunidades, y que también podemos preguntarnos qué se ha deteriorado entre nosotros y qué necesitamos para reconstruirlo. Porque como he dicho más de una vez la justicia restaurativa tiene que ver con construir y fortalecer comunidad no solo con repararla.

CONFLICTO NO IMPLICA POLARIZACIÓN

Evelyn Beatrice Hall (bajo el seudónimo S.G. Tallentyre) en su libro The Friends of Voltaire publicado en 1906 dijo la siguiente frase que quizá deberíamos recordar más a menudo: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” Continuar leyendo: lawandtrends

miércoles, 28 de octubre de 2026

Justicia restaurativa, reparar y transformar


 INTRODUCCIÓN

La justicia restaurativa pretende enmendar el mal causado. Pero ¿qué significa realmente esta expresión?Para algunas personas, implica única y exclusivamente reparar el daño ocasionado, e incluso hay quienes identifican esa reparación con una compensación material o económica. Sin embargo, quienes trabajamos en justicia restaurativa sabemos que el daño humano va mucho más allá de lo material. Un delito puede provocar sufrimiento emocional y psicológico, miedo, pérdida de confianza, sentimientos de inseguridad y una profunda alteración de la vida de las personas afectadas.

Por eso, enmendar el mal causado exige buscar respuestas que permitan reconocer y atender las distintas dimensiones del daño. No siempre será posible eliminar el sufrimiento, pero sí podemos contribuir a mitigarlo, reconocerlo y evitar que quede invisibilizado.

Esta responsabilidad corresponde, en primer lugar, a quien ha causado el daño. La persona ofensora debe asumir las consecuencias de su conducta y, cuando sea posible y adecuado, participar activamente en la reparación. No obstante, también la comunidad puede desempeñar un papel importante, tanto en la atención a las víctimas como en el apoyo a los procesos de responsabilización de quienes han cometido un delito.

Para que una persona pueda asumir su responsabilidad y modificar su comportamiento, en ocasiones necesitará ayuda. Esto no significa justificar el delito ni restar importancia al daño sufrido por la víctima, sino comprender que la responsabilidad individual y el apoyo comunitario pueden ser necesarios para construir respuestas más completas y duraderas.

martes, 27 de octubre de 2026

La comunidad en la justicia restaurativa: ¿quiénes deben tener voz?

 

INTRODUCCIÓN

La justicia restaurativa tiene un importante origen comunitario, pues entiende que el delito no afecta únicamente a la víctima y a la persona ofensora, sino que también puede dañar los vínculos, la confianza y el sentimiento de seguridad de la comunidad.

Por eso, la participación comunitaria puede contribuir a reconocer los daños, asumir responsabilidades y encontrar respuestas más completas. Sin embargo, surge una pregunta fundamental: ¿quién es la comunidad y cómo podemos involucrarla realmente en los procesos restaurativos?En ocasiones, me han dicho que incluir a la comunidad es complicado y costoso. Pero ¿acaso no sufre también las consecuencias del delito? Quizá la dificultad no esté tanto en su participación como en determinar quiénes deberían formar parte de ella.