INTRODUCCIÓN
Creo que es necesario recordar algo que, aunque pueda parecer evidente, con frecuencia olvidamos: la Justicia Restaurativa surgió porque el delito es algo más que una violación de una norma. Es también una vulneración de las personas, de sus relaciones y de los vínculos que nos unen como sociedad.Y cuando se produce un daño, surgen obligaciones. Una de ellas es la de reparar.Pero reparar, desde la perspectiva restaurativa, no significa únicamente indemnizar.Reparar también significa reconocer, responsabilizarse, sanar, reconstruir y, cuando sea posible, transformar aquello que el delito ha quebrado.
Para ello, la Justicia Restaurativa procura tener en cuenta a las personas directamente afectadas y también a la comunidad. Víctima, infractor y comunidad pueden tener necesidades diferentes y, precisamente por eso, la respuesta al delito no debería reducirse a una única forma de reparación.De ahí que sea importante diferenciar conceptos que con frecuencia se utilizan como si fueran equivalentes: Justicia Restaurativa no es sinónimo de reparación o indemnización, del mismo modo que la mediación penal tampoco es exactamente lo mismo que la Justicia Restaurativa.
Nuestra tradición jurídica, y especialmente nuestra tendencia a traducir el daño a términos económicos, nos lleva fácilmente a pensar que reparar significa pagar.Pero no siempre es así.
Una víctima puede necesitar una compensación económica, pero también puede necesitar una explicación, un reconocimiento, una disculpa, respuestas a sus preguntas o simplemente saber que quien le causó el daño comprende las consecuencias de lo que hizo.Y algunas de estas necesidades no pueden comprarse con dinero.









