¿JUSTICIA RESTAURATIVA CENTRADA EN LAS VICTIMAS O EN INFRACTORES?
Uno de los dilemas recurrentes entre quienes trabajamos en el ámbito de la Justicia Restaurativa es la aparente obligación de posicionarnos: ¿estamos del lado de las víctimas o del lado de los infractores?
En una sociedad polarizada, parece que solo se nos entiende si adoptamos un extremo. A veces incluso se observa cómo algunos profesionales utilizan la justicia restaurativa casi exclusivamente en beneficio del infractor, como estrategia para evitar el juicio o suavizar consecuencias penales. Sin embargo, centrar nuevamente el sistema en el infractor —aunque sea con un lenguaje distinto— supone reproducir el mismo error de la justicia tradicional, que históricamente ha girado en torno a él dejando en segundo plano a la víctima.
Y, sin embargo, también es cierto que esta justicia nace por y para las víctimas. Como señaló Howard Zehr, el delito genera ante todo un daño. A ello podemos añadir que ese daño no afecta solo a la víctima directa, sino también a la comunidad. La justicia restaurativa surge como respuesta a esa ruptura relacional.
Pero afirmar que nace por las víctimas no implica excluir al infractor. Precisamente porque el delito ha creado un vínculo a través del daño, la respuesta no puede fragmentarse.









