Hoy me gustaría hablar del intrusismo profesional, algo que sucede todos los días y en prácticamente todos los ámbitos, pero que, por alguna razón, en Justicia Restaurativa parece especialmente habitual.Estamos ante una actividad que requiere formación, pero también ética personal y profesional. Trabajamos con personas muchas veces impactadas por experiencias traumáticas, con historias poderosas que debemos saber escuchar, acompañar y proteger. Y, sin embargo, parece que cualquiera estuviera capacitado para realizar esta labor. Pongo dos ejemplos recientes, aunque hay muchos más.
En primer lugar, los Colegios de Criminólogos de toda España están reclamando una ley que regule su actividad, una reivindicación legítima. Lo que me sorprende es que, entre las medidas que reclaman, se incluya el reconocimiento de distintos ámbitos profesionales donde pueden intervenir : prevención del delito, seguridad, ejecución penal, reinserción, Justicia Restaurativa y atención a víctimas, entre otros. Parece darse por supuesto que, por el hecho de ser criminólogo, se está capacitado para facilitar procesos restaurativos.
Otro ejemplo especialmente llamativo lo encontramos en Cáritas de Burgos. En una noticia sobre su programa Volver a Empezar se habla de «salidas terapéuticas», en las que «nos acercamos a la libertad, a la naturaleza, con actividades de Justicia Restaurativa y lúdicas». Y, una vez más, parece necesario añadir la palabra restaurativa para presentar determinadas actividades como algo más. Por supuesto, también aparecen los mediadores, como si por el hecho de serlo estuvieran automáticamente habilitados para hacer Justicia Restaurativa. Y así llegamos incluso a jornadas en las que se habla de «mediación restaurativa».
No. La mediación es mediación y la Justicia Restaurativa es Justicia Restaurativa. Son ámbitos relacionados, pero diferentes, aunque históricamente haya existido una metodología denominada mediación penal. Como mucho, podemos encontrar determinadas semejanzas entre la mediación transformativa y algunos planteamientos restaurativos. Pero hablar de «mediación restaurativa» como si ambos conceptos fueran equivalentes contribuye a una confusión que llevamos demasiado tiempo arrastrando.El problema no es que criminólogos, mediadores u otros profesionales quieran acercarse a la Justicia Restaurativa. El problema aparece cuando se presupone que una titulación o una profesión de origen capacita automáticamente para facilitar procesos restaurativos, sin formación específica en Justicia Restaurativa.Porque facilitar un proceso restaurativo no consiste simplemente en aplicar unas dinámicas, organizar una actividad o reunir a unas personas.Requiere conocer qué es la Justicia Restaurativa, cuáles son sus fundamentos, cómo se preparan y facilitan los procesos, cuáles son las funciones del facilitador y, sobre todo, cómo hacerlo sin causar daño a las personas que confían en nosotros.Y eso requiere formación, experiencia y ética profesional.
INTRUSISMO PROFESIONAL Y JUSTICIA RESTAURATIVA
El intrusismo profesional supone ejercer una profesión sin contar con la formación adecuada o sin cumplir los requisitos legalmente exigidos. Puede darse prácticamente en cualquier ámbito, aunque algunas actividades parecen sufrirlo en mayor medida. Y esto es precisamente lo que sucede con la Justicia Restaurativa, en parte porque todavía ni siquiera se reconoce suficientemente la labor del facilitador restaurativo como una actividad profesional específica. Otros profesionales pretenden incorporarla como una función más de su propio ámbito —psicólogos, criminólogos, mediadores…— e incluso se llega a minimizar su importancia hasta pensar que cualquier voluntario con buena voluntad puede realizarla. Continuar leyendo en lawandtrends