INTRODUCCIÓN
Con frecuencia me pregunto si nuestro trabajo como facilitadores de Justicia Restaurativa termina cuando acompañamos a una víctima o a un infractor en un proceso restaurativo o, por el contrario, tenemos también la responsabilidad de ir un paso más allá. En otras palabras, me pregunto si nuestra labor debe trascender.Y creo que sí.¿Por qué?
Porque, queramos o no, nuestro trabajo consiste en dialogar constantemente con personas, instituciones y colectivos sobre una cuestión esencial: qué entendemos por justicia. Cada conversación con una víctima, con un infractor, con un juez, un fiscal, un abogado o un ciudadano supone también una oportunidad para cuestionar determinadas ideas profundamente arraigadas sobre el castigo, la responsabilidad y la reparación. Por eso creo que una parte de nuestra tarea consiste en impulsar ese diálogo y contribuir a que la sociedad, el legislador y los poderes públicos comprendan que es posible construir una justicia diferente: una justicia basada en valores humanos, en la responsabilidad, en la reparación y en la reconstrucción de las relaciones dañadas. Para mí, trascender significa precisamente eso: "no limitar la Justicia Restaurativa a la gestión de determinados casos, sino convertirla también en una fuerza capaz de inspirar una transformación de nuestro sistema de justicia y, en definitiva, de nuestra forma de convivir".









