INTRODUCCIÓN
Actualmente vivimos en una sociedad políticamente dividida. La polarización se ha convertido en una forma de relacionarnos. Quien piensa diferente deja de ser alguien con quien debatir y comienza a ser percibido como alguien contra quien combatir. El adversario político deja de ser un ciudadano con otra visión de la sociedad para convertirse en alguien a quien hay que desacreditar, ridiculizar o excluir.
La política conoce bien el poder de esta división. Una sociedad enfrentada es también una sociedad fácilmente movilizable desde el miedo, la indignación y la confrontación. La crispación no siempre es una consecuencia inevitable de nuestras diferencias; en ocasiones puede ser alimentada deliberadamente porque resulta políticamente rentable. Se construye un nosotros frente a un ellos, se simplifican los problemas y se transforma cualquier discrepancia en una batalla moral. Y el problema es que el daño no termina en la esfera política e institucional sino que traspasa a nuestra vida cotidiana; esto es a las familias, lugares de trabajo, universidades, redes sociales y cualquier otro espacio comunitario. Rompe conversaciones, deteriora relaciones y debilita algo esencial para cualquier democracia: la capacidad de reconocernos como parte de una misma comunidad a pesar de nuestras diferencias. Nos desquebraja como comunidad. Por esto mi pregunta hoy sería ¿qué ocurre con una comunidad cuando la división se convierte en una forma habitual de hacer política? Y, sobre todo, ¿cómo reconstruimos comunidad cuando nos están abocando a la confrontación y el odio? Estos daños que nos estamos causando incitados por las personas que están en las esferas políticas e institucionales pueden y deberían abordarse por la justicia restaurativa. Y no porque pretenda convertir la política en un proceso restaurativo ni porque las diferencias ideológicas deban gestionarse mediante el diálogo. Su aportación es otra: recordarnos que los daños afectan a personas, relaciones y comunidades, y que también podemos preguntarnos qué se ha deteriorado entre nosotros y qué necesitamos para reconstruirlo. Porque como he dicho más de una vez la justicia restaurativa tiene que ver con construir y fortalecer comunidad no solo con repararla.
CONFLICTO NO IMPLICA POLARIZACIÓN
Evelyn Beatrice Hall (bajo el seudónimo S.G. Tallentyre) en su libro The Friends of Voltaire publicado en 1906 dijo la siguiente frase que quizá deberíamos recordar más a menudo: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” Continuar leyendo: lawandtrends




