INTRODUCCIÓN
En ocasiones, muchas personas me preguntan sobre la sinceridad y los motivos de los infractores para participar en un proceso restaurativo. La duda es comprensible: ¿podría la Justicia Restaurativa convertirse en una vía sencilla para eludir las consecuencias jurídicas de sus actos?Otras veces, el problema es diferente: damos por perdida a una persona. Cuando alguien ha cometido más de un delito, pensamos que es imposible que cambie y pueda reconducir su vida. En definitiva, dejamos de creer en la capacidad de las personas para cambiar.Por eso considero un error afirmar que solo deberían participar en procesos restaurativos los infractores que no han reincidido. ¿Qué habría ocurrido si esa persona nunca tuvo la oportunidad de participar en un proceso restaurativo después de su primer delito? ¿Y si escuchar el impacto que su conducta tuvo en la víctima fuera precisamente el elemento que necesitaba para comenzar a cambiar?Excluir a una persona reincidente puede perjudicar su propia reinserción, pero también a la comunidad. Una sociedad segura no es solo aquella que castiga a quien delinque, sino también aquella que consigue que quien ha causado daño pueda dejar de hacerlo.









