La justicia forma parte del proceso de recuperación de muchas víctimas. Cuando una persona sufre un delito, no solo experimenta un daño concreto: puede afrontar también miedo, inseguridad, rabia, frustración o una profunda necesidad de que se haga justicia. Por eso, quienes facilitan procesos de Justicia Restaurativa necesitan comprender, al menos, cómo puede afectar el trauma a las personas.
Una de las reacciones que pueden aparecer tras una experiencia traumática son los sentimientos de venganza. La línea entre justicia y venganza puede ser especialmente difícil de distinguir cuando nuestro cerebro y nuestro cuerpo están todavía afectados por el daño sufrido. En ocasiones, el dolor puede llevarnos a querer devolver el daño recibido o incluso a dañarnos a nosotros mismos.La pregunta es, por tanto, cómo encontrar una respuesta a la injusticia que permita avanzar hacia la reparación sin alimentar nuevos ciclos de violencia. En este sentido, la Justicia Restaurativa puede abrir un camino diferente: un espacio en el que las necesidades de quienes han sufrido el daño puedan ser escuchadas y en el que la respuesta a lo ocurrido contribuya, cuando sea posible, a la recuperación.









