INTRODUCCIÓN
Una de las cuestiones que siempre me pareció más difícil cuando comencé a trabajar como facilitadora de Justicia Restaurativa fue cómo establecer el primer contacto con las personas afectadas por el delito.
Me refiero a ese primer acercamiento, ya sea mediante una carta o una llamada telefónica, en el que debemos explicar a una víctima o a un infractor qué es la Justicia Restaurativa e invitarles a una primera reunión informativa. Puede parecer algo sencillo, pero no lo es.
A pesar de que los servicios de Justicia Restaurativa llevan años funcionando, muchas víctimas desconocen completamente su existencia. Para ellas, recibir una llamada en la que alguien les habla de un proceso restaurativo resulta, como mínimo, sorprendente. Lo mismo sucede con muchos infractores, cuya única referencia suele ser el proceso penal tradicional.
Por eso siempre me he planteado dos preguntas.
La primera es cuál es el momento más adecuado para realizar ese primer contacto.
Si el delito acaba de producirse, es muy probable que la reacción inicial de la víctima sea rechazar cualquier propuesta relacionada con el infractor. Es una respuesta perfectamente comprensible. La ira, la humillación, el miedo o incluso el deseo de venganza ocupan todavía el primer plano.Sin embargo, el tiempo cambia muchas cosas. No borra el daño, pero sí puede permitir que la víctima recupere parte del control sobre su vida y empiece a plantearse preguntas para las que el proceso penal no siempre ofrece respuestas.
La segunda cuestión es qué debemos decir durante ese primer contacto.La experiencia me ha enseñado que el objetivo de esa llamada no es explicar detalladamente todo el proceso restaurativo. El teléfono es un medio frío y limitado para transmitir algo tan complejo. Lo esencial es despertar la confianza suficiente para que la persona acepte mantener una reunión en la que pueda recibir una información completa, resolver sus dudas y decidir libremente si desea participar.









