El programa Salvados versó sobre el encuentro entre una víctima de la banda terrorista ETA y un exmiembro arrepentido. El contenido del programa nos acercó a sus historias, incorporando algunos datos adyacentes que considero que no eran necesarios, aunque sí contribuyeron a hacer de él un programa especialmente emotivo. Agradezco que no lo llamaran Justicia Restaurativa, pero, desde luego, a quienes nos dedicamos a ella, no se nos escapa que intentaron narrar en directo un proceso que, al menos en algunos de sus elementos, guarda una clara relación con la Justicia Restaurativa.
El contenido del programa fue, como he comentado, emotivo y esperanzador. Sin embargo, las formas y, sobre todo, la pedagogía restaurativa que indirectamente están transmitiendo algunos medios de comunicación sobre lo que implica un proceso restaurativo y sanador dejan mucho que desear. Y es precisamente aquí donde creo que merece la pena detenerse.
LA JUSTICIA RESTAURATIVA : ESPACIOS PARA QUE LAS PERSONAS PUEDAN DIALOGAR, SANAR Y ASUMIR RESPONSABILIDADES
El programa no mencionó en ningún momento a la Justicia Restaurativa y, sin embargo, en un mundo donde casi todos los días se habla de esta justicia, aunque muchas veces sin llegar a saber realmente en qué consiste, claramente se intentó visualizar un proceso restaurativo. Lo primero que se pudo observar es que el exmiembro de ETA hacía muchos años que había realizado su propio proceso de responsabilización, sin mediar un proceso restaurativo. De hecho, había sido considerado un traidor por sus excompañeros. El programa trata de humanizar la historia de esta persona, lo cual es loable porque en Justicia Restaurativa solemos decir que somos duros con el delito y blandos con la persona que hay detrás. Sin embargo, hubo momentos en los que, durante la conversación con el presentador, parecía que, en algún punto, se estaba justificando sus acciones. Algo que puede ocurrir especialmente cuando hablamos de delitos de tanta gravedad. Y ahí es donde un verdadero facilitador —no un presentador de televisión, ni siquiera un mediador— busca, mediante las herramientas adecuadas, que el relato de la persona ofensora se desprenda de toda justificación y se centre en su propia historia y en el daño causado. Pero cuando se ejerce una función de pseudo facilitación es difícil controlar estos aspectos, y mucho más cuando se está inmerso en un relato que no deja de ser emotivo y muy duro. Continuar leyendo en : lawandtrends









