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martes, 3 de noviembre de 2026

Justicia restaurativa: reconocer la victimización del infractor sin justificar el delito

 

INTRODUCCIÓN

El énfasis de la justicia restaurativa en abordar los daños causados y las causas que pueden estar detrás de los comportamientos delictivos exige que prestemos atención también a los posibles daños que han sufrido las personas infractoras. Aunque pueda parecer una cuestión secundaria, comprender las experiencias de victimización que pueden existir detrás de algunas conductas delictivas resulta fundamental para abordar el delito de una manera integral y contribuir a evitar que vuelva a producirse.

Diversos estudios han puesto de manifiesto que muchas personas que cometen delitos han experimentado previamente situaciones de victimización, violencia o trauma de considerable intensidad. Otras, además, se perciben a sí mismas como víctimas de determinadas circunstancias, de su entorno, de la sociedad o incluso del propio sistema de justicia. Estas experiencias y percepciones pueden haber contribuido, en algunos casos, a configurar el contexto en el que se produce la conducta delictiva.

El psiquiatra James Gilligan sostiene que la violencia puede entenderse, en determinadas circunstancias, como un intento de conseguir justicia. Desde esta perspectiva, algunos comportamientos violentos pueden constituir una respuesta destructiva a experiencias previas de humillación, injusticia o victimización. Es decir, algunas personas pueden recurrir a la violencia como una forma equivocada de recuperar la dignidad perdida, compensar una sensación de inferioridad o revertir aquello que perciben como una injusticia sufrida.Por supuesto, que una persona haya sido víctima o se perciba como tal no significa que quede exenta de responsabilidad por el daño que ha causado. Comprender el origen de una conducta no equivale a justificarla. Sin embargo, Gilligan advierte de que difícilmente podremos conseguir que determinados comportamientos violentos desaparezcan si no abordamos también los sentimientos y experiencias que pueden estar alimentándolos. De hecho, las respuestas exclusivamente punitivas pueden reforzar, en algunas personas, la percepción de ser víctimas de un sistema injusto, consolidando el resentimiento y la hostilidad.En ocasiones, puede ser suficiente con reconocer y tener en cuenta estos sentimientos; en otras, será necesario cuestionar determinadas percepciones y ayudar a la persona a confrontarlas con la realidad y con las consecuencias de sus actos. También puede resultar necesario trabajar sobre el daño que ha sufrido y sobre la manera en que lo ha trasladado a otras personas. En cualquier caso, la responsabilización y la reparación del daño causado deben ocupar un lugar central en este proceso.

Es comprensible que este planteamiento pueda resultar incómodo para muchas víctimas e incluso interpretarse como una justificación del delito. También debemos reconocer que no todas las personas que han sufrido victimización terminan cometiendo delitos. Haber experimentado violencia o trauma no conduce inevitablemente a reproducirlos. Por eso, no se trata de establecer relaciones automáticas ni de buscar excusas, sino de comprender las circunstancias individuales que pueden ayudar a explicar determinados comportamientos.