martes, 13 de octubre de 2026

Justicia Restaurativa y violencia de género: responsabilizar sin condenar para siempre

 

INTRODUCCIÓN

Se ha discutido mucho, al menos en España, sobre la posibilidad de utilizar herramientas de la Justicia Restaurativa en casos de violencia de género. El problema es que, con frecuencia, se habla de mediación cuando en realidad estamos hablando de conceptos y prácticas diferentes. Ya he abordado esta cuestión en otras ocasiones y, sin duda, volveré a establecer las diferencias y a analizar qué herramientas restaurativas pueden ser adecuadas para abordar delitos que generan tanta alarma social.

La Justicia Restaurativa puede, sin lugar a dudas, contribuir a gestionar estos delitos de una manera más eficaz. Pero, al igual que sucede con otros delitos de especial gravedad, es necesario tener en cuenta determinados elementos antes y durante las intervenciones individuales y, cuando proceda, en las conjuntas.Siguiendo a Howard Zehr, podemos señalar algunos aspectos especialmente relevantes.

ELEMENTOS A TENER EN CUENTA

Romper los estereotipos y las narrativas que justifican el delito.

Es necesario reconocer, sacar a la luz y cuestionar los estereotipos y creencias que pueden tener quienes han causado el daño acerca de la violencia de género y de sus propias conductas. La Justicia tradicional, centrada fundamentalmente en el castigo, no siempre permite trabajar en profundidad estas narrativas y, en ocasiones, puede incluso reforzarlas.

Generar empatía.

La empatía debe ocupar un lugar fundamental. No se trata simplemente de conseguir que quien ha causado el daño «entienda» intelectualmente lo sucedido, sino de profundizar en las consecuencias que sus acciones han tenido sobre otras personas. La neurociencia también nos recuerda la importancia de la empatía en las relaciones humanas.

Trabajar el reconocimiento y la responsabilidad.

Es imprescindible insistir en el reconocimiento de lo ocurrido y en la responsabilidad por las propias acciones. No podemos hablar de Justicia Restaurativa si no existe un espacio para que quien ha causado el daño pueda comprender qué hizo, a quién afectó y cuáles han sido sus consecuencias.

Abordar la vergüenza.

La vergüenza puede convertirse en un obstáculo para asumir la responsabilidad. Ante ella, algunas personas pueden negar lo sucedido, justificar sus comportamientos o incluso trasladar la responsabilidad a la víctima. Por eso es necesario trabajar esta emoción, algo que también encontramos en otros delitos graves, como las agresiones sexuales.

Construir nuevas narrativas sobre la propia identidad.

Finalmente, debemos ayudar tanto a las víctimas como a quienes han causado el daño a desarrollar un concepto de identidad que no quede reducido para siempre a los roles de «víctima» y «delincuente».

Esto no significa negar lo sucedido ni minimizar la responsabilidad. Significa permitir que puedan construirse otras narrativas y otras historias que den sentido a lo vivido. La víctima no debería quedar condenada a ser víctima para siempre, del mismo modo que quien ha cometido un delito no debería quedar definido exclusivamente por aquello que hizo, como si no existiera posibilidad alguna de cambio y reinserción.

CONCLUSIONES

La Justicia Restaurativa no consiste en olvidar el delito, minimizar la violencia ni sustituir la responsabilidad por el diálogo. Precisamente al contrario: exige afrontar el daño, reconocer sus consecuencias y asumir responsabilidades.En los casos de violencia de género, como en otros delitos graves, esto requiere intervenciones cuidadosamente diseñadas, profesionales formados y una valoración individualizada de cada situación. No todas las personas necesitan lo mismo y, especialmente, no siempre será adecuado un encuentro conjunto.

Pero si queremos ir más allá de una justicia centrada exclusivamente en castigar, necesitamos espacios que permitan trabajar aquello que difícilmente puede abordarse solo mediante la respuesta penal: las creencias que sustentan la violencia, la empatía, la responsabilidad, la vergüenza y las narrativas que construimos sobre nosotros mismos.

Porque responsabilizar a quien ha causado el daño no significa condenarlo para siempre a ser únicamente el delito que cometió. Y reconocer a una víctima no significa condenarla a vivir eternamente desde ese lugar.

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