martes, 31 de marzo de 2020

La justicia restaurativa elimina roles vitalicios

INTRODUCCIÓN
La Justicia Restaurativa ayuda al infractor a poner "rostro" al delito, al ser humano que hay detrás de la acción delictiva y así ver que su delito, efectivamente si causó un daño a otra persona, se puede decir que humaniza sus acciones, ya no será él frente al estado y una norma que está escrita por ahí, en algún código. Tendrá que enfrentar sus acciones porque causaron un dolor y un perjuicio a otras personas, a otros miembros de la comunidad. Como decía Zehr, el delito es visto con otra lente y por tanto, el impacto que realmente ha tenido, es visto de una forma más cercana, como si tuvieramos un lente de aumento. Pero la Justicia Restaurativa también favorece la humanización del delito a los ojos de la víctima, en muchas ocasiones las víctimas tienden a pensar en el infractor como un demonio, un monstruo que nada tiene que ver con las personas que la rodean. Esto sin duda, es un mecanismo que puede servirlas en un primer momento, para mitigar el sentimiento de desconfianza que surge tras sufrir el delito, porque el mundo teóricamente ideal en el que vivían se ha desmoronado tras convertirse en víctimas y pensar en el delincuente como un monstruo alivia este sentimiento al menos a priori, ya que de esta forma considerará el delito como algo totalmente inusual.

LA JUSTICIA RESTAURATIVA ELIMINA "ETIQUETAS"
 Pero aunque se vea al infractor de esta forma, algo se desquebraja en la víctima, pierde su confianza en los demás miembros del grupo, se quiebra su relación con la comunidad ( de ahí que para los procesos restaurativos el delito sea una violación de las personas y su forma de relacionarse). Se necesita algo más para que las víctimas realmente sientan que la justicia ha actuado y que pueden volver a relacionarse y ha sentirse miembros del grupo, respetados y escuchados y esto se favorece a través de esta Justicia. ¿Por qué?

Los procesos restaurativos lo que hacen es ayudar a cicatrizar esta herida abierta, porque si el infractor se responsabiliza y voluntariamente quiere participar, la víctima podrá poner rostro e historia al "monstruo" que la hizo daño, verá que es un ser humano y que es posible que pueda cambiar, esto sin duda, ayudará a que el sentimiento de inseguridad se vea aminorado,el infractor no es un ser terrible al que temer sino una persona como ella, que se compromete a través de la Justicia Restaurativa a compensar el daño que la causó y a no volver a delinquir. Sin duda, la justicia restaurativa da más esperanzas a las víctimas de que un mundo mejor es posible, aún y a pesar del delito que la tocó sufrir, sabrá que no todos los infractores son unos monstruos y que muchos de ellos si se les da la oportunidad de cambiar y hacer las cosas bien la van a aprovechar. Se trata de ofrecer una puerta abierta al futuro, para el infractor: que tendrá la oportunidad de ser mirado por lo bueno que haga desde ese momento en adelante, sin ser etiquetado, y para la víctima: que podrá recomponer su vida, incorporando el delito sufrido con honor, y por supuesto, despojándose de la etiqueta de víctima.

CONCLUSION
Reconocer la humanidad que subyace en el infractor regenera la confianza en la sociedad en sus allegados y en definitiva ayuda a las víctimas a reintegrarse de nuevo en la comunidad.

4 comentarios:

  1. No sólo eliminar roles vitalicios negativos. También se pueden instaurar roles vitalicios positivos.
    El Reintegrative Shaming, de difícil traducción al castellano, porque es literalmente avergonzamiento reintegrativo, da al infractor el mensaje de que hizo algo malo, pero que eso no necesariamente lo convierte en malo a él.
    Este mensaje se encuadra dentro de la Teoría del Etiquetamiento (Labelling Approach), que sostiene la conveniencia de no etiquetar al delincuente como tal para evitar la profecía autocumplida que lo impulsaría a seguir delinquiendo.
    Pero se puede dar un paso más y, en vez de, simplemente, NO ETIQUETAR, se podría ETIQUETAR AL REVÉS, tomando como modelo el trato que dio el obispo Myriel a Jean Valjean cuando perdonó y hasta encubrió su robo de la platería y aún agregó más platería a su bolsa.
    Pero lo despidió con estas palabras: «Jean Valjean, hermano mío, ya no pertenecéis al mal, sino al bien. Es vuestra alma la que le compro; se la quito a los pensamientos malos y al espíritu de perdición y se la doy a Dios».
    Esto implicaba no simplemente que no debía seguir robando (un giro de 90º), sino que debía convertirse en un algo así como un santo (u giro de 180º).
    Es decir, que esta “VALJEANIZACIÓN” consistió no ya en meramente no etiquetar, sino pronunciar un etiquetamiento inverso.
    Según los investigadores sistémicos del mental Research Institute de Palo Alto, California, el giro de 180 º es siempre más eficaz y estable que un giro de 90 º.
    En la novela, Valjean se convierte en un hombre extraordinariamente abnegado, valiente y solidario.
    Cabe preguntarse si la Valjeanización o etiquetamiento inverso no sería algo más eficaz aún que el Reintegrative Shaming.
    En Alcohólicos Anónimos se utiliza este método, instando a quienes beben no solamente a dejar de beber sino también a trabajar para ayudar a recuperar a otros alcohólicos, intentando así disminuir el alcoholismo en el mundo.

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    1. Es muy interesante lo que comentas pero a mi en general, no me gusta que me etiqueten ni para bien o para mal, pero bueno es verdad que la verguenza reintegrativa de Braithwaite es muy interesante y de mucha ayuda, y para los que han sido etiquetados para mal un etiquetamiento inverso quizá funcione bien. Gracias

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  2. Me refería a los que han delinquido y pudieran seguir delinquiendo.
    Etiquetar positivamente a las personas en general... no sé... habría que pensarlo.

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