“El Gobierno de Navarra impulsa medidas de justicia restaurativa en la resolución de conflictos por racismo y xenofobia
La vicepresidenta Alfaro y la consejera Jurío firman un protocolo de colaboración para promover esta medida extrajudicial, que ofrece una respuesta de calidad a quienes sufren este tipo de daño, evita la reincidencia y ayuda a luchar contra la infradenuncia”
“Marlaska y Pradales lanzan el «modelo vasco de Justicia Restaurativa» con la apertura de la nueva cárcel de Zubieta
El lendakari aboga por «el humanismo, la integración y la reinserción» como «principios irrenunciables» de la política penitenciaria”
Son dos noticias publicadas hace apenas unos días. La pregunta es inevitable: ¿qué tienen en común? Al menos dos aspectos resultan evidentes. En primer lugar, ambas giran en torno a la justicia restaurativa. En segundo lugar, en ambas son los responsables políticos quienes ocupan el centro del relato y aprovechan la ocasión para proyectar una imagen de liderazgo e innovación. Desgraciadamente, cada vez es más frecuente que la justicia restaurativa se utilice como herramienta de promoción institucional y marketing político, e incluso como elemento de prestigio para determinados operadores jurídicos. Se presenta como una iniciativa pionera, como un logro exclusivo o como una apuesta radicalmente diferente a la del resto de España. Ojalá esa imagen se correspondiera con la realidad.
Sin embargo, cuando se analizan con detenimiento estas proclamaciones, la conclusión suele ser menos brillante: abundan los titulares grandilocuentes, las declaraciones solemnes y las promesas de transformación, pero escasean los programas restaurativos verdaderamente rigurosos, las intervenciones de calidad y los resultados que permitan hablar de un cambio real. En demasiadas ocasiones, la novedad está más en la campaña de comunicación que en las propias prácticas restaurativas.
JUSTICIA RESTAURATIVA EN CASOS DE DISCRIMINACIÓN RACIAL
Por supuesto, crear espacios seguros de justicia restaurativa para las personas afectadas por conductas xenófobas o racistas supone apostar por la visibilización de sus historias, el reconocimiento del daño sufrido y el acompañamiento en sus procesos de recuperación. Además, cuando las circunstancias lo permiten, estos espacios ofrecen una oportunidad para que quienes han causado el daño comprendan el impacto real de sus actos y asuman la responsabilidad por las consecuencias generadas.
La justicia restaurativa no solo contribuye a sanar heridas individuales, sino que también favorece la construcción de comunidades más conscientes, inclusivas y comprometidas con la prevención de futuras conductas discriminatorias. Continuar leyendo en : lawandtrends

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