INTRODUCCIÓN
Siempre intento recordar que la Justicia Restaurativa no es algo nuevo. En realidad, es la justicia del sentido común, una forma de entender las relaciones humanas que siempre existió y que, poco a poco, hemos ido perdiendo. Por eso, hoy quiero volver a una hermosa historia sobre cómo los japoneses reparan los objetos rotos.
Cuando los japoneses reparan una pieza de cerámica quebrada, no intentan ocultar las grietas. Al contrario, las resaltan rellenándolas con oro. Creen que aquello que ha sufrido un daño y tiene una historia se vuelve más valioso y más bello.
Este arte tradicional japonés recibe el nombre de Kintsugi o Kintsukuroi, y consiste en reparar la cerámica rota utilizando una laca especial mezclada con polvo de oro o plata. El resultado no es una pieza que pretende aparentar que nunca se rompió; es una pieza nueva, diferente, cuya historia queda visible para siempre. Las fracturas no son escondidas ni negadas: son honradas porque forman parte de lo que la pieza es.
De hecho, muchas veces la cerámica reparada se considera más hermosa y más valiosa que la original. Sus grietas doradas se convierten en la parte más fuerte y significativa de la obra.




