INTRODUCCIÓN
Frecuentemente hablamos del perdón y de cómo este no es, al menos prioritariamente, el objetivo de la Justicia Restaurativa. Sin embargo, a veces nos olvidamos del remordimiento.
Sé que hablar de remordimiento, arrepentimiento o redención puede sonar demasiado religioso. Pero no tiene por qué ser así. Para quien no tenga creencias religiosas, el remordimiento puede entenderse desde una perspectiva ética y humana: la capacidad de mirar de frente lo ocurrido, reconocer el daño causado y preguntarse qué es lo correcto después de haberlo hecho.Aunque el término «remordimiento» no aparezca expresamente en muchas normas sobre Justicia Restaurativa, sí encontramos referencias indirectas cuando se exige que el infractor reconozca los hechos o los elementos esenciales de los que deriva su responsabilidad.Y aquí surge una pregunta interesante:¿Es suficiente con reconocer que se ha cometido el delito o es necesario, además, sentir remordimiento?
REMORDIMIENTO Y JUSTICIA RESTAURATIVA
Reconocer los hechos significa asumir que el delito ocurrió y que existe una responsabilidad por parte de quien lo cometió. Pero el remordimiento va un paso más allá: supone preguntarnos si es necesario que el infractor se arrepienta sinceramente del daño causado y, sobre todo, cómo podemos saber si ese arrepentimiento es auténtico.Desde mi punto de vista, considero más importante que la persona infractora reconozca que ha causado un daño y asuma su responsabilidad que comprobar si siente o no remordimiento.El remordimiento pertenece a un proceso interno. Puede aparecer durante el proceso restaurativo, después o incluso no llegar a aparecer. Lo verdaderamente importante es que la persona comprenda que sus actos tuvieron consecuencias sobre otro ser humano y que, por ello, tiene una responsabilidad respecto del daño causado.Los procesos restaurativos pueden favorecer este cambio. Permiten que quien cometió el delito deje de pensar que aquello «simplemente pasó» y empiece a comprender que él o ella hizo que pasara.Y aquí puede aparecer la redención, entendida no necesariamente desde una perspectiva religiosa, sino como la posibilidad de hacer lo correcto después de haber hecho daño.
La persona infractora no puede cambiar el pasado, pero sí puede decidir qué hacer a partir de ese momento: asumir su responsabilidad, reparar cuando sea posible, mitigar las consecuencias de sus actos y comprometerse a no volver a dañar.Quizá esa sea la verdadera importancia del remordimiento: no tanto sentir una determinada emoción, sino que la conciencia del daño se transforme en responsabilidad y acción.
¿ES IMPORTANTE EL REMORDIMIENTO PARA LA VÍCTIMA?
Y aquí aparece otra cuestión:¿Necesita la víctima comprobar que el infractor siente un remordimiento sincero?La respuesta dependerá de cada víctima y de sus necesidades.
En ocasiones, la víctima puede querer simplemente ver y poner rostro a quien la dañó, preguntarle por qué ocurrió o expresar aquello que nunca pudo decir. Quizá no necesite una petición de perdón ni espere encontrar arrepentimiento.En otros casos, puede ser fundamental comprobar que el infractor comprende realmente el daño que ha causado.Por eso, facilitar un encuentro sin conocer previamente la actitud de quien cometió el delito podría resultar perjudicial. De ahí la importancia de las reuniones preparatorias, que no deberían ser un mero trámite, sino un espacio para trabajar individualmente con cada persona, conocer sus necesidades y expectativas y ayudarles a comprender qué pueden obtener del proceso y qué no pueden esperar de él.
Además, las emociones pueden cambiar durante el propio proceso.Muchas víctimas afirman inicialmente que nunca perdonarán a su victimario y, sin embargo, durante el proceso pueden llegar voluntariamente al perdón al descubrir que este les ayuda a liberarse de parte de la carga de sentirse víctimas.Y también puede suceder al contrario: infractores que inicialmente aseguran que no pedirán perdón pueden experimentar, al escuchar directamente a quien dañaron, un profundo remordimiento que les lleve espontáneamente a disculparse.Por eso, ni el perdón ni el remordimiento pueden imponerse.
No podemos exigir a una víctima que perdone ni a un infractor que manifieste un arrepentimiento que todavía no siente. Lo que sí podemos hacer es crear las condiciones para que, si aparecen, sean auténticos.
¿Y SI NO EXISTE REMORDIMIENTO?
Existe una última cuestión especialmente delicada:¿Qué ocurre si el infractor no muestra remordimiento, pero la víctima considera que necesita un encuentro restaurativo?
La respuesta no puede ser automática.La Justicia Restaurativa debe situar a la víctima y sus necesidades en un lugar central, pero también es imprescindible valorar la seguridad, la voluntariedad, la preparación y las circunstancias concretas del caso. Si, después de una adecuada preparación, la víctima considera que el encuentro puede ayudarla y conoce que el infractor no muestra arrepentimiento, podría plantearse el proceso siempre que se considere adecuado y seguro.Aquí el papel del facilitador es esencial. La víctima debe saber qué puede encontrar y qué probablemente no encontrará, mientras que el infractor debe comprender que participar en un proceso restaurativo implica adoptar una actitud responsable frente al daño causado.Quizá el encuentro no consiga que aparezca el remordimiento. Pero puede permitir que la víctima recupere su voz y parte del control que el delito le arrebató, y que el infractor comience a mirar de frente las consecuencias de sus actos.
CONCLUSIONES
Hablar de remordimiento en Justicia Restaurativa puede resultar incómodo porque lo asociamos fácilmente con conceptos religiosos como el arrepentimiento, el perdón o la redención.Pero podemos entenderlo también desde una perspectiva ética y profundamente humana.No creo que el remordimiento deba convertirse en un requisito para participar en un proceso restaurativo. Lo que sí considero fundamental es la responsabilización.
Una persona puede reconocer los hechos y asumir que ha causado un daño sin sentir todavía un profundo arrepentimiento. Y quizá el propio proceso restaurativo le permita comprender progresivamente las consecuencias de aquello que hizo.Para la víctima, además, el remordimiento del infractor puede ser importante o no serlo. Cada víctima tiene sus propias necesidades y expectativas. Por eso no podemos diseñar procesos restaurativos pensando que todas necesitan lo mismo.La Justicia Restaurativa no debe imponer emociones ni fabricar sentimientos.No se trata de conseguir que el infractor pida perdón ni que la víctima perdone. Se trata de crear las condiciones para que las personas puedan enfrentarse a lo ocurrido de una manera responsable y segura.Y quizá ahí esté el verdadero valor del remordimiento: no tanto en sentir culpa o arrepentimiento, sino en lo que puede venir después:reconocer que se ha causado un daño, asumir la responsabilidad y decidir hacer lo correcto.Porque el pasado no puede cambiarse.Pero siempre podemos decidir qué hacemos con aquello que hemos hecho.

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