lunes, 10 de junio de 2019

¿Cómo ayudar a las víctimas a través de la justicia restaurativa?

NO HAY QUE PREJUZGAR
Los que nos dedicamos a la Justicia Restaurativa a veces tenemos tendencia prejuzgar sin querer, por ejemplo, cuando recibimos un caso, muchas ocasiones casi sin querer tenemos tendencia a pensar; si va a ser algo fácil o si va a ser complicado, y la realidad es que aunque sea un delito similar a otro cada asunto es un mundo y es diferente, igual que cada persona es distinta de otra. Otro ejemplo, de lo que hablo , es si una víctima tiene deseos de venganza o por ejemplo, rehusa participar en un proceso de justicia restaurativa.Sin embargo, no hay víctimas "buenas" y "malas". Dicho esto, lo lógico y lo normal tras sufrir un delito es tener estos sentimientos negativos, que más bien son sentimientos lógicos y normales en los seres humanos.  Todas merecen nuestro reconocimiento y nuestra atención. Por eso, está claro que estos sentimientos negativos son algo normal, sin embargo, para muchas víctimas solo el poder despojarse de ellos, va a suponer un paso hacia la recuperación o curación de sus heridas. Me explico partiendo de estos sentimientos, su "liberación " como víctima puede venir por la transformación de estos, en otros positivos  y constructivos, pero siempre dando por hecho que la idea de ira, venganza, humillación es algo lógico y normal y que por otro lado, no hace de las víctimas, monstruos, sino todo lo contrario, las hace más humanas. 

EL CAMINO HACIA LA CURACIÓN
Y esto es así, y precisamente la labor de los facilitadores de la justicia restaurativa, en unión de otros profesionales de otras áreas, es ayudar de la manera más adecuada para cada una de ellas, a superar o al menos sobrellevar el hecho de haber sido víctima. Solemos pensar que aquellas que tienen sentimientos o deseos de venganza, deben cambiar porque es algo malo, realmente cada persona es libre de sentir o afrontar el trauma que es sufrir un delito de la forma que mejor puedan. Las víctimas no son seres incapaces ni necesitados de tutela, por eso no debemos creer que siempre y en todo caso, tenemos la obligación de decidir por ellas, lo que creemos que las conviene. Cada víctima necesita encontrar su propio camino restaurador o sanador. 

Lo bueno que tiene la Justicia Restaurativa es que favorece o ayuda en este camino de transformación de sentimientos negativos, en otros más positivos o al menos menos dolorosos y más productivos. Una vez, escuché a una madre cuya hija fue asesinada, decir que vivió siete años en la oscuridad más profunda y que cuando vio el camino hacia pensamientos más reinsertadores,  es cuando recuperó el control de su vida, es cuando se dio cuenta que durante esos siete años, su vida había estado controlada por el delito e indirectamente por el delincuente. Dicho esto, no todas las víctimas necesitaran encuentros restaurativos, ni para todas será igual de fácil o difícil, pero lo que si es cierto es que cada víctima debe encontrar su camino hacia la restauración emocional, para unas será honrar la memoria de su ser querido fallecido, para otras luchar porque nadie vuelva a sufrir lo mismo, para otros será  el perdón...etc. 

CONCLUSIÓN
Como cada persona es diferente, cada víctima también, y nuestra obligación es ofrecerlas todos los recursos restaurativos y de ayuda existentes, para que puedan encontrar cual será el que deshaga la espiral de oscuridad. Solo así podrán despojarse de su "rol" de víctima para pasar a llevar otro más digno: "superviviente".

3 comentarios:

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  2. “…la idea de ira, venganza, humillación es algo lógico y normal y que por otro lado, no hace de las víctimas, monstruos, sino todo lo contrario, las hace más humanas”.
    También la idea de codicia puede ser algo lógico y normal en personas que han sufrido pobreza o privaciones, pero robar o asesinar para lograr revertir su situación no las hace más humanas.
    Se justifica plenamente el deseo de reivindicación, pero no el de venganza.
    El problema radica en que como no se reivindica realmente a las víctimas, ellas confunden reivindicación con el deseo de que los ofensores sufran tanto o más que ellas. Y eso sí es monstruoso, por más que sea comprensible.
    Decía, con razón, Mahatma Gandhi, que, si se aplicara con todo rigor la ley del Talión, quedaríamos prontamente todos ciegos.
    Pero el verdadero monstruo no son las víctimas sino el Estado inoperante que no las reivindica, al menos mediante indemnizaciones y, mejor aún, legislando - en vez de penas meramente aflictivas como el encierro - penas «oblativas» – penosas para los ofensores y útiles para las víctimas y para la comunidad - que incentiven la responsabilidad de los ofensores y su deseo de reparar el daño causado, aun cuando sólo pueda hacerse simbólicamente en los casos de daño irreversible.
    Desarrollar, perfeccionar y establecer severas penas serias, bien controladas y eventualmente severas de trabajo reparativo o comunitario, consensuado y útil, sería una forma de lograr un cambio paradigmático en la respuesta al delito, que hoy está reducida, al menos en casos de mediana y alta gravedad, al uso de la fracasada función de la cárcel, que no repara, no reinserta, no disminuye el delito y sólo genera sentimientos negativos en víctimas y ofensores por igual.

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    1. Por supuesto, acertado comentario, el estado debería hacer uso de todos los mecanismos a su alcance para favorecer la reinserción de la víctima y sus necesidades... y esto como dices, no pasa por el castigo. Gracias

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