domingo, 22 de noviembre de 2020

Justicia no es sinónimo de castigo


 INTRODUCCIÓN

El propósito de la reflexión de hoy, es hablar de toda clase de víctimas, de todos los seres humanos que han sufrido un daño que según el estado es un delito y por eso, está sancionado por la ley.Cuando  oigo que las “víctimas quieren que se haga justicia”, no puedo dejar de preguntarme varias cosas: ¿por qué parece que castigo, se equipara a hacer justicia?, ambos términos se utilizan de forma intercambiable, muy a menudo, de ahí que cuando se “clama por más justicia”, muchas personas, yo diría la mayoría lo que hace es reclamar más castigo y penas más duras. Es más parece que “justicia” se utiliza eufemísticamente, para referirnos a castigo. Si esto es así: ¿Qué pasa con aquellas personas que han sufrido un delito, pero el infractor, no ha sido capturado o no está identificado?¿Debemos pensar que puesto que no se puede castigar a nadie, no se puede hacer justicia? Esto no debería ser así, ya que no solo sería injusto valga la redundancia, sino que estaríamos abandonando a su suerte a personas que necesitan nuestra ayuda. 

Si nos centramos exclusivamente en que la justicia está para castigar al infractor, como ocurre generalmente con el sistema tradicional de justicia penal, estamos cubriendo solamente las expectativas de algunas víctimas y de alguna clase de delitos. 

HACER JUSTICIA

Pero para otras víctimas, bien porque el infractor,  no ha sido capturado, bien porque es desconocido o simplemente porque para superar el delito tienen otras necesidades, hacer justicia significa algo más. Con esto no estoy queriendo decir que hay víctimas “malas” (porque su deseo es la venganza del estado a través del castigo) y víctimas “buenas” (porque necesitan otro tipo de justicia como poder contar su historia), simplemente cada persona es diferente y cada uno de nosotros, afrontamos los problemas de forma distinta. Lo que sí es nuestra obligación es intentar que todas las víctimas, sientan que se ha hecho justicia de la manera que reclaman y esperan, es decir deberíamos poder ofrecerlas, una respuesta al delito de forma personalizada.

JUSTICIA RESTAURATIVA MÁS QUE ENCUENTROS VÍCTIMA-OFENSOR

Aquí es donde la Justicia Restaurativa juega un papel importante, porque lejos de lo que algunos creen al relacionarla exclusivamente con encuentros entre victima e infractor, esta justicia es mucho más. Va más allá, y es un instrumento muy significativo para ayudar a las personas que sufren un delito a superar este trauma y a despojarse del rol de víctima. Porque para que una víctima pueda iniciar su camino hacia la recuperación, necesita dejar de sentirse víctima, y esto se consigue de una manera más adecuada, si la damos la posibilidad de hablar y expresarse y además propiciamos que obtenga una reparación o compensación por el daño que ha sufrido. Para todo esto, es imprescindible atender las necesidades de todas las víctimas, con independencia de que si el infractor es capturado, sea sometido a un juicio.

Desde que las victimas sufren un daño, sea moral o material, se generan en ellas sentimientos de miedo, ira, ansiedad y aislamiento y para mitigar estos sentimientos las víctimas deben transformarlos en otros más constructivos, como seguridad, justicia, control y respeto. De ahí, que la justicia restaurativa atienda mejor estas necesidades y lejos de reclamar exclusivamente el castigo, lo que proclama de forma prioritaria, es que las víctimas sean respetadas y consideradas durante todo el proceso y por eso haya que darlas “voz”.

Nuestra obsesión por buscar penas más duras como si fuera la única solución posible, nos hace olvidarnos de otras víctimas, y un olvido así supone algo muy grave. Por ejemplo, la ley de protección integral contra la violencia de género se hizo en teoría para frenar esta clase de delitos, sin embargo tras años de su vigencia, penas más duras, casi discriminatorias para el sexo masculino, no ha disminuido las muertes, lo que sí ha ocurrido es que por centrarnos , casi obsesivamente en este endurecimiento de las penas, en la llamada tolerancia cero, nos hemos olvidado de las víctimas más vulnerables: los niños, los menores que viven en ese entorno hostil y de maltrato.

Digo yo ¿no será la obsesión por el castigo lo que nos hace olvidar la esencia de lo que es justicia: atender a las víctimas y ayuda al infractor a entender el impacto del delito?

Creo verdaderamente que sí, que nos está ocurriendo y realmente no puedo entender este afán de asociar justicia con castigo. Ante la imposibilidad de encontrar una respuesta clara, he llegado a la conclusión que esta equiparación de términos se hace por el ciudadano ante un sentimiento de desesperación, impotencia, consternación e insatisfacción generalizada pues cuando acuden al juzgado, lo único que se les ofrece es el sistema actual centrado en el castigo, en la figura del infractor. Quizá si pusiéramos ante sus ojos un abanico de posibilidades, personalizado y adecuado a cada una de ellas, muchas dejarían de clamar por más castigo y se centrarían en lo que más las puede interesar, más reparación y respeto hacia su persona.

Otra pregunta sin respuesta para mí, es ¿por qué los estados insisten en gastar millones en más cárceles y más represión? ¿No sería más viable y menos costoso, invertir en servicios de Justicia Restaurativa y en propiciar más atención a las víctimas y más reinserción en personas ofensoras? Por supuesto que esto sería más barato y más eficaz y generaría un sentimiento de más satisfacción en la comunidad. El problema puede ser que el estado igual tampoco está preparado para esta justicia ya que a la hora de ofrecer estos servicios de Justicia Restaurativa, no se puede hacer distinciones entre unas víctimas y otras, como si unas fueran más dignas de respeto que otras, ya que con independencia del delito que ha sufrido (ya sea terrorismo, robo, violación o cualquier otra de menor importancia) todas merecen que sus necesidades sean atendidas. Y todos las personas ofensoras necesitan tener una oportunidad de cambiar.

Sería interesante que el sistema penal y penitenciario evolucionara y se adecuara a los nuevos tiempos, igual que se lleva siglos haciendo en otros ámbitos y aspectos de nuestra vida cotidiana. Este estancamiento no es bueno porque no genera sino más víctimas, las víctimas que sufren delitos y las personas ofensoras que son víctimas del sistema que los aisla sin darlos la oportunidad de reflexionar, entender el impacto de sus acciones y querer mitigar las consecuencias  y lo que la sociedad, necesita es ciudadanos satisfechos y recuperados y sobre todo más infractores rehabilitados, lo que hace comunidades más seguras

1 comentario:

  1. Si se acepta la definición de «castigo» que da el jurista Antonio Beristain, que es una pena que consiste meramente o, al menos, primordialmente, en causar aflicción, dolor o daño a quien la recibe, la justicia restaurativa no debería aceptar el castigo.
    Pero eso no quiere decir que deba aceptar la impunidad.
    Una pena cuyo propósito primordial fuera la repersonalización de los ofensores y, al mismo tiempo, la reparación concreta o simbólica de las víctimas, puede producir el mismo efecto justo y preventivo que el castigo, pero, al tener un sentido diferente, es mucho mejor porque puede inducir a resolver el círculo vicioso que se produce cuando el castigo realimenta la delincuencia, especialmente cuando consiste en el sometimiento en prisión.
    Esta pena repersonalizadora y reparativa, que podría consistir en imponer, en libertad estrictamente vigilada, trabajos o servicios no remunerados a los ofensores y con producto destinado a indemnizar a las víctimas, sí sería mucho afín con el pensamiento restaurativo.
    Y podría ser una pena suficientemente severa en intensidad y/o duración para evitar que fuera demasiado leve y por ello dejara de ser ni justa ni disuasiva.

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