jueves, 26 de noviembre de 2020

Verguenza y justicia restaurativa

 


LA IMPORTANCIA DE LA VERGUENZA

El tema de la vergüenza se ha convertido en algo controvertido en la justicia restaurativa. La  conciencia de la vergüenza y su dinámica es fundamental porque es evidente  que la vergüenza, juega un papel importante en la psicología humana y las interacciones.  Lo que desencadena la vergüenza, la forma en que se expresa y cómo se amplifica o se quita "peso"  varía culturalmente. Así que la vergüenza se da en todas las sociedades . Sin embargo, en las sociedades occidentales frecuentemente ignoramos la verguenza. Como resultado tenemos un lenguaje muy limitado para hablar de ello. Así que la vergüenza pasa a la clandestinidad, sin dejar de operar, pero a menudo de manera negativa. La vergüenza puede ser positiva, cuando nos motiva a hacer lo correcto - cuando modificamos nuestro comportamiento, para dejar atrás la vergüenza. Pero la vergüenza es esencialmente una amenaza para nuestra autoestima y además nos debilita. De hecho,  la vergüenza juega un papel importante en la mayor parte de los infractores, así como en la forma en los que ofenden experimentan  la justicia. También  desempeña muy a menudo, un papel significativo en el trauma de las víctimas y las formas negativas que a menudo experimentan la justicia.

LA BRÚJULA DE LA VERGUENZA

Donald Nathanson ha identificado una "brújula" de la vergüenza. Cuando nos enfrentamos a la vergüenza, podemos responder de cuatro maneras: mediante la modificación de nuestro comportamiento para evitarla; apartartándonos de ella; convertirla en enfado hacia los demás, a menudo culpándolos; o enfocando nuestra ira contra nosotros mismos. El primer punto de la brújula - evitación - puede ser positivo si nos lleva a hacer lo correcto, pero hay muchas posibilidades negativas. Por ejemplo, podemos transferir la vergüenza, la búsqueda de chivos expiatorios y culpar a otros

Una respuesta negativa especialmente relevante aquí es la formación de lo que los criminólogos han llamado subculturas de  delincuentes. Cuando nos enfrentamos a la vergüenza, es posible unirse a otros que han sido avergonzados, y luego revertir los valores, en un hipotético grupo nuestros valores serán, los que la sociedad califica de malos, pero nosotros los veremos como positivos. Esta es la raíz del "código de la calle" tan común en las "bandas" El código es, como el sociólogo Elías Anderson ha escrito, una manera de negociar el respeto en un mundo de valores al revés. En este contexto, por ejemplo, uno puede ganar el respeto por ir a prisión o actuar con violencia. Esta es también una de las raíces de lo que a veces llamamos terrorismo contra los valores occidentales.

LA VERGUENZA REINTEGRATIVA DE BRAITHWAITE

 John Braithwaite trajo el tema de la vergüenza a la Justicia Restaurativa con su importante libro, "Crimen, la vergüenza y la Reintegración". Sostuvo que hay dos tipos de vergüenza: estigmatizante y re-integradora. Vergüenza estigmatizante es característica de nuestro enfoque de justicia penal: el uso de "ceremonias de degradación" y estigmatización de la policía y tribunales.  Y las escuelas también  tienden a etiquetar "delincuentes" al no separar la persona del acto negativo. Las etiquetas son casi imposibles de eliminar, ya que no hay procesos  o ceremonias para poner fin a la vergüenza. Si bien es cierto, como James Gilligan y otros argumentan, que la vergüenza es un importante motivador de la violencia, esto ayuda a explicar por qué nuestro sistema tan a menudo resulta contraproducente.

La vergüenza puede ser una experiencia positiva, Braithwaite sostiene, si se cumplen ciertas condiciones: si denunciamos la injusticia, pero no la hacemos mala,  la vergüenza no se convierte en una característica definitoria; siempre que se produzca entre las personas que son importantes para el que ha hecho mal; y si hay rituales para poner fin a la vergüenza.El argumento de Braithwaite es de gran alcance, que ayuda a explicar por qué los efectos del castigo son tan a menudo contraproducentes.

Para Howard Zehr, con el apoyo de investigadores como Harris, Maruna y Maxwell, el argumento,   es el siguiente, la vergüenza de hecho sucede en la vida de los dos, infractores y víctimas  (y en todas nuestras vidas). Y los procesos de restauración a menudo dan lugar a la vergüenza, por ejemplo, como uno empieza a darse cuenta del daño que ha causado. Pero la vergüenza es demasiado peligrosa es  una emoción que se puede manipular. Más bien, nuestro énfasis debe estar en ser consciente de la dinámica de la vergüenza en estos procesos y en la búsqueda de maneras de manejar la vergüenza  o en formas que la vergüenza se podrían suprimir o incluso, a través de su reafirmación y así dejarla que  actúe junto con la  disculpa y la reparación, transformándola en un sentido de orgullo o logro. Una de las razones de los procesos restaurativos es que cuando se realizan bien, proporcionan una forma saludable de manejar la vergüenza. Y mientras que la vergüenza es un factor, sugieren que incluso más significativos son otras dinámicas, tales como el reconocimiento, la empatía y la disculpa.

CONCLUSIÓN

Y el resultado final, como dice Zehr es el respeto. Lo que hace  la diferencia, en los procesos restaurativos es el respeto que se genera durante el proceso en si mismo y por lo demás participes, incluido el respeto que el infractor llega a sentir por si mismo, al hacer lo correcto y por la víctima, al querer reparar el daño que la ha ocasionado.

1 comentario:

  1. El criminólogo australiano John Braithwaite, autor de la denominada confrontación estigmativa («reintegrative shaming») afirma que las sociedades tienen tasas delictivas menores si comunican en forma efectiva la vergüenza que debe estar relacionada con el delito, ya que tendrán mucha violencia si el comportamiento violento no es visto como algo repudiable, altos índices de violación si ésta es algo de lo que los hombres puedan jactarse o crímenes de cuello blanco endémicos si los hombres de negocios creen que quebrar la ley es más inteligente que detestable.
    Pero añade que también existen formas de comunicar lo vergonzoso del delito que incrementan las acciones delictivas, formas que pueden denominarse «estigmatización».
    El primer párrafo se asemeja al contenido de un artículo corto, titulado “Reivindicación de la vergüenza”, escrito en 1995 por Rodolfo Barra, en ese entonces Ministro de Justicia y Derechos Humanos de la República Argentina, donde sostiene que los ciudadanos están hartos de la falta de sentido del bien y del mal y que se trata de un sentimiento colectivo que comienza a percibir los efectos negativos de las actitudes socialmente disvaliosas. Este hartazgo se expresa por el deseo de que quien obró mal debería comenzar por sentir vergüenza.
    Sin duda esto es correcto, porque la vergüenza es una exteriorización del reproche de la conciencia por la mala obra, y del reconocimiento de que la mala acción nos humilla ante los demás.
    Pero, mientras Barra no hace mayor distinción entre la forma positiva y negativa de comunicar este carácter vergonzoso, Braithwaite especifica que el “reintegrative shaming” comunica al infractor que desista en una forma que lo alienta, mientras que la estigmatización avergüenza en una forma que empeora las cosas.
    El reintegrative shaming significa transmitir desaprobación dentro de un continuo de respeto por el ofensor - el ofensor es tratado como una buena persona que ha hecho algo malo, mientras que la estigmatización es despectiva - el ofensor es tratado como una mala persona.
    Por otra parte, Barra pone el énfasis en la pena, diciendo que debe ser ejemplar, ya que demuestra la culpabilidad por el delito y en la retribución en forma de «pago» con el encarcelamiento, la ausencia de libertad física es una pérdida, un precio a pagar por el mal hecho. Es decir, que el proceso de avergonzar al delincuente coexiste con la pena. Pero esto, en términos de Braithwaite, llevará a sentir una vergüenza estigmativa.
    La confrontación, de acuerdo con la teoría de Braithwaite, reduce el crimen cuando es respetuosa, cuando está focalizada en el acto más que en la persona y cuando se manifiesta en ceremonias que terminan con la desaprobación y entronizan el pedido y otorgamiento de perdón.
    Esta teoría de Braithwaite, que forma parte de la Justicia Restaurativa, puede dar respuestas al delito en donde víctimas y ofensores intentan llegar a soluciones que eviten tanto el proceder vengativo de las primeras - algo socialmente impuesto por consideraciones de una «justicia» tal vez muy mal entendida - como el deterioro o empeoramiento personal de los segundos.

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