TODOS ESTAMOS CONECTADOS
El ser humano no puede entenderse a sí mismo si no es en relación con los demás. Vivimos en comunidad, crecemos rodeados de familia, amistades y vínculos que nos sostienen. Nadie vive aislado. De una forma u otra, todos estamos conectados, directa o indirectamente.
Por eso, cuando se comete un delito, el daño no alcanza solo a la víctima directa. El impacto se extiende a la familia, al entorno y a la sociedad en su conjunto. Algo se rompe en el tejido social. Perdemos confianza, nos sentimos menos seguros y empezamos a mirarnos con recelo. Desde esta mirada, abordar el delito únicamente desde el castigo resulta insuficiente.
Aquí es donde la Justicia Restaurativa se presenta como una gran apuesta. No como algo novedoso o alternativo, sino como algo profundamente ligado a nuestra propia esencia humana. En Sudáfrica lo expresan con una sola palabra: Ubuntu. Una palabra sencilla, pero cargada de significado. Ubuntu nos recuerda que estamos hechos para vivir en relación, que necesitamos empatía, humanidad y lealtad mutua.
EL DELITO ROMPE LA ARMONIA SOCIAL
El delito genera un profundo daño en las víctimas, pero también quiebra la cohesión social. Nos hace sentir vulnerables, desconfiar de los demás y, en muchos casos, estigmatizar no solo a quien cometió el delito, sino también a su entorno. Todo esto debilita la armonía de la comunidad.
Además, hay una realidad que pocas veces se tiene en cuenta: todas las personas importan para la sociedad. Cuando alguien es privado de libertad y aislado durante largos periodos, deja de aportar, de participar, de construir. Esa ausencia también nos afecta como colectivo. Una sociedad con personas desconectadas es una sociedad más frágil.
Por eso, la privación de libertad debería ser siempre el último recurso, aplicada durante el menor tiempo posible y guiada por valores restaurativos que favorezcan la reinserción. No se trata de minimizar el daño causado, sino de entender que nos interesa que todas las personas estén integradas y reconectadas, por el bien común.
EL DELITO AFECTA A LAS PERSONAS NO SOLO A LAS NORMAS
La justicia penal tradicional sabe cómo castigar, pero a menudo no sabe cómo atender las consecuencias humanas del delito. No responde al vacío, al miedo ni al desorden vital que deja en quienes lo sufren. Tampoco repara el daño que se produce en la comunidad.
La Justicia Restaurativa, en cambio, pone a las personas en el centro. Acompaña a las víctimas en el difícil camino de resignificar lo ocurrido y avanzar hacia la superación. Porque cuando alguien sufre un delito, su vida puede convertirse en un caos: pierde seguridad, control y capacidad de decisión. Muchas veces se aísla, se desconecta de su entorno y de la comunidad. Y cuando eso ocurre, todos perdemos.
La justicia restaurativa ayuda a las víctimas a recuperar el control sobre su vida, a reorganizar su día a día y a volver a sentirse parte de la comunidad. Les devuelve voz, dignidad y presencia.
Pero también ofrece algo esencial a las personas que han cometido un delito: la posibilidad de comprender el impacto real de sus actos. Les transmite un mensaje claro y profundamente humano: creemos en ti como persona y en tu capacidad de reparar, compensar o mitigar el daño. No exige perfección, sino responsabilidad. No niega el daño, pero abre la puerta al cambio.
LOS VALORES QUE SOSTIENEN LA JUSTICIA RESTAURATIVA
Siguiendo a Howard Zehr, la Justicia Restaurativa se apoya en tres valores fundamentales:
Responsabilidad: como miembros de una comunidad, nuestros actos tienen consecuencias. Asumir el daño causado y tratar de repararlo es una forma de recomponer los lazos sociales que se rompieron.
Respeto: la base de cualquier convivencia sana. Relacionarnos desde la empatía y el reconocimiento del otro como ser humano.
Relación: estamos destinados a convivir, a conectar, a vivir juntos. Negarlo es ir contra nuestra propia naturaleza.
Para algunas personas, todo esto puede sonar demasiado filosófico. Sin embargo, no se trata de una utopía ingenua, sino de una utopía realista. Una forma posible y necesaria de construir comunidades más seguras, más humanas y más cohesionadas.

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