Hoy quería hablar de algunos de los objetivos de la Justicia Restaurativa. Para mí, el principal es ayudar a «sanar» a quienes, de una u otra manera, se han visto afectados por el delito: víctimas, infractores y comunidad.
Pero, además de este objetivo general, existen otros objetivos y beneficios de la Justicia Restaurativa. Uno de ellos, señalado por Dan Van Ness, es:
1. Invitar a la completa participación y al consenso
Una de las grandes aportaciones de la Justicia Restaurativa es su capacidad para abordar el daño y favorecer procesos de recuperación en las personas afectadas por el delito.Cuando hablamos de víctimas, solemos pensar inmediatamente en quienes han sufrido directamente la conducta delictiva. Y, lógicamente, son las víctimas principales, aquellas que normalmente han soportado el mayor daño. Sin embargo, no siempre son las únicas personas afectadas.
Un delito puede tener consecuencias que se extienden mucho más allá de la relación entre víctima e infractor. Pueden verse afectados familiares, amigos, allegados e incluso miembros de la comunidad.La Justicia tradicional tiende a centrarse fundamentalmente en los directamente afectados y en determinar la responsabilidad del infractor, así como en la reparación de los daños que jurídicamente puedan reconocerse.
LA JUSTICIA RESTAURATIVA AMPLIA ESTA MIRADA
Pone su atención en las personas afectadas por el delito y en sus necesidades, intentando comprender cómo les ha impactado lo ocurrido y qué podría ayudarles a afrontar sus consecuencias.Esto nos lleva a una pregunta que no siempre es sencilla:¿Quién es víctima?
Si acudimos al significado general de la palabra, víctima es aquella persona que sufre las consecuencias negativas de sus propios actos, de los actos de otros o de acontecimientos fortuitos.Desde esta perspectiva, podemos ampliar nuestra mirada y comprender que existen personas que, sin ser las víctimas directas del delito, también sufren sus consecuencias.
AFECTADOS POR EL DELITO Y JUSTICIA RESTAURATIVA
Pensemos, por ejemplo, en los familiares de una persona que ha cometido un delito grave. ¿Acaso ellos no sufren también las consecuencias de lo ocurrido?
Evidentemente, no podemos equiparar su situación con la de la víctima directa. El daño y las circunstancias son diferentes. Pero eso no significa que no puedan verse profundamente afectados.Pueden experimentar dolor al descubrir que alguien cercano ha cometido un crimen, dificultades para comprender cómo ha podido suceder, rechazo social o incluso el estigma de ser «la familia de un delincuente».En determinados casos pueden aparecer también sentimientos de culpa y vergüenza: ¿cómo no me di cuenta?, ¿podría haberlo evitado?, ¿qué hice mal?
Son preguntas que pueden acompañarles durante mucho tiempo.Estas personas también necesitan, en ocasiones, comprender lo ocurrido, afrontar el impacto del delito y superar los sentimientos de vergüenza y culpa que pueden aparecer.Y aquí es donde la Justicia Restaurativa ofrece una mirada diferente.No se trata de decir que todas estas personas son víctimas en el mismo sentido, ni de equiparar sus experiencias. Se trata de reconocer que el delito genera una red de afectados mucho más amplia de lo que habitualmente contemplamos.Invitar a la participación significa precisamente abrir espacios para que quienes han sido afectados puedan expresar qué ha supuesto para ellos lo ocurrido, cuáles son sus necesidades y qué consideran que podría ayudarles a avanzar.Y el consenso no significa necesariamente que todos piensen igual o que el delito deje de tener consecuencias jurídicas.Significa buscar, mediante la participación de quienes se han visto afectados, una respuesta que tenga en cuenta sus voces y necesidades.
Quizá esta sea una de las grandes diferencias de la Justicia Restaurativa: no pregunta únicamente qué norma se ha vulnerado, sino también qué personas han sido afectadas y qué necesitan después de lo ocurrido.Porque cuando hablamos de reparar el daño, no siempre estamos hablando de dinero.A veces reparar significa escuchar.Otras veces significa poder preguntar.En ocasiones, significa ser reconocido, recuperar la dignidad o dejar atrás sentimientos de culpa y vergüenza.Y otras veces puede significar simplemente que alguien, por primera vez, se detenga a preguntar:¿Qué necesitas para poder empezar a sanar?
CONCLUSIONES
La Justicia Restaurativa nos invita a ampliar nuestra mirada sobre el delito. No se trata únicamente de determinar quién cometió un hecho ilícito y qué consecuencia debe recibir, sino de comprender a quiénes ha afectado y qué necesitan para poder avanzar.Las víctimas directas deben ocupar, por supuesto, un lugar central, pero no podemos olvidar que las consecuencias de un delito pueden extenderse a familiares, allegados y a la propia comunidad. Cada una de estas personas puede experimentar el daño de una manera diferente y, por ello, también puede necesitar respuestas diferentes.
Invitar a la participación significa dar voz a quienes han sido afectados y permitir que puedan expresar sus necesidades. Y esto supone entender la reparación de una manera mucho más amplia: reparar no siempre significa compensar económicamente; también puede significar escuchar, reconocer, comprender, recuperar la dignidad o aliviar el sentimiento de culpa y vergüenza. Hacer Justicia no debería consistir únicamente en responder a la pregunta de «¿qué norma se ha vulnerado?», sino también en atrevernos a preguntar:«¿A quiénes ha afectado lo ocurrido y qué podemos hacer para ayudarles a sanar?»

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