jueves, 15 de agosto de 2019

Penas más duras no es una solución

INTRODUCCIÓN
Cada vez que un delito serio ocurre, especialmente si es cometido por jóvenes, la prensa automáticamente utiliza la desgracia del suceso como mecanismo para obtener publicidad, los familiares ( víctimas de tal atroz suceso) claman por penas más duras y como si esto fuera lógico acaban el silogismo, haciendo ver que no existe justicia sino se imponen castigos ejemplarizantes... Probablemente esto es porque nos gusta el "morbo" y esta clase de programas que desgranan hasta el ultimo de los siniestros detalles del crimen y de la personalidad del delincuente, venden y generan audiencia. Sin embargo, poco o nada se dice de las víctimas, a no ser que sea algo como que han hundido su vida, no van a poder recuperarse y si lo hacen tardarán años. Supongo que no se pararan a pensar el efecto dañino que estos comentarios puede hacer a una víctima, que por casualidad, pueda  estar viendo el programa. ¿Por qué? Porque el desequilibrio que por si produce sufrir un delito, se ve agravado con introducir en la víctima pensamientos en los que  ve que el infractor,  ha ganado, porque sigue dominando su vida y lo hará durante mucho tiempo. 

PENSAR EN LAS PERSONAS QUE HAY TRAS EL DELITO
Si se piensa esto, estamos transmitiendo a la víctima que no se va a poder "curar" y que no va poder reinsertarse de nuevo en la sociedad y reconectar con su entorno, parece que las condenamos a vivir aisladas y no poder volver a confiar en el ser humano. Es necesario por esto normas con enfoque restaurativo que ayuden a las víctimas no solo desde los servicios de ayuda a las víctimas sino también desde los servicios restaurativos, para que la balanza se equilibre en su favor y pueda quitarse el estigma de ser víctima. La Justicia Restaurativa humaniza la justicia, pero también debería humanizar a los medios de comunicación y en general a la sociedad, para darnos cuenta que la víctima necesita dejar de serlo, y dejar de ser mirada como víctima para ello, debemos ofrecerla todos los recursos posibles y toda la información necesaria para que pueda ella misma (porque mejor que ella nadie sabe lo que necesita) valorar qué necesita, que quiere y en qué la puede servir la justicia restaurativa o algunas de sus herramientas como la mediación penal.

Otro problema es lo que nos venden más penas, más castigo, más justicia y más curación para las víctimas, esto puede ser así para los que no hemos sido víctimas, por supuesto  que nos sentimos más seguros si pensamos que el infractor va a estar largos años en la cárcel sin embargo esto es algo transitorio porque llegará el momento en que salga y nuestras generaciones futuras volverán a sentir temor ante este infractor que muy probablemente si es por un delito grave no se habrá reinsertado. En este caso, es necesario también normas penitenciarias enfocadas a la búsqueda de la humanidad del infractor, de su empatía y sus valores restaurativos que probablemente perdió, olvidó o nunca los aprendió. Y para los que se puedan encontrar con estos valores será necesario buscar alternativas a la prisión que puedan incidir en por qué no empatizan y como evitar que sean un peligro para ellos mismos, su allegados, la víctima y el resto de la sociedad. Creo más que nada esencial los programas de justicia restaurativa para ofensores, pero no centrados unicamente en una reunión con la víctima para reparar el daño sino centrados en mostrarlos que son personas y que pueden tener una oportunidad de cambiar su vida, enfocándose en lo bueno que hagan en el futuro.

PENAS MÁS DURAS NUNCA ES LA SOLUCIÓN
Es normal y lógico que en el primer estadio del trauma de sufrir un delito, especialmente si es grave las víctimas y allegados reclamen un castigo ejemplar, no obstante, acabado el juicio, nunca un castigo puede suponer un alivio para las víctimas porque el delito sufrido por un inocente no puede ponerse en la balanza con el castigo de alguien que causó un daño de una forma grave y sin pararse a pensar que lo hacia a otro ser humano. El castigo por si solo no es constructivo sino que es más dañino porque lejos de intentar buscar la humanidad perdida en el delincuente, lo que hace es deshumanizar aún más a estas personas, lo que hace que perdamos la posibilidad de reinsertarlos y de tener de nuevo en la sociedad personas buenas y constructivas.  Y es que además realmente la fuerza disuasoria que conlleva el aumento de las penas, no funciona a no ser que la persona se pare a pensar acerca de las probabilidades de ser "pillado", calcule que el riesgo es alto y sabiendo cual puede ser el castigo tenga miedo.

Si alguna de estas condiciones falla y se comete el delito surgirán los problemas:
1º la amenaza que estaba destinada a disuadirlo de cometer el crimen hará que quiera escapar del castigo. Intentará negar los hechos, minimizarlos e incluso estará dispuesto a hacer cualquier cosa por muy "cruento" que esto sea, con tal de "librarse" del castigo.
2º Si la pena consiste en prisión y ésta se lleva a cabo, esto hará que el infractor sea más propenso a repetir conductas delictivas porque la cárcel rompe con sus relaciones personales, le hace más difícil conseguir un trabajo, un hogar...

Frente a esto, pienso que hace falta ayudar a las víctimas a mitigar su dolor, superar su rol de víctimas para que pueda continuar con sus vidas. Se las debe dar "poder" para que puedan tener voz en decidir qué necesitan para reconciliarse consigo mismas y con la comunidad. Por otro lado ¿ no será mejor dar una oportunidad a los infractores para que se den cuenta que realmente su acción ha dañado a una persona? Se les debe ayudar a que asuman su responsabilidad, vean el daño que han ocasionado y comprendan que su obligacion moral y social es reparar o al menos aminorar el dolor causado a las víctimas. Todo esto sin perjuicio de que su acción delictiva deba recibir el reproche social correspondiente.

CONCLUSIÓN
Estoy hablando de justicia que restaura, justicia restaurativa que humanice el delito, a la víctima y también trate de hacerlo con el infractor. El otro día una persona privada de libertad me decía: soy consciente de que hice mal y merecía la prisión pero creo que ahora estoy siendo castigado y nada se está haciendo por mi reinserción...Desgraciadamente estoy convencida de que tiene razón...Si seguimos pensando en que la reinserción pasa por el castigo, no solo nos ponemos al mismo nivel que los ofensores sino que estamos despojandóles de su posibilidad de tener empatía con la comunidad. Precisamente los programas de justicia restaurativa funcionan porque separamos lo que hicieron de las personas que son, esto hace que los podamos tratar sin estereotipos ni ideas preconcebidas.

Tenemos la obligación de ayudar a las víctimas a "cicatrizar sus heridas" pero también tenemos el deber de intentar que el infractor se conciencie y asuma su culpa, porque de esta forma estaremos ayudando a otras futuras potenciales víctimas de este infractor y todos nos podremos recuperar del delito, porque recobraremos nuestro sentimiento de seguridad que se ve vulnerado cada vez que oímos que un nuevo crimen ha sido cometido

1 comentario:

  1. Las penas pueden ser duras o blandas, pero lo esencial es que tengan sentido. Una pena meramente aflictiva no tiene sentido, porque tiene efecto contraproducente. Sólo satisface apetitos de venganza y eso es malo para todos, incluso para las víctimas, porque el deseo de vengarse las pone moralmente al mismo nivel de los ofensores. A los ofensores los resiente y empeora. Y a la sociedad la pone en mayor peligro por el incentivo a la reincidencia de los castigados. En cambio, una pena con sentido, como un trabajo reparativo o comunitario, aun siendo muy severa, es buena para todos. Al sancionado, porque le da la oportunidad de reparar el daño que produjo (a veces será sólo posible de manera simbólica porque el daño puede ser irreversible, pero será reparación de todos modos. A la víctima, porque, al saber que alguien está reparando el daño que ella sufrió, puede sentirse reivindicada. Y a la sociedad, porque se sentirá más protegida ya que el sancionado con una pena reparativa o restaurativa tendrá mucho menos propensión a reincidir en el delito que si fuera castigado con una pena meramente aflictiva. Se podrá discutir si existe sentido en la pena de prisión. Para mí no lo hay, pero se gastan enormes cantidades de esfuerzo, tiempo y dinero en encontrar ese sentido. Eso debería invertirse, más bien, en implementar penas alternativas al encierro, que sean justas, útiles y repersonalizadoras. Y, además, no escandalizarse cuando estas alternativas son reclamadas, bajo la falsa y terrible idea de que si no hay pena de cárcel no hay justicia.

    ResponderEliminar