Hace unos días se leía en prensa : “ El Gobierno vasco reúne en secreto en un caserío a 17 presos con cinco víctimas de ETA. El Gobierno vasco reunió el pasado 3 de julio en secreto, en un apartado caserío de Alzo (Guipúzcoa), a 17 presos de ETA con cinco víctimas de la extinta organización terrorista para que pasaran el día juntos. Víctimas y etarras compartieron charlas, paseos en grupos reducidos y mantel a lo largo de unas nueve horas, en presencia de dos altos cargos del Departamento de Justicia
Como suele ocurrir en muchas iniciativas similares en España, este encuentro estuvo precedido por charlas y talleres y, según fuentes del propio periódico, culminó con lo que se presentó como “círculos restaurativos”. Todo ello acompañado, además, de una utilización del proceso para la concesión de semilibertades. La noticia inicial ha dado lugar a otras informaciones y columnas de opinión en las que no solo se cuestiona la forma en que se está aplicando la justicia restaurativa en casos de terrorismo, sino también la propia legitimidad de esta justicia. Por ello, conviene analizar esta primera información y lo que revela sobre estas prácticas, así como reflexionar —a partir del resto de titulares aparecidos en prensa— sobre la importancia de la ética y el rigor en la aplicación de la justicia restaurativa.
LO QUE NO ES JUSTICIA RESTAURATIVA
En primer lugar existe una autentica confusión en España sobre lo que implica una verdadera intervención restaurativa, se ha generado la idea de que impartir charlas a privados de libertado sobre qué es justicia, las víctimas, el perdón, la justicia restaurativa…esto ya per se es restaurativo. Y por arte de magia los privados de libertad en este caso terroristas ya asumen la responsabilidad y están dispuestos a reconocer y reparar el daño. Resulta fascinante la confianza casi mágica en la palabra “charla”. Se explica qué es la justicia restaurativa y, por algún mecanismo alquímico aún no descrito por la criminología, el oyente sale convertido en sujeto plenamente consciente del daño causado. A este paso, quizá deberíamos ampliar el método: charlas sobre ética para corruptos, sobre empatía para estafadores y sobre respeto a la ley para delincuentes financieros. Si funciona igual de bien, habremos resuelto medio Código Penal con un ciclo de conferencias. Lo gracioso es que luego afirman que han hecho círculos restaurativos víctimas y terroristas, parece que piensan que esto ya confiere a la actividad un enfoque restaurativo total. Pero claro para hacer estos círculos debe existir preparación de víctimas y victimarios, y sobre todo valorar qué objetivos se quieren conseguir. Tenemos serias dudas de si saben realmente lo que es un círculo o piensan que sentar a las personas en circulo es ya un círculo restaurativo. Desgraciadamente, muchas películas sobre justicia restaurativa han terminado causando más confusión que comprensión. Hay una conocida película francesa en la que se escenifica un supuesto “círculo restaurativo” que, paradójicamente, funciona casi como un catálogo de lo que no debería hacerse.
En la pantalla aparecen víctimas conversando cordialmente, compartiendo refrigerios y participando en una dinámica aparentemente amable. Lo que no aparece por ningún lado es algo esencial: la preparación previa.









