INTRODUCCIÓN
La Justicia Restaurativa surge, en gran medida, como respuesta a las limitaciones del sistema penal tradicional y a la necesidad de construir una justicia más humana, cercana y verdaderamente útil para las personas afectadas por el delito. Durante mucho tiempo, el modelo retributivo ha centrado su atención casi exclusivamente en la infracción de la norma y en la imposición de un castigo, dejando en un segundo plano a quienes más directamente sufren las consecuencias del daño: las víctimas, las comunidades e incluso las propias personas infractoras en su dimensión humana.
Las víctimas, con frecuencia, han quedado relegadas a un papel secundario dentro del proceso penal. Para el sistema tradicional parece más importante determinar qué norma se ha vulnerado que comprender el alcance real del daño causado a una persona concreta. Sin embargo, sufrir un delito no solo genera pérdidas materiales o daños físicos; también provoca miedo, inseguridad, desconfianza, humillación y una profunda sensación de pérdida de control sobre la propia vida. Muchas víctimas necesitan ser escuchadas, poder narrar lo sucedido, comprender qué está ocurriendo con su caso y recuperar el sentimiento de dignidad y seguridad. Necesitan sentir que la justicia no solo castiga, sino que también reconoce su sufrimiento y les ayuda a reconstruirse.









