INTRODUCCIÓN
Solemos creer, especialmente quienes trabajamos en el ámbito del Derecho, que sabemos perfectamente qué necesitan las víctimas o qué es lo mejor para ellas, especialmente cuando han sufrido un delito grave.Por eso, cuando hablamos de Justicia Restaurativa, no es extraño encontrar reticencias, incluso entre profesionales que nunca han sido víctimas de un delito. En ocasiones pensamos que las víctimas necesitan, ante todo, castigo y que una respuesta diferente puede resultar inadecuada o incluso perjudicial para ellas.Sin embargo, las víctimas pueden ser mucho menos punitivas de lo que imaginamos.
Conozco casos de personas que han decidido participar en procesos restaurativos y que no siempre han sido comprendidas por sus propios allegados. Y es que, aunque a veces las percibamos como especialmente vulnerables e incapaces de tomar determinadas decisiones, debemos recordar algo fundamental: son ellas quienes mejor pueden saber qué necesitan de la justicia para comenzar a reconstruir su vida después del delito.Por eso, quizá deberíamos dejar de decidir constantemente por las víctimas y empezar a preguntarles qué necesitan.
Porque castigar al autor del delito no siempre es suficiente.Las víctimas necesitan acompañamiento, apoyo y solidaridad, especialmente en los momentos de mayor vulnerabilidad. Necesitan sentir que no están solas y que la sociedad y el sistema de justicia no son indiferentes a lo que les ha ocurrido.Y, sobre todo, necesitan ser tratadas con respeto.
Una de las expectativas más importantes de las víctimas respecto de los profesionales de la justicia es precisamente esa: ser escuchadas, respetadas y recibir información clara y fiable sobre lo ocurrido, sobre el infractor y sobre las distintas opciones existentes para responder a su caso.









