INTRODUCCIÓN
La mayoría de quienes creemos en la Justicia Restaurativa no defendemos la desaparición del sistema penal tradicional cuando este resulta necesario, especialmente en delitos graves. Lo que proponemos es un cambio de prioridades y de mirada frente al delito. Antes de centrarnos exclusivamente en el binomio delito-pena, deberíamos atender primero al binomio daño-reparación, es decir, a las necesidades reales de las víctimas y a las consecuencias humanas y sociales derivadas del delito.
El sistema penal tradicional suele situar en el centro al Estado y al infractor: el primero porque se ha vulnerado una norma creada por él, y el segundo porque será objeto del castigo correspondiente. Sin embargo, con demasiada frecuencia las víctimas quedan relegadas a un segundo plano, cuando son precisamente ellas quienes han sufrido directamente las consecuencias del daño. La Justicia Restaurativa propone invertir ese orden de importancia: primero atender a las personas afectadas, escuchar sus necesidades y trabajar en la reparación del daño; después, si corresponde, aplicar la pena prevista por el sistema penal.
No se trata, por tanto, de un cambio radical ni de sustituir completamente la justicia tradicional, sino de complementarla con una visión más humana y restaurativa, capaz de dar respuestas más completas y transformadoras frente al delito.









