sábado, 16 de marzo de 2019

La gente puede cambiar

Pensamos que alguien que ha cometido un delito, de cierta gravedad ¿puede querer cambiar?. Creo que es posible, no todos estarán en una posición de poder o querer dejar la carrera delictiva pero muchos tienen voluntad y con un "empujoncito" de nuestra parte, esta voluntad puede tornarse férrea. Para ello, la Justicia Restaurativa, puede ser de gran ayuda ya que hace que los infractores se enfrenten a sus actos, vean como sus acciones han dañado a personas reales, de "carne y hueso". Esto para muchos puede ser un punto de inflexión, no olvidemos que muchos infractores minimizan sus delitos, los justifican pensando que no fue para tanto, y por eso el ver directamente y de voz de las víctimas lo que ha supuesto su delito, puede llevarlos a querer cambiar, o al menos reflexionar sobre su vida futura. 
Lógicamente, esta Justicia puede causar mucho más impacto en jóvenes infractores y en adultos jóvenes, porque su personalidad está en formación y su falta de madurez puede influir en que su forma de actuar y sus decisiones no sean las más adecuadas. 

La Justicia Restaurativa, va a servir no solo para responsabilizarlos, en estos casos, sino también para educarlos y guiarlos hacia un futuro de adultos, como personas productivas.

Por eso creo que no se puede generalizar, pero si se puede ayudar a muchos infractores a cambiar, y vivir alejados del delito, con esto también ayudaremos a la sociedad, ya que habrá menos ofensores etiquetados como delincuentes,  entre nosotros.
¿Qué opináis ? ¿Puede la gente cambiar? ¿un adulto puede rehacer su vida?. Yo creo que si, y los procesos de Justicia Restaurativa nos han dado buenos ejemplos.

2 comentarios:

  1. Un ejemplo paradigmático es el de JEAN VALJEAN, convertido de delincuente en quasi santo por la inteligente intervención del obispo Myriel. Por eso en mi propuesta de rehabilitación, cito este caso y propongo la la «valjeanización», tomando como modelo el método de Alcohólicos Anónimos que no piden al adicto que sólo deje de beber sino que luche contra el alcoholismo en el mundo ayudando a otros alcohólicos a cambiar su hábito. Es un giro de 180º, que siempre resulta más fuerte y duradero que un mero giro de 90º.
    Claro que este proceso debería coexistir con penas alternativas y no con el encierro, que es denigrante y estigmatizante y, por lo tanto, poco propicio para alguien mejore.

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