viernes, 15 de marzo de 2019

¿Somos punitivos por naturaleza?

¿Somos punitivos?
Los que no hemos sido nunca víctimas, somos  los  más punitivos , sin embargo en ocasiones los juicios mediáticos paralelos y la mala información, hacen que la víctima solo puede acogerse a exigir penas mas duras. Y ¿por qué somos más punitivos, los que no hemos sufrido un delito nunca? Me explico:
La Justicia Retributiva o punitiva se centra de forma exclusiva en que el mayor de los castigos posibles se imponga al culpable, olvidándose de las víctimas casi por completo. Este castigo no mitiga, ni repara por si solo el daño causado, quizá ayuda a las víctimas a pensar que durante un tiempo este infractor no volverá a dañar a nadie pero esto solo retrasa el dolor y no compensa el daño real y tangible que sufrieron. Para los que no hemos sido víctimas, pero sí somos potenciales, puede suponer más que un alivio y una forma de recuperar el sentimiento de seguridad al saber que el infractor, tardará tiempo en salir a la calle y en tener una nueva oportunidad de delinquir.

Las víctimas no son tan punitivas como pueda parecer
 De alguna manera, el daño potencial de sufrir un delito se mitiga o compensa, evitando durante cierto tiempo este riesgo, por eso frecuentemente somos los que no hemos sido víctimas, los más punitivos. Pero para las víctimas directas, o al menos muchas de ellas, es necesario algo más, algo que no consiguen con ser punitivas exclusivamente: la restauración emocional. Aquí es donde tiene cabida y da esperanzas la justicia restaurativa, abordando las dimensiones emocionales de la delincuencia y transformando y canalizando estas emociones no positivas y destructivas por algo constructivo (motivaciones sanadoras). Esto no servirá para todas y cada una de las personas que sufren un delito, pero para muchas si, (más de las que podemos pensar).

Tanto la Justicia Retributiva como la Restaurativa aunque puedan para parecer radicalmente diferentes, tienen el mismo objetivo y este es reequilibrar las consecuencias del delito, la diferencia es que una se centra en el castigo y la otra en la víctima y sus necesidades, sin descartar en un delito grave la pena.

7 comentarios:

  1. Las víctimas son menos punitivas de lo que creemos, pero necesitan reivindicación. "Como el Estado no hace nada por ellas (o hace muy poco, sus necesidades reivindicativas se tornan actitudes vindicativas" (lo expresó así
    en una conferencia la actual Defensora General de la Nación (Argentina). Es así de simple.

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    1. Exacto es lo que queria transmitir en el artículo que el estado no las da otras opciones y por eso, se vuelven vindicativas. gracias abrazos

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  2. TRANSCRIBO UNOS PÁRRAFOS, REFERIDOS A LAS VÍCTIMAS Y A LA JUSICIA RESTAURATIVA, DE MI TESIS PRESENTADA EN EL DOCTORADO DE PSICOLOGÍA SOCIAL CON LA DENOMINACIÓN «CRISIS DE LA PENA PRIVATIVA DE LA LIBERTAD».

    Ciertas ideas de Herbert Spencer, retomadas por el autor positivista Rafaelle Garofalo, fueron precursoras de la reparación a las víctimas, aunque este autor se remonta también a los reclamos de Jeremy Bentham y a la ingeniosa definición del filósofo Melchor Gioia, quien da una reflexión que trasciende el positivismo, al indicar que «el delito altera no sólo el sistema visible de las cosas sino también el sistema invisible de los sentimientos», frase que sugiere la posibilidad de reparar delitos no sólo leves y patrimoniales sino graves y de daño irreversible.
    La concepción de Spencer retoma la de Cesare Beccaria con respecto a que los transgresores deben reparar el daño cometido, sin especificar que son las víctimas del delito quienes necesariamente deben ser resarcidas. Pero Garofalo sí se ocupa específicamente de ellas. Ambos consideran que una obligación de reparar puede ser suficientemente disuasiva como para desterrar el fantasma de la falta de prevención que, según muchos sostienen, se logra sólo con un castigo tradicional tal como el encierro. Continuando con la evolución de las ideas reparativas, se ha citado el accidentado nacimiento de la Victimología, que comienza con el enjuiciamiento de la víctima, como copartícipe del delito.
    Esta idea de von Hentig llevó a la víctima, sin embargo, a través de la preocupación por ella, a la primera plana, si bien tomó un cierto tiempo verla como verdadera víctima y no como un mero cómplice del propio ofensor.
    Desde entonces, los movimientos activos para incorporar a las víctimas al Proceso Penal han sido intensos, pero la sustitución de penas meramente aflictivas, tales como el encierro, por penas con sentido reparativo, como el trabajo en favor de las víctimas o de la comunidad, ha colisionado contra resistencias de posiciones conservadoras que siguen prefiriendo, al menos en casos graves, el castigo liso y llano de los ofensores, temiendo que enfatizar la reparación pueda diluir la retribución y la prevención.
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    Por otra parte, si bien existe evidencia, obtenida a través de encuestas de victimización, de que muchas víctimas están más interesadas en una respuesta reparativa que en una punitiva, no queda claro si ello se refiere a delitos patrimoniales leves o se extiende más allá. Mucho se ha hablado de las necesidades tangibles de las víctimas pero es hora de señalar también las necesidades intangibles. Entre ellas está la creencia de que es necesario conseguir el justo castigo del autor de un homicidio para lograr que la víctima muerta descanse en paz. Esta creencia, no admitida expresamente pero implícita en los reclamos y las declaraciones de los parientes de víctimas asesinadas, es similar a la creencia de los antiguas civilizaciones en las que cundía el mito de que los muertos que no hubieran recibido una debida sepultura no podrían descansar en paz. Pero el mito de la falta de paz de un alma por la existencia de un cuerpo sin sepulcro desapareció, lo cual sugiere que puede desaparecer también el mito de la falta de paz de un alma por la existencia de un ofensor sin castigo. En el caso de delitos graves contra las personas, al ser el daño irreversible, la pérdida es irreparable pero escapa a la consideración general y a las representaciones sociales de muchas personas que lo que se repara no es la pérdida en sí sino el agravio que inflige el ofensor a la víctima. Esta confusión entre la irreversibilidad de las consecuencias y la irreparabilidad del agravio es el obstáculo que por ahora está dejando fuera de consideración la reparación de delitos graves como homicidios o contra la integridad sexual.
    También se vio que existe cierta confusión entre perdonar y renunciar a la reparación. Perdonar significa renunciar a infligir daño, a devolver mal por mal, aunque sea a través de organismos judiciales. También es renunciar al odio. Pero no implica renunciar a la reparación. Es más, un auténtico perdón no rechaza la reparación porque, de hacerlo, no sólo cancela la obligación sino que niega al ofensor su derecho a realizarla.
    Existe también la confusión entre indemnizar monetariamente y reparar. Indemnizar con dinero es una forma de reparar pero no la única. Por eso pueden existir reparaciones que trasciendan lo estrictamente monetario. Pero, aun así, a veces el gesto detrás de la indemnización es muchas veces más importante que el valor material. Sin embargo, el resarcimiento económico aun cuando parezca ser la forma más lógica y equitativa de reparar a las víctimas, no excluye otras formas, como pedidos de perdón, servicios específicos y otros actos pactados entre ofensores y víctimas.

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  5. CONTINUACIÓN

    Ahora bien, las alternativas al encierro, la reparación a las víctimas y su facilitación mediante procesos de mediación, llevan correlativamente desarrollos teóricos que se han plasmado en una corriente denominada Justicia Restaurativa.
    La Justicia Restaurativa cuestiona ante todo, el concepto de justicia.
    Cabe preguntar, dado que se acepta universalmente que «justicia es dar a cada uno lo suyo», qué es «lo suyo», referido a quien cometió un delito.
    La Justicia Restaurativa interpreta que no es el castigo sino responsabilizarse por lo hecho y tener la posibilidad y la obligación de reparar el daño causado.Esta Justicia Restaurativa no es un sustituto del sistema legal - aunque intenta introducir cambios basados en principios de oportunidad -, ni siquiera, según algunos autores, se opone expresamente al encarcelamiento - aunque dentro de su filosofía sólo tiene un sentido estrictamente cautelar - ni a otras formas de retribución. Sin embargo, tomada en su sentido más profundo, señala que el «pago de la deuda» que contraen los ofensores con las víctimas y con la sociedad debe, sin duda, ser efectuado, pero que es mucho mejor hacerlo en otra moneda que la utilizada actualmente.
    Cabe pensar, ahora, si la Justicia Restaurativa es un paradigma que será o no será adoptado.
    Hasta ahora su expansión ha sido constante pero prudente y, en cuanto a su aplicación, tal como las alternativas al encierro, la reparación a las víctimas y la Mediación Penal, su aceptación se limita, en general, a casos de «delitos menores y de menores», es decir, leves y perpetrados por ofensores juveniles.

    FIN DEL COMENTARIO

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    1. Gracias por tus aportaciones son excelentes. Felicidades y un honor que compartas.

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