domingo, 12 de abril de 2026

Del dolor a la dignidad: el camino restaurativo


 INTRODUCCIÓN

Los que nos dedicamos a la Justicia Restaurativa —y recalco que digo justicia restaurativa, no mediación, coaching, terapia o comunicación no violenta— podemos caer, sin querer, en el error de prejuzgar a una víctima. Por ejemplo, si tiene deseos de venganza o rechaza participar en un proceso restaurativo.

No existen víctimas “buenas” ni “malas”. Todas merecen respeto y consideración. Es lógico que, en un primer momento, la víctima esté confusa y no vea los beneficios de estos procesos. Por eso, establecer protocolos rígidos y plazos tasados solo limita el trabajo de los facilitadores y, lo más importante, perjudica a quienes más necesitan de esta justicia: las víctimas.

Dicho esto, lo normal tras sufrir un delito es experimentar sentimientos negativos. Todas merecen nuestro reconocimiento y atención. Pero con el tiempo, muchas desarrollan nuevas necesidades y reivindicaciones que la justicia tradicional no puede atender.

ENCONTRAR UNA NARRATIVA DIFERENTE

Las personas que sufren un daño necesitan recuperar el control de su vida. Esto puede favorecerse transformando los sentimientos negativos en otros más positivos o productivos, ayudando a resignificar lo vivido e incorporarlo como un aspecto más de su historia vital. Para ello, cada víctima debe encontrar una narrativa diferente, y ahí es donde los procesos de justicia restaurativa resultan esenciales.

Nuestra labor es acompañar a cada víctima de la manera más adecuada. Para algunas, esto incluirá un encuentro restaurativo; para otras, será más restaurador optar por programas individuales, como nuestro Programa Ave Fénix, diseñado para acompañar a víctimas de delitos (online y accesible internacionalmente). Las víctimas no son seres incapaces ni necesitados de tutela; no podemos decidir por ellas lo que creemos que es mejor. Cada persona debe encontrar su propio camino hacia la restauración emocional.

LOS BENEFICIOS DE LA JUSTICIA RESTAURATIVA

La Justicia Restaurativa facilita la transformación de sentimientos negativos en otros más constructivos o, al menos, menos dolorosos. El otro día escuché a una madre cuya hija fue asesinada decir que vivió siete años en la oscuridad más profunda, hasta que encontró un camino hacia pensamientos más reinsertadores. Fue entonces cuando recuperó el control de su vida, y se dio cuenta de que durante esos años su existencia había estado marcada por el delito y por la persona ofensora

No todas las víctimas necesitarán encuentros restaurativos, ni todos los caminos serán iguales. Para algunas, será honrar la memoria de un ser querido; para otras, luchar para que nadie más sufra lo mismo; y para otras, el camino será el perdón. Cada víctima es diferente, y nuestra obligación es ofrecer todos los recursos restaurativos y de apoyo existentes. Solo así podrán despojarse del rol de víctima y pasar a uno más digno: superviviente.

CONCLUSIONES

La justicia restaurativa no impone caminos; acompaña, escucha y empodera.

Cada víctima tiene derecho a encontrar su propia narrativa y recuperar el control de su vida.

Transformar el dolor en aprendizaje, resignificar lo vivido y acompañar hacia la dignidad es el verdadero objetivo.

Cuando las víctimas pasan a ser supervivientes, no solo se repara lo que es posible, sino que también se restaura la humanidad de quienes han sufrido.

La justicia restaurativa nos recuerda que la verdadera justicia no es castigo, sino transformación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario