INTRODUCCIÓN
Siempre he defendido que la Justicia Restaurativa nació, ante todo, para las víctimas.Puede parecer una afirmación evidente y, sin embargo, todavía hoy genera debate.Quizá resulte extraño para quienes contemplan el delito únicamente desde una perspectiva jurídica, pero lo primero que ocurre cuando se comete un delito no es que se infrinja un artículo del Código Penal.Lo primero que sucede es que una persona —o varias— sufre un daño.Y ese dato, tan sencillo como trascendental, debería ser siempre el punto de partida de cualquier sistema de justicia. Después vendrá la vulneración de una norma, la intervención del Estado y la respuesta penal.Pero antes de todo eso hay una víctima cuyas necesidades existen con independencia del procedimiento judicial.
Precisamente por eso la Justicia Restaurativa coloca a la víctima en el centro de la respuesta al delito.Sin embargo, todavía hoy continúa un debate que, sinceramente, nunca he terminado de comprender: ¿está la Justicia Restaurativa centrada en las víctimas o en los infractores?Creo que la pregunta parte de un planteamiento equivocado.Y conviene responderla, especialmente en un momento en el que la Justicia Restaurativa se ha puesto de moda y, en ocasiones, se utiliza con fines políticos o se presenta como una herramienta para facilitar beneficios penitenciarios rápidos a determinados ofensores.Nada más lejos de su verdadera esencia.
LA JUSTICIA RESTAURATIVA NO ES UNA JUSTICIA BLANDA
Uno de los mayores prejuicios consiste en pensar que la Justicia Restaurativa pretende ser indulgente con quienes han cometido un delito.Mi experiencia me lleva exactamente a la conclusión contraria.El proceso penal tradicional permite, con frecuencia, que el infractor adopte una posición pasiva. Puede negar los hechos, minimizar su responsabilidad o limitarse a cumplir la pena impuesta sin llegar a comprender realmente el daño ocasionado.La Justicia Restaurativa no se lo pone tan fácil.Al contrario le exige asumir un papel activo.Le invita a enfrentarse a las consecuencias humanas de sus actos, a escuchar el impacto que el delito produjo en la víctima y a responsabilizarse de aquello que hizo.No basta con aceptar una condena.Debe comprender.Debe reconocer.Debe asumir.Y, cuando sea posible, debe reparar.
Por eso nunca he entendido que se afirme que la Justicia Restaurativa es una respuesta blanda.Somos firmes con el delito, pero no renunciamos a ver a la persona que existe detrás de la etiqueta de "infractor".Porque castigar a una persona no es incompatible con ofrecerle una oportunidad para cambiar.Y, precisamente, asumir voluntariamente la responsabilidad suele exigir mucho más esfuerzo que limitarse a cumplir una pena impuesta por un juez.
AYUDAR A LA VÍCTIMA TAMBIÉN SIGNFICA AYUDAR AL INFRACTOR
Sigo convencida de que la Justicia Restaurativa nació para responder mejor a las necesidades de las víctimas.Pero esa finalidad produce un efecto que a veces se olvida.Cuando una víctima obtiene respuestas, es escuchada y percibe que quien le causó el daño asume sinceramente su responsabilidad, comienza un proceso de recuperación mucho más completo.Y para que eso ocurra es imprescindible que el infractor recorra también su propio camino de responsabilización.No se trata de beneficiar al infractor a costa de la víctima. Se trata de comprender que la recuperación de una y la transformación del otro están profundamente conectadas.Cuando el infractor comprende el alcance de sus actos y decide reparar el daño, aumenta considerablemente la probabilidad de que no vuelva a delinquir.Y eso beneficia también a la víctima.Pero no solo a ella.Nos beneficia a todos.
CUANDO GANA LA VÍCTIMA, GANA TODA LA SOCIEDAD
Una víctima que consigue respuestas y recupera parte del control sobre su vida fortalece la confianza en la justicia.Un infractor que asume sinceramente su responsabilidad tiene muchas más posibilidades de reintegrarse y construir un proyecto de vida alejado del delito.Y una comunidad que favorece esa reparación reduce la exclusión, la estigmatización y el riesgo de nuevos conflictos.Por eso siempre he pensado que la Justicia Restaurativa genera un beneficio colectivo.No solo ayuda a reparar el pasado.También contribuye a construir un futuro más seguro.Porque cuanto menor sea la reincidencia, menos personas sufrirán nuevos delitos.Y porque una sociedad que permite que las personas recuperen su dignidad —sin olvidar nunca la gravedad del daño causado— es una sociedad más fuerte y más cohesionada.
CONCLUSIONES
Poner a la víctima en el centro nunca significa olvidar al resto. A veces se presenta la Justicia Restaurativa como si hubiera que elegir entre proteger a la víctima o preocuparse por el infractor.Ese planteamiento es falso.La Justicia Restaurativa comienza con la víctima porque es quien ha sufrido el daño y porque sus necesidades han permanecido demasiado tiempo invisibles dentro del sistema penal.Pero precisamente al atender esas necesidades exige al infractor algo que la justicia tradicional pocas veces consigue: una verdadera responsabilización.
Y cuando una víctima puede ser escuchada, cuando un infractor comprende el alcance del daño causado y cuando la comunidad participa en la reconstrucción de las relaciones rotas, todos salen fortalecidos.No porque el delito desaparezca.No porque el sufrimiento pueda borrarse sino porque la respuesta al daño deja de limitarse al castigo y se convierte también en una oportunidad para reparar, aprender y reconstruir.Por eso sigo creyendo que la Justicia Restaurativa nació para las víctimas.
Pero su mayor grandeza consiste en que, al ponerlas verdaderamente en el centro, termina mejorando también la vida de los infractores, de las comunidades y, en definitiva, de toda la sociedad.Porque una justicia que ayuda a sanar a quienes han sufrido el delito no puede ser una justicia débil.Es, probablemente, la forma más exigente, más valiente y más profundamente humana de hacer justicia.

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