viernes, 7 de agosto de 2026

"No olvides que eres un ser humano"


 INTRODUCCIÓN

Siempre he defendido que la justicia restaurativa nació para devolver a las víctimas el protagonismo que durante demasiado tiempo les negó el sistema penal. Si el delito causa un daño, la primera obligación de la justicia debe ser atender a quienes lo han sufrido, escuchar sus necesidades y ofrecerles un papel activo en su proceso de recuperación.

Sin embargo, con el paso de los años he comprendido que una justicia verdaderamente restaurativa no puede limitarse a mirar únicamente a la víctima. El delito también afecta a quien lo comete. No porque sea una víctima de sus actos, sino porque romper con la ley y dañar a otra persona también deteriora su relación con la comunidad y, muchas veces, consigo mismo.Comprender esto no significa justificar el delito ni minimizar el sufrimiento de las víctimas. Significa entender que, si queremos una sociedad más segura, también debemos preocuparnos por cómo ayudamos a quienes algún día volverán a formar parte de ella.

UNA VISITA QUE CAMBIÓ MI PERSPECTIVA

Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar la prisión de Palmasola, en Bolivia. Durante la visita, un interno me dijo una frase que nunca he olvidado:

"No tenga pena por nosotros. Estamos aquí porque nos lo merecemos."

No percibí únicamente la aceptación de una condena. Vi a una persona que había terminado identificándose por completo con el delito cometido, convencida de que ya no podía ser otra cosa que un delincuente.

Mi respuesta fue muy sencilla:

"No olvides nunca que eres un ser humano."

Aquel momento me hizo reflexionar sobre una realidad incómoda: si una persona pierde toda esperanza de cambio, también disminuyen las posibilidades de que algún día pueda reintegrarse de forma positiva en la sociedad.

LA JUSTICIA RESTAURATIVA TAMBIÉN AYUDA AL INFRACTOR

La justicia restaurativa no pretende evitar el castigo ni sustituir la pena cuando esta es necesaria. Lo que propone es algo diferente: aprovechar ese tiempo para favorecer la responsabilidad, la empatía, la reparación del daño y el cambio personal. Atender las necesidades del infractor no significa eximirle de su responsabilidad. Significa ayudarle a comprender el impacto de sus actos, afrontar los problemas que pudieron influir en su conducta, fortalecer sus capacidades y reconstruir su vínculo con la comunidad.

Solo quien deja de verse exclusivamente como un delincuente puede empezar a construir una identidad basada en la responsabilidad y el respeto hacia los demás.

CONCLUSIONES 

La justicia restaurativa nació para dar voz a las víctimas y esa seguirá siendo siempre su razón de ser. Pero proteger a las víctimas también implica trabajar para que existan menos delitos en el futuro. Una sociedad más segura no se construye únicamente castigando. También necesita ofrecer oportunidades reales de responsabilización, reparación y reintegración a quienes desean cambiar.

Aquel interno de Palmasola me recordó que detrás de cada delito sigue habiendo una persona. Una persona que debe responder por el daño causado, pero que no debería quedar condenada para siempre a ser identificada únicamente por el peor acto de su vida.

Porque la justicia restaurativa no busca borrar el pasado. Busca que ese pasado no siga produciendo nuevas víctimas.

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