viernes, 5 de febrero de 2021

La importancia de las reuniones preparatorias

 


TRABAJO INDIVIDUAL CON LAS VÍCTIMAS

Una parte esencial de los procesos restaurativos, cualquiera que sea la herramienta es la preparación individual con cada parte. Con respecto a las víctimas, solemos tener tendencia a pensar que puede ser malo una reunión conjunta, especialmente si es un delito grave, sin embargo, la realidad demuestra que la mayoría de las víctimas que desean participar en un proceso de justicia restaurativa, tienen claro por qué y qué quieren conseguir con ello: algunas ser escuchadas, otras solo decirle al infractor que van a recuperar el control de su vida, otras igual necesitan ver el remordimiento del infractor.....Efectivamente, ahí es donde entra la labor del facilitador o mediador restaurativo, ver qué expectativas tiene la víctima con respecto a la posible reunión cara a cara y valorar si estas se podrían cumplir y si al menos son realistas. Por ejemplo, si la víctima desea solo que la pidan disculpas, habrá que valorar la posible reunión porque el pedir perdón, no es un objetivo real de la justicia restaurativa y es algo personal de cada ser humano, no podemos asegurar que surja o no. Se trabajaría con ellas individualmente para conseguir que sus expectativas se ajusten a lo posible y sobre todo para que entiendan que la Justicia Restaurativa se centra en el diálogo y como conseguir la "curación de sus heridas" y rendición de cuentas del infractor. Otra posibilidad y esto también es una labor restaurativa, es valorar si la víctima necesita ser atendida por otro profesional,  antes de un proceso restaurativo (por ejemplo psicólogo...) y en este caso el mediador o facilitador,  así se lo debería transmitir a las víctimas

TRABAJO INDIVIDUAL CON EL INFRACTOR

Por otro lado, el trabajo individual con el infractor debe estar guiado hacia su responsabilización. El trabajo puede no ser sencillo pero también se puede preparar al infractor antes de la reunión conjunta. La idea sería la distinción entre reconocimiento y responsabilidad:

La responsabilidad del infractor es un componente importante pero no se debe exagerar hasta el punto de exigirla como condición sine quanon para empezar el proceso restaurativo.

La responsabilidad va más allá del reconocimiento de que las decisiones tomadas para cometer el delito eran erróneas y no deberían haber ocurrido. 

Si se fuerza la responsabilización del infractor o se acepta de forma rápida su responsabilización, sin profundizar en los motivos, se corre el riesgo de que esta no sea adoptada por motivos correctos, no siendo probable que haya un cambio favorable y positivo en el infractor.

Por el contrario, si se parte del reconocimiento de que su conducta no ha sido la más adecuada, se puede conseguir un cambio de actitud más positivo. Por eso, partiendo del reconocimiento de que hizo algo mal, se puede conseguir esta asunción de responsabilidad por el daño causado.

CONCLUSIÓN

Una vez vista que las expectativas de ambos son concordantes a la realidad y lo que se puede conseguir durante el proceso restaurativo, entonces se puede propiciar una reunión conjunta bajo la fórmula elegida( reunión víctima-infractor, conferencias, círculos)

1 comentario:

  1. Que el ofensor se responsabilice y la víctima quede satisfecha es algo admirable, pero, si el ofensor está encarcelado, es muy probable que su declaración de sentirse responsable sea sólo ficticia e insincera.
    Porque es difícil imaginar que el estar encerrado en una cárcel - lo cual significa que se siente inevitablemente degradado y estigmatizado - lo incentive para un verdadero reconocimiento de haber obrado mal.
    Seguramente estará arrentido de haber sido torpe y haber sido atrapado, pero no de haber hecho daño a sus víctimas. Racionalizará, probablemente, que las víctimas son parte de una sociedad con la cual él está en guerra – y el trato recibido así lo testifica - y esto justificará sus delitos pasados y su propósito de continuar delinquiendo una vez en libertad.
    En cambio, si en vez de estar en un encierro improductivo, estuviera trabajando, en libertad vigilada, con lo producido destinado a la indemnización de sus víctimas o a un fondo indemnizatorio para las víctimas en general, aunque no estuviera inicialmente arrepentido de sus actos, sentiría que, deseándolo o no, realmente estaría reparando.
    Y es más que probable que este trabajo lo incentivaría con el tiempo para realmente sentir un arrepentimiento auténtico.
    Más aún, porque ese «estar reparando» es mucho menos denigrante y estigmatizante que, simplemente, «estar preso».
    Por eso insisto en mi reclamo de que todos los partidarios de la justicia restaurativa – y, por ello mismo, partidarios de un mundo más justo y más seguro – aboguen por la reconversión, al menos paulatina, de la pena privativa de la libertad en penas alternativas, llevadas a cabo fuera de las cárceles, tan severas como fuera necesario por razones disuasivas y, hasta si se quiere, retributivas, pero que, en vez de improductivas y denigrantes, sean productivas y dignificantes por ser reparativas y repersonalizadoras.
    Es verdad que la sociedad no está preparada para aceptar el cambio, pero, por eso mismo, se deben redoblar los esfuerzos para irla preparando.

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