miércoles, 17 de febrero de 2021

La justicia restaurativa es dura con el delito pero blanda con el ser humano que hay detrás


 LA CRIMINOLOGÍA DEL YO

Hoy quiero recordar una entrada antigua, de este blog sobre criminología y Justicia Restaurativa. La criminología del yo '(Garland 2001), considera que las personas que cometen delitos son como la gente normal. La persona que ofende es uno de nosotros, alguien que, por circunstancias, ha terminado en una posición que le llevó a actuar de forma ilegal y perjudicar a otros. Podría haberle pasado a cualquier ciudadano. Pero la criminología del yo, puede "normalizar" al criminal de dos maneras diferentes. Se puede bajar el nivel, de todos los seres humanos como delincuentes en potencia. La consecuencia de este enfoque es que todos vivimos en la desconfianza mutua para protegernos contra los otros, a través de, por ejemplo, las estrategias de prevención situacional, basadas en las teorías de la elección racional (Felson 1994). En términos de Putnam, el capital social es entonces degradado drásticamente, lo que, es desastroso para la calidad de la vida social y de la democracia.

Todos nos convertimos en un poco paranoicos, y sobre todo se genera desconfianza en la gente que nos rodea, al final, perdemos nuestro sentimiento de pertenecer al grupo porque prima el miedo a convertirnos en futura potencial víctima.

LA JUSTICIA RESTAURATIVA COMO FORMA DE NORMALIZAR LA SITUACIÓN

Por el contrario, un proceso restaurativo que ofrece al infractor,  la oportunidad de compensar el daño causado puede ser de gran ayuda en la búsqueda de su mejor reinserción. Básicamente la justicia restaurativa, tiene este enfoque normalizador a todos los involucrados en las consecuencias de la delincuencia y mira a la víctima y delincuente como personas normales, razonablemente responsables. Se presupone que, en las condiciones adecuadas, la víctima y el infractor estarán preparados para tratar de encontrar una solución que sea aceptable para todas las partes, incluidos los intereses de la comunidad en general y la seguridad pública. Siempre dando el papel que merece a la víctima como esencial y protagonista durante todo el proceso, será primordial ella pero sin olvidarnos del ofensor y de sus necesidades una de las cuales será ser ayudado a ver como compensar el daño que causó y a entender que es importante para la comunidad. Debemos ayudar a víctima y ofensor a entender que forman parte de la sociedad y su bienestar es importante para todos nosotros.

1 comentario:

  1. La justicia restaurativa es dura con el delito y blanda con el ser humano que hay detrás.
    Entiendo por “blanda”, no que quiere impunidad, pero sí evitar denigrarlo y estigmatizarlo.
    La justicia tradicional, en cambio, es dura con el ser humano que transgrede la ley y castigarlo le resulta más importante que combatir el delito. Podíamos decir que es, en este sentido, “blanda” con el delito.
    Por eso le es indiferente que las cárceles sean escuelas de delito y realimenten la delincuencia. Si el que delinque queda preso, ya está todo cumplido.
    Tuvimos en la Argentina un ministro de economía en la década del ´90, Domingo Cavallo, que combatió la inflación y logró una estabilidad cambiaria durante diez años, manteniendo el peso local igual al dólar estadounidense.
    Esto lo recuerdan aquí todos, porque fue parte de una política de convertibilidad de la moneda argentina, que, habiendo sido existosa al principio, terminó mal y estalló porque, para mantenerla, el país se había endeudado tremendamente y no pudo seguir sosteniendo ese proceder.
    Pero lo que muy pocos recordarán es que Cavallo, en 1999, se postuló también para presidente de la Nación (sin ningún éxito, pero habiendo hecho campaña) y que su lema proselitista fue “1 peso = 1 dólar; 1 estudiante = 1 egresado; y 1 delito = 1 preso”.
    A nadie le llamó la atención el último punto, ya que la justicia tradicional, que hoy, por desgracia, sigue vigente, no aspira a que no haya delitos ni presos, sino que cada delito tenga un preso (y si se puede varios, mejor).
    Espero que la justicia restaurativa revierta esta mentalidad y que aspire explícitamente a que idealmente no haya delitos ni presos, advirtiendo que se puede comenzar por ir eliminando la pena privativa de la libertad y sustituirla por penas alternativas productivas, reparadoras y repersonalizadoras, para evita esa inevitable realimentación de la delincuencia.
    Que el objetivo central de la justicia restaurativa sea la reparación de las víctimas y de la sociedad y la recuperación de los infractores no quita que un objetivo, quizás subsidiario pero muy importante, es que desaparezcan las usinas en donde el delito se fabrica o se expande.

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