JUSTICIA, TRAUMA Y SANACIÓN
La justicia forma parte del proceso de curación de las víctimas. Para muchas personas que han sufrido un delito, la manera en que se responde al daño influye directamente en su proceso de sanación tras el trauma. Por ello, es fundamental que quienes facilitan procesos de justicia restaurativa comprendan la dinámica del trauma.
Una de las reacciones más frecuentes frente al trauma son los sentimientos de venganza y la necesidad intensa de que “se haga justicia”. La justicia es importante cuando hablamos de trauma y recuperación, pero la línea que la separa de la venganza es muy delgada. Cuando el cerebro y el cuerpo están afectados por el trauma, ambas pueden confundirse fácilmente. Haber sido dañadas puede llevar a las personas, en ocasiones, a dañar a otros o incluso a dañarse a sí mismas.
La pregunta clave es:
¿Cómo encontrar justicia sin perpetuar los ciclos de violencia?
La justicia restaurativa ofrece una respuesta posible. No elimina el dolor ni borra el daño, pero puede aliviar emociones negativas y abrir una puerta real al proceso de curación del trauma.
LA JUSTICIA RESTAURATIVA Y EL TRAUMA TRAS EL DELITO
La justicia restaurativa contribuye a la superación del trauma, fundamentalmente, por tres razones esenciales:
1. Atiende las necesidades reales de las víctimas
En muchos casos, el proceso penal no satisface las necesidades de las víctimas. Esto provoca revictimización y, con frecuencia, una nueva experiencia traumática. Las necesidades de las personas dañadas van mucho más allá del castigo al infractor. Necesitan recuperar el sentimiento de seguridad, obtener respuestas reales a sus preguntas —no solo las respuestas jurídicas—, poder contar su historia, empoderarse y sentirse respetadas.
La justicia restaurativa ofrece un marco más eficaz para responder a estas necesidades. Numerosos estudios muestran que los procesos restaurativos reducen el miedo de las víctimas, aumentan su satisfacción con la justicia, favorecen una mayor comprensión de lo ocurrido y disminuyen el trauma y el estrés.
Como afirma Judith Herman (1992):
“Ninguna intervención que quite poder a los supervivientes puede posibilitar su recuperación, aunque parezca que se haga en su beneficio”.
Desde esta perspectiva, la justicia restaurativa, al devolver la voz y el protagonismo a las personas directamente afectadas, favorece una recuperación más profunda y respetuosa.
2. Facilita la asunción real de responsabilidad por parte de los infractores
En el proceso penal tradicional, las personas infractoras son castigadas, pero rara vez se enfrentan de manera directa al daño causado. Esto genera frustración en las víctimas, que no encuentran reconocimiento ni comprensión de su sufrimiento.
La justicia restaurativa crea espacios donde la responsabilidad no se limita a una sanción impuesta, sino que implica comprender el impacto del daño, asumirlo y, cuando es posible, repararlo. Este reconocimiento tiene un valor reparador tanto para quien ha sido dañado como para quien ha causado el daño.
3. Incluye a la comunidad en el proceso de justicia
El sistema penal suele dejar fuera a la comunidad, a pesar de que el delito también afecta al tejido social. Esta exclusión genera una sensación colectiva de injusticia y desprotección.
La justicia restaurativa incorpora a la comunidad como parte implicada, reconociendo su papel en el daño y en la reparación. De este modo, no solo se responde al delito, sino que se fortalecen los vínculos, se refuerza la responsabilidad compartida y se promueve una sensación más auténtica de justicia.
CONCLUSIONES
La justicia no es un elemento accesorio en el proceso de sanación del trauma: es una parte esencial. Sin embargo, cuando la justicia se reduce al castigo, puede profundizar el daño, reforzar la sensación de impotencia y perpetuar los ciclos de violencia.
La justicia restaurativa ofrece una alternativa que no niega el dolor ni la necesidad de justicia, pero la orienta hacia la reparación, el reconocimiento y la recuperación de la agencia. Al atender las necesidades de las víctimas, promover la responsabilidad real de los infractores e incluir a la comunidad, crea condiciones más seguras para la sanación.
Sanar no es vengarse, ni olvidar, ni imponer silencio. Sanar es recuperar poder, dignidad y sentido, y encontrar una respuesta al daño que no genere más daño. En ese camino, la justicia restaurativa no es solo una opción posible: es una respuesta profundamente humana al trauma.

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