INTRODUCCIÓN
Una de las ideas centrales de la justicia restaurativa es «hacer las cosas bien» o «hacer lo correcto». Como explica Howard Zehr, esto implica que quien ha causado un daño debe asumir su responsabilidad, reconocer, en la medida de lo posible, las consecuencias de sus actos y adoptar medidas para repararlas.
Pero no todos los daños pueden repararse. En un asesinato, por ejemplo, nadie puede devolver la vida a la víctima ni conseguir que su familia vuelva a la situación anterior al delito. Sin embargo, el reconocimiento de la responsabilidad, una disculpa cuando sea auténtica y adecuada o determinados actos simbólicos pueden tener significado para las víctimas.
Por eso, en delitos graves quizá sea más adecuado hablar de reconstrucción que de reparación. El delito rompe muchas cosas y algunas no podrán recuperarse nunca. La justicia restaurativa puede contribuir a que las personas afectadas encuentren una manera de afrontar lo ocurrido y reconstruir, en la medida de lo posible, sus vidas.Este camino pertenece a las víctimas. Podemos acompañarlas, pero nadie puede recorrerlo por ellas. Y tampoco debemos convertir la «curación» en una obligación o en una promesa. Cada víctima tiene sus propios tiempos y necesidades.La responsabilidad de hacer lo correcto corresponde, en primer lugar, al ofensor, pero no exclusivamente a él.
EL PAPEL DE LA COMUNIDAD
La comunidad también tiene responsabilidades. El delito no afecta únicamente a víctima y ofensor, sino que puede tener consecuencias sobre el entorno y, en ocasiones, estar relacionado con determinadas condiciones sociales o comunitarias.
Por eso, hacer lo correcto implica abordar no solo los daños, sino también las causas que contribuyeron a que se produjeran.
Muchas víctimas necesitan saber que se están adoptando medidas para evitar que otras personas sufran lo mismo. Y los ofensores, para cambiar su comportamiento, pueden necesitar apoyo de sus familias, de profesionales y de la propia comunidad.Esto no significa justificar el delito ni trasladar a otros la responsabilidad individual. Significa entender que la responsabilización también necesita oportunidades y apoyo para hacerse efectiva.
La comunidad tiene, además, interés en que quien ha cometido un delito pueda volver a formar parte de ella. Reintegrar no significa olvidar ni justificar lo ocurrido. Significa ofrecer la posibilidad de que una persona responsable de un daño pueda demostrar, mediante sus actos, que es capaz de hacer algo diferente.
Pero esa decisión debe ser voluntaria. No podemos obligar a alguien a «hacer lo correcto» y después presentar el resultado como justicia restaurativa. La responsabilización restaurativa necesita una decisión auténtica de afrontar el daño, escuchar, reconocer y reparar aquello que sea posible.
HACER LO CORRECTO IMPLICA ABORDAR LOS DAÑOS Y SUS CAUSAS
La justicia restaurativa nos recuerda que no basta con preguntarnos qué norma se infringió y qué castigo corresponde. También debemos preguntarnos qué daño se produjo, quiénes fueron afectados, qué necesitan y qué podemos hacer para evitar que vuelva a ocurrir.
Hacer lo correcto puede significar muchas cosas: reconocer el daño, responder preguntas, pedir perdón, realizar una reparación simbólica, asumir responsabilidades o comprometerse con un cambio real.No existe una única forma de reparar porque tampoco existe una única forma de experimentar el daño. La justicia restaurativa no puede devolver el tiempo atrás ni borrar las consecuencias del delito. Pero sí puede abrir espacios para afrontar esas consecuencias y para que víctimas, ofensores y comunidad participen, cuando sea posible y adecuado, en la construcción de respuestas.
CONCLUSIONES
Hacer lo correcto es mucho más que reparar un daño. Es asumir responsabilidades, atender las necesidades de quienes han sufrido y trabajar también sobre las causas que hicieron posible el delito.
La responsabilidad comienza en quien causó el daño, pero la comunidad también tiene un papel: prevenir, acompañar y ofrecer oportunidades para la reintegración. Porque una sociedad que sea restaurativa no debería limitarse a castigar a quien hizo algo mal, sino también preguntarse qué puede hacer para que no vuelva a suceder y cómo puede ayudar a que quien quiera cambiar tenga la oportunidad de hacerlo.
En definitiva, la justicia restaurativa no pretende borrar el pasado. Pretende que, sin negar lo ocurrido, podamos hacer algo diferente con ese pasado y construir, desde la responsabilidad, un futuro menos marcado por el daño.

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