INTRODUCCIÓN
El 28 % de las chicas de 16-17 años ha sufrido ciberviolencia: ¿dónde está la responsabilidad?La Fiscalía ha advertido de la concentración de la ciberviolencia de género entre adolescentes y del creciente uso de la inteligencia artificial para cometer este tipo de conductas. Según su Memoria, el 28 % de las chicas de 16 y 17 años habría sufrido ciberviolencia. Esta noticia, publicada hace unas semanas, pone de manifiesto cómo están cambiando las problemáticas delictivas entre adolescentes y cómo los avances tecnológicos están transformando tanto las formas de ejercer la violencia como sus efectos sobre las víctimas. El acoso escolar y la violencia de género también ha cambiado y, además de aumentar, plantea nuevos retos por la dimensión y el alcance de los daños que produce. Ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿cómo responsabilizamos cuando el daño se produce detrás de una pantalla y, sobre todo, qué estamos haciendo para prevenirlo?
CIBERVIOLENCIA Y JUSTICIA RESTAURATIVA
En un momento en el que todo el mundo parece haber oído hablar de justicia restaurativa, sería necesario detenernos a examinar qué estamos haciendo realmente en la práctica. Es decir, qué intervenciones restaurativas estamos ofreciendo, no solo en el ámbito penal, sino también en otros espacios comunitarios como el escolar. La justicia restaurativa ha evolucionado y ya no puede entenderse únicamente como un paradigma de justicia aplicable al ámbito penal o como una forma de fomentar la reparación del daño. También es una manera de construir, fortalecer y, cuando es necesario, reparar las comunidades.
Oigo hablar de prácticas restaurativas en colegios y escuelas, pero cuando se concretan los proyectos y las intervenciones, muchas veces no consigo ver cómo se traducen realmente en la práctica. Y si tenemos datos como los que estamos manejando, quizá debamos preguntarnos si estamos entendiendo bien cómo utilizar la justicia restaurativa. Aquí debemos hacer autocrítica quienes nos dedicamos a este ámbito. Las verdaderas intervenciones restaurativas no pueden reducirse a formar a profesores y otros miembros de la comunidad escolar y realizar algunas actividades esporádicas destinadas a fomentar la empatía o el diálogo entre los alumnos. Estas acciones pueden ser útiles, pero no sustituyen a programas restaurativos diseñados para responder a daños concretos y sostenidos en el tiempo. Además, muchas de las iniciativas que se financian siguen centradas en informar sobre el problema, sensibilizar o fomentar la denuncia, pero se presta mucha menos atención a cómo prevenir realmente estas conductas y, sobre todo, a cómo intervenir y reparar cuando el daño ya se ha producido. Continuar leyendo en : lawandtrends
Es una constante que encontramos en ámbitos como la violencia sexual y de género o el acoso escolar: muchas campañas de concienciación y pocas intervenciones capaces de prevenir, abordar y reparar los daños.

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