INTRODUCCIÓN
Con frecuencia escuchamos decir que "no hay justicia". Es una afirmación que, compartamos o no, resulta comprensible porque la justicia afecta directamente a la vida de las personas y a la forma en que convivimos dentro de una comunidad.
Cuando sufrimos un delito solemos acudir al sistema de justicia penal esperando encontrar respuestas. Pensamos que, como personas directamente afectadas, tendremos un papel relevante en el proceso, que nuestras necesidades serán escuchadas y que podremos participar activamente en la búsqueda de soluciones.
Sin embargo, la realidad suele ser diferente.
Con demasiada frecuencia las víctimas se convierten en meras espectadoras de un procedimiento que gira en torno a aspectos jurídicos y procesales, mientras que sus preguntas, emociones y necesidades quedan relegadas a un segundo plano. Paradójicamente, quienes han sufrido las consecuencias del delito terminan ocupando un papel secundario dentro de un proceso que nació precisamente a raíz de su sufrimiento.
Por ello, no basta con introducir pequeñas reformas. Lo que se necesita es una transformación en la forma de entender la justicia. Tradicionalmente, nuestro sistema penal se ha apoyado en una concepción fundamentalmente retributiva, donde el delito es visto como una infracción contra el Estado y la respuesta principal consiste en determinar la responsabilidad del autor e imponer una sanción. La Justicia Restaurativa propone un cambio profundo de perspectiva. Parte de la idea de que los delitos causan daños reales a personas concretas y a las relaciones que sostienen la convivencia social. Reconoce que las víctimas necesitan ser escuchadas y reparadas, que los infractores deben asumir la responsabilidad por sus actos y que la comunidad también resulta afectada por el delito y tiene un papel que desempeñar en la búsqueda de soluciones.
EL CAMBIO DE LENTE
La Justicia Restaurativa propone lo que muchos autores denominan un "cambio de lente".
No se trata de negar la importancia del Estado ni de sustituir el sistema de justicia penal. Se trata de mirar el delito desde una perspectiva diferente.
Bajo una visión exclusivamente retributiva, la pregunta principal suele ser:
¿qué ley se ha infringido y qué castigo corresponde imponer?
La Justicia Restaurativa plantea otras preguntas:
¿Quién ha sido dañado?
¿Qué necesidades han surgido a consecuencia de ese daño?
¿Quién tiene la responsabilidad de contribuir a repararlo?
Cuando observamos el delito desde esta nueva perspectiva, el Estado deja de ser el único protagonista y pasa a convertirse en un colaborador de la comunidad en la búsqueda de respuestas más completas y humanas.La finalidad ya no es únicamente castigar la conducta ilícita, sino también atender las consecuencias que ésta ha tenido para las personas y para las relaciones sociales.
¿POR QUÉ LA COMUNIDAD TAMBIÉN ES VÍCTIMA?
Una de las aportaciones más importantes de la Justicia Restaurativa es recordarnos que vivimos conectados unos con otros.Nuestra vida en sociedad se construye sobre relaciones de confianza, respeto, cooperación y apoyo mutuo. Cada persona forma parte de una red mucho más amplia que llamamos comunidad.
Podemos imaginar la comunidad como un gran engranaje compuesto por innumerables piezas. Cada una de ellas cumple una función esencial para que el conjunto funcione adecuadamente.
Cuando se produce un delito, no sólo resulta dañada la víctima directa.También se alteran las relaciones entre las personas.La confianza disminuye.Aparecen el miedo, la desconfianza y la inseguridad.Los vínculos comunitarios se debilitan.Y la comunidad comienza a resentirse.
Además, tanto la víctima como el infractor pueden quedar apartados del grupo de formas distintas. La víctima puede sentirse aislada, incomprendida o vulnerable. El infractor, por su parte, suele quedar marcado por una etiqueta que dificulta su reintegración y su participación positiva dentro de la sociedad. De alguna manera, dos piezas fundamentales dejan de ocupar el lugar que tenían dentro del engranaje comunitario.La comunidad percibe esa fractura y experimenta sus consecuencias.
Por eso la Justicia Restaurativa considera que el daño causado por el delito no termina en la víctima directa. El impacto se extiende hacia el conjunto de relaciones que sostienen la convivencia.Y precisamente por ello la reparación también debe tener una dimensión comunitaria.
RECONSTRUIR LOS VÍNCULOS
La respuesta restaurativa busca algo más que imponer consecuencias jurídicas.
Busca reconstruir los lazos que el delito ha debilitado.
Ayuda a las víctimas a recuperar su voz y su dignidad.
Invita a los infractores a asumir responsabilidades y comprender el impacto de sus acciones.
Y permite que la comunidad participe activamente en los procesos de reparación y reintegración. No se trata de volver exactamente al punto anterior al delito, porque eso rara vez es posible.Se trata de construir relaciones nuevas, más conscientes y más fuertes, basadas en la responsabilidad, el respeto y el reconocimiento mutuo.
Cuando esto ocurre, no sólo se beneficia la víctima ni únicamente el infractor.Toda la comunidad sale fortalecida.
CONCLUSIONES
La Justicia Restaurativa nos invita a cambiar la forma en que observamos el delito.Nos recuerda que detrás de cada expediente judicial hay personas, historias, emociones y relaciones que han resultado dañadas.
Mientras la justicia tradicional dirige gran parte de su atención hacia la infracción de la norma, la Justicia Restaurativa amplía la mirada para incluir a quienes sufren las consecuencias de esa infracción y a la comunidad que también se ve afectada por ella. Este cambio de lente no pretende sustituir la justicia existente, sino completarla. Porque una sociedad verdaderamente justa no puede conformarse con castigar. También debe preocuparse por reparar.
Debe ayudar a las víctimas a recuperar aquello que el delito les arrebató.
Debe favorecer que los infractores asuman responsabilidades y encuentren caminos para no volver a causar daño.
Y debe fortalecer a las comunidades para que recuperen los vínculos que hacen posible la convivencia.Al fin y al cabo, cuando una persona es dañada, toda la comunidad se resiente.
Pero cuando una persona es escuchada, reparada y reintegrada, toda la comunidad se fortalece. Y quizá ahí resida el verdadero cambio de lente que propone la Justicia Restaurativa: dejar de preguntarnos únicamente cómo castigar el daño y empezar a preguntarnos cómo sanar las heridas que éste deja en las personas y en las relaciones que nos unen.

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