INTRODUCCIÓN
El objetivo de la Justicia Restaurativa no es reducir la reincidencia. Puede contribuir a ello, pero convertir la reducción de la reincidencia en su finalidad principal supondría limitar enormemente su verdadero significado.La cuestión central es favorecer que quien ha causado un daño pueda comprenderlo, asumir su responsabilidad y, en la medida de lo posible, hacer algo para repararlo.Frente a una justicia tradicional en la que la responsabilización puede quedar reducida al reconocimiento jurídico de los hechos o al cumplimiento de una condena, la Justicia Restaurativa parte de una idea mucho más sencilla y humana:quien hace algo mal debe tener la oportunidad de hacer lo correcto para enmendar el daño causado.Pero ¿qué significa realmente responsabilizarse?
RENDICIÓN DE CUENTAS EN JUSTICIA RESTAURATIVA
Responsabilizarse no consiste simplemente en decir «lo siento» o pedir perdón.¿Cómo puede alguien escribir una disculpa sincera si todavía no comprende realmente el daño que ha causado?Y ¿cómo podemos esperar que un infractor se centre inmediatamente en la víctima después de haber sido juzgado, condenado y señalado, cuando él mismo puede sentirse convertido en el centro del sistema?
Esto no significa justificar al infractor. Significa comprender que la responsabilidad necesita un proceso.La rendición de cuentas comienza reconociendo que se ha causado un daño, pero una responsabilidad completa está libre de los «sí, pero...» o de las justificaciones que desplazan la culpa hacia las circunstancias o hacia otras personas.Para llegar hasta ahí es necesario comprender el contexto.Y comprender el contexto no significa justificar el delito. Significa entender las cosas en perspectiva de otras cosas: conocer el impacto de la conducta, escuchar cómo ha afectado a la víctima y comprender también sus consecuencias para la comunidad.
El contexto es, en definitiva, la historia que rodea a la historia.La Justicia Restaurativa puede ayudar al infractor a construir ese mapa mental y emocional que le permita comprender dónde está y qué ha provocado.
DEL «¿QUÉ HE HECHO?» AL «¿QUIÉN QUIERO SER?»
Por eso, un proceso restaurativo no debería comenzar necesariamente hablando de perdón o de disculpas.Puede comenzar con algo mucho más importante: la reflexión.
¿Qué ocurrió? ¿Qué hice? ¿A quién afecté? ¿Qué consecuencias tuvo? Y, quizá, la pregunta más importante: ¿quién quiero ser a partir de ahora?No todas las personas responderán de la misma manera. Algunas avanzarán más rápido y otras necesitarán mucho más tiempo. Algunas quizá nunca lleguen a asumir plenamente el daño causado.La Justicia Restaurativa debe aceptar también esta realidad.
Por eso, sus procesos no pueden convertirse en fórmulas rígidas ni en técnicas aplicadas mecánicamente. Las personas somos complejas y la responsabilización también lo es.
¿DEBE SER LA RESPONSABILIZACIÓN UN REQUISITO PREVIO?
Aquí surge una cuestión que considero fundamental.A veces se plantea que, para participar en un proceso restaurativo, el infractor debe haber asumido previamente su responsabilidad.
Y entonces me pregunto:¿No es precisamente uno de los objetivos del proceso restaurativo favorecer esa responsabilización?Si exigimos como condición previa que el infractor haya comprendido el daño y asumido plenamente su responsabilidad, ¿no estamos dejando fuera precisamente a quienes podrían necesitar un proceso que les ayude a llegar hasta ahí?Esto no significa que cualquiera deba participar en cualquier proceso restaurativo. Deben existir condiciones adecuadas de voluntariedad, seguridad y preparación.
Pero una cosa es exigir unas condiciones mínimas y otra muy diferente exigir como punto de partida el resultado al que el propio proceso pretende contribuir.
CONCLUSIONES
La Justicia Restaurativa no debería valorarse únicamente preguntándonos si consigue que alguien vuelva o no a delinquir.Busca algo más profundo: que el infractor comprenda el daño, asuma su responsabilidad y responda ante las personas afectadas.
La reducción de la reincidencia puede ser una consecuencia de este proceso, pero no debería confundirse con su finalidad.La verdadera responsabilización no consiste en decir las palabras adecuadas ni en pedir perdón porque alguien nos lo exige.Consiste en comprender qué hemos hecho, a quién hemos dañado y qué podemos hacer para responder por ello.Por eso, quizá deberíamos dejar de preguntarnos únicamente si un infractor está suficientemente arrepentido para participar en un proceso restaurativo.Y empezar a preguntarnos:¿Puede un proceso restaurativo ayudarle a llegar a comprender aquello que todavía no comprende?Porque tal vez la responsabilización no sea el requisito para comenzar el camino.Tal vez sea precisamente el camino.

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