lunes, 7 de septiembre de 2026

La justicia restaurativa es una opción más humana para gestionar los daños

 

INTRODUCCIÓN

¿Qué es la justicia?Es una pregunta que me hago muy a menudo, especialmente cuando escucho a las víctimas reclamar justicia. Con frecuencia interpretamos estas peticiones como una demanda de penas más duras y atribuimos a las víctimas deseos de venganza o una concepción esencialmente retributiva de la justicia.

Sin embargo, quizá estamos proyectando en ellas nuestros propios pensamientos. Si nosotros, que no hemos sufrido directamente el daño, podemos pensar que quien ha cometido un delito debe ser castigado con dureza, ¿cómo no van a sentir algo parecido quienes han sido afectados por el crimen en primera persona?Es comprensible que, inicialmente, pueda producirnos cierto alivio saber que quien ha cometido un delito es separado de la sociedad durante un largo periodo de tiempo. Pero, cuando los años pasan, la inquietud puede regresar. Y especialmente cuando comprobamos que, tras ese tiempo en prisión, el infractor no ha tenido una verdadera oportunidad de reconocer lo ocurrido, asumir su responsabilidad y hacer lo correcto. Más preocupante aún es que pueda salir sin voluntad de no delinquir o, incluso, peor que cuando entró.

JUSTICIA RESTAURATIVA: VOLVER A LA ESENCIA DE LA JUSTICIA

La Justicia Restaurativa, tal y como fue concebida en sus orígenes, no debería limitarse a los delitos leves. Su esencia puede aplicarse también a delitos graves, porque parte de una idea sencilla pero profundamente humana: cuando hacemos algo mal y causamos un daño, debemos asumir nuestra responsabilidad y hacer todo lo posible por repararlo.La Justicia Restaurativa ofrece al infractor la oportunidad de responsabilizarse de lo ocurrido. Y, sobre todo, permite distinguir entre quien reconoce el daño causado y está dispuesto a hacer lo posible para repararlo y quien no quiere asumir ninguna responsabilidad.La justicia no consiste necesariamente en tratar a todos de la misma manera. Ya Ulpiano la definía como la «constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde». Y Aristóteles vinculaba la justicia con la proporción: tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales, en proporción a su desigualdad.

Ahí reside, precisamente, una de las grandes aportaciones de la Justicia Restaurativa: recuperar una concepción de la justicia más humana, flexible y atenta a las circunstancias concretas de las personas.Porque detrás de un delito hay personas. Una víctima que ha sufrido un daño, un infractor que debe responder por lo que ha hecho y, en muchas ocasiones, familias y comunidades que también han resultado afectadas.Por eso, el facilitador restaurativo no puede ignorar aspectos como la culpa, la vergüenza, el trauma, el miedo, la necesidad de reconocimiento o el deseo de comprender qué ocurrió. Estos elementos pueden ser determinantes tanto para que el infractor asuma realmente su responsabilidad como para encontrar una forma de reparación que responda a las verdaderas necesidades de las víctimas.

CUANDO LAS VÍCTIMAS PIDEN JUSTICIA

Quizá cuando una víctima pide justicia no está pidiendo únicamente que alguien sea castigado.Muchas veces está pidiendo algo mucho más básico: ser escuchada, ser reconocida y que alguien asuma la responsabilidad por el daño que ha sufrido.Y aquí encontramos una de las grandes paradojas del sistema penal tradicional. El proceso penal debe garantizar, lógicamente, los derechos de defensa del infractor. Pero esta estructura puede terminar favoreciendo que la persona acusada niegue los hechos, los minimice, los justifique o simplemente evite asumir sus consecuencias.

Desde la perspectiva de la víctima, esto puede resultar devastador.Porque mientras ella convive con las consecuencias del delito, puede percibir que quien le causó el daño no reconoce lo sucedido ni muestra voluntad alguna de repararlo. Y cuando esa necesidad de reconocimiento queda sin respuesta, la demanda de castigo adquiere una fuerza todavía mayor.

Por eso, quizá deberíamos preguntarnos si algunas de las demandas más retributivas de las víctimas son realmente consecuencia de un deseo inicial de venganza o si, en ocasiones, son la respuesta a un sistema que no ha conseguido ofrecerles algo tan elemental como el reconocimiento del daño sufrido.La Justicia Restaurativa no pretende eliminar la responsabilidad ni sustituir necesariamente al sistema penal. Pretende algo diferente: que la responsabilidad tenga un contenido real y que la justicia pueda ocuparse también de aquello que el castigo, por sí solo, no siempre consigue reparar.

CONCLUSIONES

La Justicia Restaurativa nos obliga a replantearnos qué entendemos por justicia.Castigar puede ser necesario en determinados casos. Pero castigar no significa necesariamente responsabilizar, ni garantiza que el daño sea reparado, que la víctima pueda recuperar parte de lo perdido o que el infractor comprenda realmente las consecuencias de sus actos.

Una justicia verdaderamente humana debería ser capaz de hacer algo más: mirar el daño, escuchar a quien lo ha sufrido y ofrecer a quien lo causó la oportunidad de asumirlo y repararlo en la medida de lo posible.Quizá por eso, cuando una víctima pide justicia, deberíamos escucharla antes de interpretar sus palabras.Porque tal vez no esté pidiendo más castigo.Tal vez esté pidiendo, sencillamente, que alguien reconozca que lo que le ocurrió estuvo mal, que su sufrimiento importa y que quien causó ese daño sea capaz de asumirlo.

Y eso también es justicia.

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