La reinserción trata de favorecer la vuelta del infractor al marco social del que se separó por la comisión del delito. Trata de evitar el concepto de delincuente sin posibilidad de redención, que debe llevar “a cuestas” el estigma del delito cometido durante toda su vida. Mi visión es que con esta reinserción; todos ganamos pues cambiamos una vida improductiva por una con posibilidad de hacer algo productivo, evitando la reincidencia y por tanto futuras potenciales víctimas. Esto sin duda, me hace sentir más segura como miembro de la comunidad y por tanto con cierto riesgo de sufrir un delito y convertirme en víctima. Esta reflexión en el caso de jóvenes infractores, cobra más importancia si cabe, ya que hablamos de menores, con una personalidad en formación a los que una segunda oportunidad puede suponerles una diferencia abismal entre volver a delinquir (y condenar así a toda la comunidad a vivir con un infractor con larga vida social y delictiva) o volver a la sociedad como una persona diferente y con voluntad de acatar las normas (y así lograr para todos un joven con todo un futuro por delante).
En el caso de menores es donde tiene más relevancia además de la reinserción, la reducación, aunque ambos términos se utilizan como sinónimos, realmente no lo son.
