viernes, 9 de abril de 2021

Reparación no es igual que justicia restaurativa


 INTRODUCCIÓN

Creo que es necesario recordar y matizar que la Justicia Restaurativa, surgió porque el delito es algo más que una violación de las normas, es una violación de las personas y sus relaciones, estas violación causa obligaciones una de ellas es de la de reparar el daño, pero repararlo de una forma no mercantilista sino reparar en sentido de curar, sanar o transformar. Y para cumplir estas obligaciones debe participar siempre que sea posible víctima, infractor y comunidad. Entonces claramente justicia restaurativa no es equivalente a reparación, o indemnización, igual que mediación penal y justicia restaurativa, no es lo mismo. Digo esto, porque en nuestra visión litigante y sobre todo materialista, tenemos tendencia a pensar que la reparación es siempre económica y que ante el daño, la víctima siempre requiere compensación material. Esto no es así, y además muchos delitos requieren de otras reparaciones, que pocos que nunca hemos sido víctimas entenderíamos. Además en muchas ocasiones se corre el riesgo de acabar confundiendo la reparación del daño que puede ser algo alejado de la justicia restaurativa con la oportunidad de dialogo que ofrece la justicia restaurativa sobre cómo el delito ha impactado en la vida de la víctima, ofensor y comunidad.

DIFERENCIAS REPARACIÓN Y JUSTICIA RESTAURATIVA

Y es que, hay diferencias muy notables, la Justicia Restaurativa gira en torno a la comunicación entre las dos partes involucradas en un delito. Mientras la reparación del daño desde un punto de vista jurídico-penal estricto intenta armonizar el equilibrio entre las partes a través del pago de una a otra. Esta reparación del daño puede ser exigida por un Tribunal sin comunicación entre las partes. 

Un proceso de justicia restaurativa a menudo, concluye con un acuerdo de reparación material del daño muy similar a la teoría general de daño, pero realmente lo novedoso es que un proceso restaurativo debería finalizar siempre con un acuerdo reparatorio en sentido amplio, y es que cuando se habla de Justicia Restaurativa, la reparación debe ir más allá de la teoría general ( compensar económicamente el daño), el contenido de la reparación es más profunda y su valor es ante todo ético, moral y social.

Por lo tanto, reparar para la Justicia Restaurativa no es solo la idea de reparación material del infractor a la víctima y propia de los tribunales de justicia, además esto limitaría enormemente su aplicación ya que en sentido estricto no todos los delitos pueden ser reparados desde un punto de vista material y no todas las víctimas desean esta clase de reparación.

En Justicia Restaurativa este término trata de la restauración de los “lazos quebrados” entre las personas: entre víctima e infractor, víctima y comunidad, infractor y comunidad e incluso entre miembros de la sociedad entre sí, eso es así porque el delito desde la perspectiva de la Justicia Restaurativa ya es visto no sólo como una violación de las normas escritas creadas por el estado sino como una vulneración de los lazos entre los individuos. En este sentido, la Justicia Restaurativa juega un papel importante transformando la forma de relacionarnos los unos con los otros. De ahí, que la reparación tenga una visión más trascendental que trata de atender las necesidades de todas las víctimas, reintegrar al infractor de nuevo en la sociedad y conseguir así una sociedad más segura y pacifica, en definitiva y aunque suene a tópico un lugar mejor donde vivir.

CONCLUSIÓN

Precisamente la importancia de los procesos restaurativos con respeto a la reparación es que esta actividad reparadora no es impuesta por un tercero ajeno al delito (el juez) sino que es asumida por el infractor de forma totalmente voluntaria.

2 comentarios:

  1. “…esta actividad reparadora no es impuesta por un tercero ajeno al delito (el juez) sino que es asumida por el infractor de forma totalmente voluntaria”.
    Totalmente de acuerdo. Pero debemos tomar en cuenta que esa forma voluntaria raramente ha de ser sincera si el ofensor vive condenado al encierro, que es inevitablemente algo denigrante y estigmatizante.
    Si en vez de pena de prisión se asignaran condenas a realizar tareas o prestar servicios gratuitamente, de utilidad y con producto resultante para la indemnización de las víctimas, es mucho más probable que los ofensores realmente tuvieran una voluntad sincera de llevar adelante su actividad reparadora.
    Es verdad que, aun cuando esa cooperación, que, estando el ofensor encarcelado, sólo podría ser un pedido de perdón, no fuera sincera, se podría ver como una aproximación a lo restaurativo, pero una verdadera reparación debería consistir también en algo más concreto, tal como una tarea o un servicio y no sólo en un simple pedido de perdón. Y eso la cárcel no lo permite, pero una pena alternativa al encierro lo permitiría y hasta alentaría.
    Por eso vuelvo a insistir una vez más en que, para que la justicia restaurativa pueda ejercerse en su plenitud, la pena improductiva, denigrante y estigmatizante del encierro debería convertirse en una pena, quizás dura, severa y larga si fuera necesario, pero productiva, reparadora para la víctima y repersonalizadora para el ofensor.
    Y todo movimiento restaurativo debería prioritariamente insistir en lograr este cambio.

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  2. “…en muchas ocasiones se corre el riesgo de acabar confundiendo la reparación del daño que puede ser algo alejado de la justicia restaurativa con la oportunidad de diálogo que ofrece la justicia restaurativa sobre cómo el delito ha impactado en la vida de la víctima, ofensor y comunidad”.
    Creo que es exagerado peyorativizar la reparación en términos materiales.
    Si bien una indemnización no puede corregir un daño irreversible, tal como el producido por un homicidio, el mero gesto simbólico de hacer algo concreto, como una tarea útil o un servicio prestado, ambos gratuitamente y que puedan transformarse por su producto en dinero y éste se destine a un fondo de indemnizaciones para las víctimas, puede interpretarse y vivirse como una reparación, si no del daño, de la ofensa infligida.
    ¡Claro que es buenísimo que el ofensor dialogue, se responsabilice por lo que hizo y pida perdón a su víctima o a sus familiares si ella ha muerto!
    Pero, para reafirmar su verdadera intención de reparar, hacer algo concreto y que le cueste un esfuerzo a favor de su víctima y que a ella le sea útil y agradable (lo que he denominado «oblatividad») es indispensable para asegurar que ese diálogo y pedido de perdón no sea mero palabrerío.
    Por otra parte, si ese esfuerzo resulta suficientemente penoso para valer como pena disuasiva (y hasta retributiva, si se quiere, pero no denigrante ni estigmatizante), tendremos una posibilidad de sustituir con dicha pena la mera privación de la libertad, que es improductiva, contraproducente y hoy ya obsoleta como medida de seguridad.

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