viernes, 2 de abril de 2021

Víctima en justicia restaurativa y tradicional

 


SER VÍCTIMA PARA LA JUSTICIA TRADICIONAL

Sufrir un delito y convertirse en víctima de por si es un hecho terrible y traumático pero esto se agrava cuando se acude a la justicia buscando precisamente esto, que se haga justicia. La víctima se siente tan presionada  y señalada que en ocasiones el proceso penal provoca la victimización secundaria, ya que todo lo que acudir a la Justicia conlleva, no la deja cicatrizar las heridas sino que la hace revivir el delito y la condena a llevar el rol de víctima de una forma perpetua. Las personas que han sufrido un delito piensan que durante el proceso penal y en el juicio serán escuchadas, y que todas sus preguntas, sus dudas e inquietudes serán solucionadas pero esto está muy lejos de ser así. Son meros testigos en un proceso que las afecta tan directamente como el delito, los daños que han sufrido parecieran colaterales puesto que lo que se va a dilucidar durante el proceso es si el infractor cometió el delito, y por tanto vulneró la norma que el estado ha creado. El estado es la víctima principal. Muchas víctimas además afirman que se sienten un cebo que usa el Estado para conseguir castigar al infractor.

EL OBJETIVO DE LA JUSTICIA TRADICIONAL

El objetivo es el castigo al infractor si al final es declarado culpable, no hay espacio para la responsabilización, la curación y la sanación de las heridas que ha creado el delito. Además en un intento por uniformizar la respuesta judicial, la Justicia tradicional trata a todas las víctimas por igual, y cada una de ellas, al igual que cada persona somos diferentes de otras y no todos los hechos delictivos aunque sean iguales, impactan de la misma manera. Solemos pensar que la Justicia debe ser igual para todos pero sin duda, una justicia más justa tendrá en cuenta las circunstancias de los seres humanos que acuden a ella.

SER VÍCTIMA PARA LA JUSTICIA RESTAURATIVA

Frente a esto la Justicia Restaurativa se presenta como una justicia que se ciñe menos a los rígidos protocolos y más a las necesidades que cada víctima tiene para sentirse reparada y poder empezar el viaje hacia su recuperación, solo así la víctima va a sentir que recupera el control o al menos parte del control sobre su vida

Esto no significa que la Justicia Restaurativa se olvide a los infractores pues fomentando la reparación del daño a la víctima, se busca concienciar al infractor y que recuperando su humanidad abandonada y su empatía,  decida no volver a dañar a otro ser humano. Así logramos la reinserción de las víctimas y de la mayoría de los infractores. Porque lo llamemos reinserción o utilicemos cualquier otra palabra, cuando el delito se comete la víctima y el infractor se "alejan" de la comunidad, el delito los une de manera desigual pero además los aísla de su entorno, la Justicia Restaurativa favorece su vuelta a esta comunidad, su reconexión con ella y de una manera más positiva, sin las etiquetas de víctima e infractor. El castigo nunca satisface a las víctimas, es el estado el que convierte al castigo en  el eje del sistema en detrimento de tener en cuenta las necesidades reales de los afectados: víctima, ofensor y comunidad. 

1 comentario:

  1. “El castigo nunca satisface a las víctimas, es el Estado el que convierte al castigo en el eje del sistema en detrimento de tener en cuenta las necesidades reales de los afectados: víctima, ofensor y comunidad”.
    El dilema, que parece inevitable, es la que se cree que, si no hay castigo, hay necesariamente impunidad.
    El criminólogo español y sacerdote jesuita Antonio Beristain ha clamado reiteradamente por suprimir los castigos, pero actualizar las sanciones penales, entendiendo por «castigo» una pena meramente aflictiva o, al menos, primordialmente aflictiva.
    Esto es, pedía eliminar las penas que replicaban el daño cometido, tal como es la hoy ya innecesaria pena de encierro. Innecesaria porque la posibilidad de un seguimiento personalizado complementado por una localización permanente mediante elementos electrónicos ha dejado a las cárceles obsoletas.
    Así, con penas alternativas al encierro, como una condena a reparar daños o hacer trabajos comunitarios en libertad vigilada - estrictamente vigilada, desde ya - a favor de las víctimas, pero fuera de la cárcel, se puede recurrir a penas severas pero que no sean inútiles - y menos contraproducentes - ni degradantes ni estigmatizantes.
    Estar obligado durante un tiempo considerable a reparar puede ser penoso - quizás hasta muy penoso - pero no es denigrante ni tan estigamatizante como estar preso.
    Entonces, con esas penas restaurativas, que deberían satisfacer a víctimas no esencialmente vengativas y rescatar a victimarios no esencialmente irrecuperables, se resolvería el dilema.
    No habría impunidad, pero tampoco castigo, en el sentido de pena meramente aflictiva. Sería, si usamos un neologismo, «impunitivad», pero no impunidad.

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