miércoles, 7 de abril de 2021

Responsabilidad y justicia restaurativa

 


INTRODUCCIÓN

Estos días he hablado de elementos para configurar la Justicia Juvenil con enfoque restaurativo   y como puede configurarse en torno ha ciertos valores restaurativos que he considerado esenciales para esta Justicia y para fomentar en los jóvenes infractores, valores que les hagan "volver a la sociedad". Por supuesto que todo lo hablado para jóvenes sería aplicable en la justicia de adultos, aunque parezca que es difícil las personas pueden cambiar si les damos una oportunidad y sobre todo si los tratamos con respeto. Al final todo gira como decía una víctima en una de las reuniones conjuntas que he facilitado con su ofensor, "todos somos personas" y se trata de eso, mirar a las personas ofensoras más allá del delito que cometieron, rescatando los aspectos y cualidades positivas que los pueden ayudar a vivir alejados del delito y sobre todo a reconectar con la comunidad.

RESPONSABILIDAD Y EMPATÍA 

He hablado del respeto, la interrelación con los demás miembros de la comunidad y sus seres queridos y hoy quiero hablar de la responsabilidad y empatía:

La responsabilidad y la empatía. Este es el compromiso de estas relaciones. Los jóvenes infractores tienen unas necesidades, pero también y sobre todo la responsabilidad de hacer lo correcto, de devolver bien por el mal que hizo a través de la reparación del daño o su compensación. Tomar responsabilidad por el daño, no es sino asumir lo que se ha hecho, reconocer que se ha dañado a otra persona, y esto sin duda, es mostrar respeto a las víctimas, ya que las está diciendo: sé que te hice daño y voy a hacer lo posible para compensar este daño.

En la práctica y en la justicia juvenil, todo esto se mostraría en toda clase de medidas de seguridad que ayuden al joven a ver que efectivamente causó un daño y a asumir que fue su culpa pero de una forma positiva, aprendiendo que no debe volver a delinquir no por miedo al castigo sino porque ha comprendido que no quiere volver a dañar a otro ser humano.(empatía)

Por un lado estas medidas tratan de que el adolescente se aleje del delito, pero es que además el compromiso activo de este, en el cumplimiento de estas medidas, supone una reafirmación de que quiere acatar las normas de convivencia, que desea no volver a delinquir y para ello cumplirá con las medidas que se le van a imponer. Esto producirá una reparación simbólica del daño porque esta comunidad perdió su sentimiento de seguridad por el delito que cometió este adolescente y ahora recupera esta seguridad al saber que este menor quiere no recaer y al cumplir con estas medidas educativas está reafirmando su respeto a las normas. Además alguna de estas medidas incide en el posible origen del delito (por ejemplo adicción a ciertas sustancias) para así poder prevenir la repetición de conductas delictivas por esos posibles problemas. 

Por supuesto, que estas medidas implican una intervención de naturaleza educativa, terapéutica o formativa (para la mejor reeducación y reinserción) Ejemplos de estas medidas pueden ser las siguientes : abandonar el trato con determinadas personas, prohibir la visita a bares, discotecas o centros de diversión, abstenerse de ingerir bebidas alcohólicas e instalarse en un lugar de residencia determinado cambiando el original. Si tenemos en cuenta los principios de la justicia restaurativa a la hora de imponer estas medidas podrían tener un enfoque restaurativo y considerarse una resolución con enfoque restaurativo. Por supuesto, en un mundo perfecto, esto se debería aplicar a toda clase de personas ofensoras tanto adultos como jóvenes y este sería el camino hacia una total implementación de la justicia restaurativa

2 comentarios:

  1. Analizar la justicia penal desde su aplicación a jóvenes tiene la ventaja de abrir un marco de referencia en el que la piedad por el ofensor es mucho más factible que si se tratara de un adulto, con cual se aumenta la posibilidad de aceptar cambios.
    Pero también tiene la desventaja de que parcializa las propuestas, en este caso restaurativas, y promueve la idea de su no aplicación a casos de delincuentes considerados más responsables e indignos de lástima por su edad.
    De todos modos, estoy de acuerdo con lo dicho en el final de la nota, que ,lo ideal es que el cambio tenga como propósito ser aplicable para todos.

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  2. Cuando se menciona el apelativo a la responsabilidad y al desarrollo de la empatía, entendida como el desistir de dañar a otros, se insta a un giro de noventa grados en la actitud delincuencial. Pórtate bien y no dañes.
    Sin embargo, la caída en la vida delictiva puede deberse - y suele deberse – a que el joven o no tan joven desee triunfar de algún modo en al vida, ser alguien, ser reconocido, como todos, en general, aspiran a lograr, pero, creyendo que tiene cerrados otros caminos, se inclina por la ilegalidad de sus acciones, que a veces culminan en insensibilidad y hasta crueldad.
    Quizás ese giro de noventa grados, que, según los analistas sistémicos del Mental Research Institute de Palo Alto, California, es muy inestable, debería convertirse en un giro de ciento ochenta grados. Una verdadera conversión, un giro copernicano. O una metanoia, como era la conversión de los primeros cristianos.
    Es lo que logró en la novela “Los miserables”, de Victor Hugo, el obispo Myriel, al inculcar en Jean Valjean un deseo no de ser simplemente un buen ciudadano de ahí en más, sino de ser una persona sumamente virtuosa, solidaria y heroica, casi cercana a la santidad.
    En otros posts he mencionado como propuesta de cambio de paradigma en la respuesta al delito los neologismos «impunitividad», que sería la superación de la antinomia entre castigo e impunidad y «oblatividad», que sería la realización de una reparación sacrificada y penosa para el ofensor y útil y agradable para la víctima. Ahora agrego un tercer neologismo, «valjeanización», que sería la apelación al cambio copernicano.
    No se trataría de, simplemente, de una exhortación a dejar de delinquir, sino de asumir una postura firme de combatir el delito ayudando a otros caídos a recuperarse.
    Es una propuesta que imita lo que se pretende en Alcohólicos Anónimos, donde el recuperable se convierte en recuperado y el recuperado en recuperador.
    Por otra parte, este incentivo a convertirse en un émulo de Jean Valjean sería mucho más eficaz si se trabajara en grupos de autoayuda, coexistiendo con la realización de tareas en libertad vigilada, fijadas como penas restaurativas.

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