domingo, 11 de abril de 2021

Justicia y justicia restaurativa

 


JUSTICIA

¿Qué es Justicia? Es una pregunta que me hago muy a menudo, sobre todo cuando veo a las víctimas pedir justicia. Muchos  piden penas más duras, y achacan a las víctimas deseos de venganza y la necesidad de ser retributivas. Simplemente pienso que trasladamos nuestros propios pensamientos, a las personas que han sufrido un daño y pensamos que si nosotros opinamos así, que no hemos sufrido al menos un daño directo y real, ¿Cómo no van a sentir lo mismo, las víctimas reales, las que han sido afectadas por el crimen, en primera persona?

Y es que en un principio nos puede aliviar el hecho de que alguien que ha cometido un delito, sea separado de la sociedad por largo tiempo, sin embargo, cuando vemos como este tiempo va pasando, nos damos cuenta que la inquietud vuelve a nosotros especialmente si además tras largo tiempo en prisión, el infractor no ha tenido la oportunidad de hacer lo correcto, y de reconocer y reparar en la medida de lo posible el daño, y en definitiva, sale de prisión sin voluntad de no delinquir o peor que cuando entró.

JUSTICIA RESTAURATIVA COMO MEJOR FORMA DE HACER JUSTICIA

La Justicia Restaurativa tal y como fue entendida en su origen, es aplicable a toda clase de delitos no solo los leves y da la oportunidad al infractor de hacer lo correcto, le trata como el ser humano que es y le dice que lo normal es si se hace algo mal, hacer lo posible para enmendar el daño que se ha ocasionado.

 Esta justicia ofrece al infractor la posibilidad de responsabilización, Y sobre todo diferencia a los que asuman su delito de los que no. La Justicia no puede ser igual para todos, de hecho como decía Ulpiano, es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde. No puede ser tratado igual una persona que asume su culpa y como ser humano que es, se comprometa a reparar y compensar el daño que ha causado que otro que no lo hace.

Decía Aristóteles: La justicia es la mesura, simbolizada por la balanza, es decir, por el equilibrio y la proporción: a cada uno su parte, ni mucho ni poco. Es por ello que  la justicia consiste en “tratar igual a los iguales, y desigual a los desiguales, pero en proporción a su desigualdad"

Y esto es lo bueno de la Justicia Restaurativa, vuelve a la esencia de la Justicia, una justicia humana y flexible que tiene en cuenta las variables que como personas que son tanto la víctima como el infractor y sus allegados pueden darse. De ahí, que el facilitador restaurativo deja tener en cuenta sentimientos como la culpabilidad, vergüenza, trauma...y muchos otros que serán determinantes en la responsabilización del infractor y en la mejor y más adecuada reparación del daño para las víctimas 

Por eso, cuando las víctimas piden justicia, lo que hacen es reclamar atención de la justicia penal, que se tenga en cuenta sus necesidades y que se las escuche. Las víctimas necesitan que haya alguien que se haga responsable del daño y del dolor causado, y generalmente el sistema penal tradicional no lo favorece, ya que da las "armas" necesarias al infractor para negar los hechos, no reconocerlos o justificarlos. 

CONCLUSIONES

La justicia tradicional fomenta la no responsabilización del infractor y si lo hacen, suele ser por motivos espurios que en nada suelen tener que ver con la necesidad de hacer lo correcto. Por eso, las víctimas, llegados a esta punto, se enfadan con toda la razón del mundo, reclamando justicia y debido a este desajuste en el que el infractor parece tener más derechos que obligaciones, es cuando el retribucionismo cobra relevancia. ¡Normal!, si el infractor niega los hechos, miente o justifica su conducta, las víctimas sienten que no son respetadas y por eso, la única opción que tienen es reclamar penas más duras. Frente a esto, la justicia restaurativa abre el camino a la responsabilización, el respeto, el reconocimiento , la humanización y la reparación del daño adecuada a lo que las víctimas necesiten para sentirse reparadas o comenzar su camino hacia la "curación".

1 comentario:

  1. “…la justicia restaurativa abre el camino a la responsabilización, el respeto, el reconocimiento, la humanización y la reparación del daño adecuada a lo que las víctimas necesiten…”
    La privación de la libertad mediante el encarcelamiento, en cambio, cierra todos esos caminos, porque:
    1) El preso casi nunca se responsabiliza por lo que hizo porque, al recibir una retribución por la retribución misma, considera que ya está a mano con una sociedad que lo castiga. Y muchas veces se resiente porque considera que el mal recibido excede al que él provocó.
    2) El reconocimiento de los presos es muy raro, porque casi nunca se los considera como seres humanos o, en el mejor de los casos, se los considera como seres humanos degenerados.
    3) Humanización y cárcel no son términos compatibles en absoluto, a pesar de que hay algunos voluntarios que tratan de hacer de las cárceles algo menos siniestro.
    4) La reparación del daño no se da, aun cuando el preso trabaje en la cárcel, porque ese trabajo no se considera reparación sino que es trabajo forzado entendido como castigo añadido al castigo de estar encerrado o bien algo que beneficia al ofensor si recibe un pago por ello, pero el producto no se destina a indemnizar a las víctimas (aunque esto sí podría hacerse y hasta existe en teoría, pero en la práctica casi nunca se hace).
    Por lo tanto, nuevamente es posible concluir que encarcelar es diametralmente opuesto a lo que la justicia restaurativa propone y eso implica que, para implementar una justicia restaurativa plena, lo primero que habría que conseguir es que la pena de encierro sea sustituida por penas alternativas con fines claramente restaurativos.

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