lunes, 16 de febrero de 2026

Reflexiones de una facilitadora del programa de justicia restaurativa Ave Fénix


 Tras comenzar un nuevo grupo del programa Ave Fénix de la Sociedad Científica de justicia restaurativa me gustaría hacer unas reflexiones de lo que implica hacer justicia restaurativa con personas que han sufrido daños; no se trata de apoyo restaurativo ni nada parecido se trata de algo mucho más profundo, y que puede ser un perfecto complemento a los programas terapéuticos: 

1.  Hacer justicia restaurativa con víctimas implica darlas voz

Uno de los gestos más radicales de la justicia restaurativa es devolver a las víctimas aquello que el sistema penal les ha arrebatado: su historia. No para revivir el daño, sino para recuperar el control. Cuando una víctima puede narrar su historia en sus propios términos, deja de ser un objeto del procedimiento y vuelve a ser sujeto de sentido, alguien cuya experiencia importa y es legítima.

2. Implica reconocer que la justicia no es solo castigo, sino sanación

Trabajar restaurativamente con víctimas supone aceptar que el castigo, incluso cuando es legítimo, rara vez responde a sus necesidades más profundas. Las víctimas suelen buscar seguridad, reconocimiento, verdad, dignidad, reconexión. La justicia restaurativa amplía la noción de justicia hacia una justicia sanadora, donde el foco está en lo que el daño rompió y en cómo empezar a recomponerlo, aunque nunca vuelva a ser igual.

3. Implica crear espacios seguros donde el dolor no sea cuestionado

Facilitar procesos restaurativos con víctimas exige una enorme responsabilidad ética: cuidar el espacio. Un espacio donde no se minimice el daño, donde no se exija perdón, donde no se imponga ninguna narrativa de “superación”. La justicia restaurativa no empuja a las víctimas a estar bien, sino que las acompaña a estar como están, con respeto profundo por sus tiempos y límites.

4. Implica aceptar que no siempre habrá un ofensor presente

Uno de los aprendizajes clave es entender que la justicia restaurativa no se reduce al encuentro víctima-ofensor. Trabajar solo con víctimas también es justicia restaurativa cuando el enfoque está en el daño, las necesidades, la responsabilidad (aunque sea simbólica o social) y la reconexión. Negar estos espacios por la ausencia del infractor sería reproducir una nueva forma de exclusión.

5. Implica sostener la complejidad emocional sin dirigirla

Las víctimas no sienten una sola cosa: pueden coexistir rabia, culpa, miedo, tristeza, deseo de justicia, incluso ambivalencia. Hacer justicia restaurativa implica no ordenar esas emociones, no jerarquizarlas, no corregirlas. La facilitación no busca respuestas correctas, sino procesos honestos donde todo lo humano tenga lugar.

6. Implica acompañar el tránsito de víctima a superviviente, sin imponerlo

El paso de “víctima” a “superviviente” no es una obligación moral ni un destino prefijado. Es un proceso íntimo, no lineal, a veces reversible. La justicia restaurativa ofrece condiciones para que ese tránsito sea posible, pero no lo exige. Acompañar significa caminar al lado, no marcar la meta.

7. Implica reconocer que la comunidad también tiene responsabilidad

El daño no ocurre en el vacío. La justicia restaurativa con víctimas invita a mirar más allá del hecho delictivo y a preguntarse por los silencios, las ausencias, las respuestas institucionales fallidas. Dar voz a las víctimas también es interpelar a la comunidad, abrir la posibilidad de una responsabilidad compartida y de reparaciones creativas.

8. Implica confiar en la resiliencia sin romantizar el sufrimiento

El símbolo del Ave Fénix es potente precisamente porque no niega el fuego ni las cenizas. La justicia restaurativa no glorifica el dolor ni lo convierte en aprendizaje obligatorio. Reconoce la resiliencia como posibilidad, no como mandato, y honra el derecho de las víctimas a no tener que encontrar “sentido” a lo que nunca debió ocurrir.

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