martes, 15 de septiembre de 2026

Las necesidades de las víctimas desde la justicia restaurativa

INTRODUCCIÓN

Como he comentado en más de una ocasión, y siguiendo a Howard Zehr, la Justicia Restaurativa parte de una idea sencilla: cuando se comete un delito, se causa un daño a una persona y debemos hacer todo lo posible para abordarlo y repararlo.El objetivo central es la víctima y la atención de sus necesidades. Pero atender a las víctimas también puede ayudar a la persona ofensora, al permitirle comprender el daño causado, asumir su responsabilidad y tener la oportunidad de hacer lo correcto.En otras ocasiones he hablado de la vergüenza que puede experimentar quien comete un delito y de cómo este sentimiento puede dificultar que reconozca los hechos. Sin embargo, la vergüenza también puede estar presente en las víctimas, junto con sentimientos de culpa, humillación o pérdida de dignidad.

La forma en que respondemos al delito puede aliviar ese daño o, por el contrario, contribuir a profundizarlo. Por eso, la Justicia Restaurativa propone poner en el centro a las personas y sus necesidades, buscando responsabilidad, reparación y recuperación.Y algo que no debemos olvidar es que las necesidades de las víctimas no siempre tienen que ver con una reparación económica. Muchas veces necesitan algo tan básico como ser escuchadas y reconocidas.

ALGUNAS NECESIDADES DE LAS VÍCTIMAS

La víctima necesita contar su historia, pero contarla de una manera humana, en un espacio seguro y respetuoso. Necesita poder explicar no solo qué ocurrió, sino cómo le afectó y qué consecuencias ha tenido en su vida. El delito puede alterar profundamente nuestra visión de nosotros mismos, de los demás y del mundo. Poder contar lo sucedido en un contexto donde se recibe reconocimiento puede ayudar a reconstruir el significado de esa experiencia.

El facilitador restaurativo no es un terapeuta, pero sí necesita conocer cómo puede afectar el trauma y actuar de forma que el proceso nunca se convierta en una nueva fuente de daño.También puede ser importante para la víctima contar su historia a la persona que le causó el daño. Explicar directamente qué ocurrió, cómo le afectó y qué consecuencias ha tenido puede permitir que la persona ofensora comprenda el verdadero impacto de sus actos.

El juicio cumple una función fundamental, pero no siempre es el espacio donde una víctima puede sentirse escuchada y reconocida como persona. La lógica judicial busca determinar hechos y responsabilidades; la Justicia Restaurativa puede abrir un espacio diferente para hablar del daño, las necesidades y las posibilidades de reparación.

Y reparar no significa necesariamente pagar.A veces reparar significa reconocer el daño.Otras veces, responder preguntas.Puede significar pedir disculpas, asumir responsabilidades o comprometerse a no volver a causar ese daño.Y nunca debemos olvidar que el perdón no puede convertirse en una obligación para la víctima.

CONCLUSIONES: ESCUCHAR TAMBIÉN ES REPARAR

Si no escuchamos a las víctimas, corremos el riesgo de decidir por ellas qué significa reparar. La Justicia Restaurativa nos recuerda que no existe una única forma de reparar porque tampoco existe una única forma de vivir el daño.Por eso, los procesos restaurativos deben partir de la escucha, la voluntariedad, la seguridad y el respeto a los tiempos y necesidades de cada persona.No se trata de conseguir que la víctima perdone ni de alcanzar un acuerdo a cualquier precio. Se trata de devolverle la voz y permitirle decidir qué necesita.

Porque hacer justicia no debería consistir únicamente en determinar quién hizo qué y qué consecuencia jurídica corresponde. También deberíamos preguntarnos:

¿Quién ha sido dañado?

¿Qué necesita?

¿Y qué podemos hacer para abordar ese daño?

A veces, el primer paso para reparar no es hacer algo. Es escuchar.

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