jueves, 17 de septiembre de 2026

Justicia restaurativa, trauma y recuperación de las víctimas

 

INTRODUCCIÓN

Uno de los beneficios de la Justicia Restaurativa para las víctimas es ayudarlas a recuperar el control de su vida y dejar de sentirse gobernadas por el delito.No se trata simplemente de devolverlas a la vida que tenían antes de lo ocurrido. Un delito puede transformar profundamente la manera en que una persona se percibe a sí misma, se relaciona con los demás y entiende el mundo. Por eso, la Justicia Restaurativa puede ayudar a resignificar lo vivido, incorporarlo a su historia vital y recuperar la confianza en los demás, evitando que los roles de víctima e infractor se conviertan en etiquetas para toda la vida.

Al trabajar con personas que han sufrido un daño, los facilitadores debemos conocer, aunque no seamos psicólogos, algunos elementos básicos sobre la dinámica del trauma. Nuestra función no es hacer terapia ni sanar emocionalmente a las personas, sino acompañarlas desde el ámbito restaurativo y cooperar, cuando sea necesario, con otros profesionales.El camino para superar un trauma es diferente para cada persona. Sin embargo, comprender cómo puede afectar el delito nos ayuda a acompañar mejor y, sobre todo, a evitar intervenciones que puedan generar una nueva victimización.

TRAUMA TRAS EL DELITO

Tras sufrir un delito pueden aparecer dos grandes crisis:

Crisis de identidad: ¿en quién puedo confiar?

Crisis sobre la concepción del mundo: ¿es realmente seguro el mundo en el que vivo?

El delito puede provocar pérdida de seguridad, desconfianza, aislamiento, ira, miedo, resentimiento, humillación o incluso deseos de venganza. Son sentimientos difíciles, pero no podemos pretender que una víctima deje de sentirlos simplemente porque consideremos que no son positivos.Son, muchas veces, una respuesta humana ante una experiencia profundamente dolorosa.Como dice Richard Rohr: «El dolor que no se transforma se transfiere». Esta frase ayuda a comprender por qué resulta tan importante abordar el trauma. Un daño que no encuentra un espacio para ser expresado y transformado puede terminar afectando también a las relaciones de la persona con su entorno y, en un sentido más amplio, a la propia comunidad.La Justicia Restaurativa puede contribuir a este proceso porque ofrece espacios donde las personas pueden contar su historia, ser escuchadas, comprender lo sucedido y recuperar progresivamente la sensación de control y conexión con los demás.

Esto no significa negar la ira, el odio o el resentimiento. Significa partir de ellos para que, cuando la persona esté preparada, puedan transformarse en emociones y respuestas más constructivas.No debemos decir a una víctima cómo debería sentirse.Primero debemos escuchar cómo se siente. Y es que compañar desde la Justicia Restaurativa no consiste en imponer a la víctima un determinado camino hacia la recuperación, sino en ayudar a crear las condiciones para que pueda encontrar su propio camino.

CONCLUSIONES: TRANSFORMAR EL DOLOR, NO NEGARLO

El delito puede romper la confianza de una persona en sí misma, en los demás y en el mundo que la rodea. Por eso, reparar sus consecuencias exige mucho más que una respuesta material o jurídica. La Justicia Restaurativa puede ofrecer un espacio para recuperar la voz, reconstruir vínculos y transformar la experiencia del daño.

No se trata de olvidar lo ocurrido.

No se trata de negar el dolor.

No se trata de exigir perdón.

Se trata de conseguir que el delito deje de gobernar la vida de quien lo sufrió.

Y quizá ahí se encuentre uno de los mayores retos de la Justicia Restaurativa: acompañar a las personas para que aquello que les ocurrió forme parte de su historia, pero no determine para siempre quiénes son.

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