domingo, 28 de marzo de 2021

La justicia restaurativa no crea roles ni estereotipos


 LAS PERSONAS SON ALGO MÁS QUE AQUELLO QUE HICIERON EL PASADO

Una vez escuché a  una víctima de un delito grave: "las personas son algo más que aquello que hicieron mal en el pasado". Y como veis, lo decía una víctima, nos parece que son muy punitivas que quieren siempre venganza, pero no es así, ni mucho menos, en muchas ocasiones he comentado que somos los que nunca hemos sido víctimas los que somos mucho más punitivas. Las víctimas lo que necesitan es sentir que se hace justicia, y para muchas de ellas justicia implica, que alguien se responsabiliza del daño que han sufrido. Los procesos restaurativos precisamente fomentan que el infractor se responsabilice y favorecen una humanización de las personas que hay detrás del rol de infractor y de víctima. Ya no son solo el infractor que no se va a reinsertar y la víctima que no sabe lo que quieres y es totalmente vulnerable. Esto para mí es un punto de partida de la Justicia Restaurativa, la eliminación de ideas preconcebidas, las "etiquetas" no son válidas para esta Justicia. 

LA JUSTICIA RESTAURATIVA ELIMINA "IDEAS PRECONCEBIDAS" SOBRE LAS PERSONAS

El infractor no es siempre y en todo caso un ser "malvado" y sin conciencia por lo que puede que quiera cambiar y el estigma de infractor por lo tanto, debe ser temporal. De la misma manera, la víctima no debe sentirse así de por vida, esto impedirá su curación y hará imposible que tenga una vida más o menos normal, no olvidando el delito, pero si incorporando la experiencia del delito como un pasaje más de su vida.

Sin embargo, la justicia penal supone un problema, ya que trata a todos por igual, ( al menos a casi todos, no a los que tienen dinero porque los casos de corrupción son un caso aparte), frente a un delito cometido, hay contemplada una pena y solo unas pocas variables que pueden modularla, en un sentido u otro. No obstante, cuando fui juez me vi impotente, un eslabón más en la maquinaría judicial, no podía actuar según las personas y sus necesidades, sino que me veía atada por una legalidad y una burocracia, en ocasiones excesiva que queriendo tratar a todos por igual, suele cometer muchas injusticias. Más bien creo que hay que tratar por igual, casos iguales pero resulta que un mismo delito, puede tener variables muy diferentes: por ejemplo, un infractor que se arrepiente o no, que quiere asumir el daño y repararlo o no, un infractor con un entorno social hostil que no le ayuda, una víctima muy afectada por el daño, o una víctima a la que el delito no la ha supuesto un gran trauma, una víctima que desea obtener respuestas o no...etc.

Todas estas variables y muchas otras, si son tenidas en cuenta, acercarían la justicia penal a la realidad de los que han vivido el delito en primera persona, así los casos no serían un número sino personas reales que sufren y tienen sentimientos, sin embargo, la legalidad imperante obliga a los operadores jurídicos a mostrarse impasibles y poco humanos. 

CONCLUSIÓN

Por esto, me parece que la Justicia Restaurativa es la opción más justa, ya que al infractor que quiera cambiar, le va a ofrecer una segunda oportunidad, va a escuchar a la víctima y lo que realmente necesita para superar el delito, y sobre todo va a promover una relación de empatía, respeto, comprensión y apoyo durante el proceso. No se trata de que se alargue mas o menos el proceso, creo que los ciudadanos lo que quieren es calidad, y esta se demuestra escuchándolos y atendiendo sus necesidades, más prioritarias.

De ahí que para mi, la Justicia Restaurativa sea como  una filosofía que puede ayudar a construir una justicia penal más eficaz , justa y humana.

1 comentario:

  1. "Las personas son algo más que aquello que hicieron mal en el pasado".
    Es muy linda esta frase, pero ¿a quién de verdad le importa?
    Cuando alguien comete un delito, especialmente si es un delito grave o aberrante, a nadie - o a muy pocos - se le ocurre pensar que esa persona es “algo más”. Es, simplemente, un asesino o un violador o algo peor. A nadie - o a casi a nadie - se le ocurre que esa persona sea siquiera una persona.
    Es verdad que muchos están en contra de la pena de muerte, pero todos - o casi todos - están convencidos de que la única respuesta justa es que ese asesino o violador o algo peor vaya a la cárcel y, si fuera posible, que nunca más salga de ella.
    ¿Es por razones de seguridad? Se dice eso, pero se sabe que hoy la seguridad fuera de las prisiones puede perfeccionarse, mediante localización permanente con elementos electrónicos, y un seguimiento personalizado, de modo que el encierro sea innecesario.

    ¿Es por razones disuasivas o retributivas? ¿Para que no exista impunidad o para que la pena aplicada no sea algo leve? Sí, es posible, pero ¿nadie - o casi nadie - ha pensado que una pena alternativa al encierro, tal como la condena a realizar en forma gratuita trabajos o prestar servicios reparativos, de utilidad comunitaria, con valor destinado a indemnizar a las víctimas, podría ser una pena severa, tanto en su dureza como en su duración?
    Claro, que para forjar estas penas duras y largas, pero productivas, reparativas y repersonalizadoras en vez de ser inútiles, denigrantes y estigmatizantes, habría que usar la cabeza y ponerse a pensar en cómo implementarlas.
    Entonces, ¿se desechan porque es demasiado trabajo elaborar algo así?
    Es posible. La Justicia tiene su propia pereza.
    Pero, lo verdaderamente dramático, lo que mantiene las prisiones en vigencia, es esa repugnancia que todos - o casi todos - tienen por el delincuente.
    No quieren eliminarlo en forma de ejecución inmediata, en la mayoría de los casos, pero estarían encantados con darle una sentencia de prisión perpetua, lo cual es una pena de muerte tremendamente cruel porque es una condena a muerte particularmente lenta, es decir, se lo condena a una agonía que dura toda la vida.
    No es jugar con fuego proponer penas alternativas al encierro. Tampoco es eludir la justicia y evitar que el que cometió un delito quede impune.
    Es, simplemente, darle una racionalidad a la pena, permitir que las víctimas sean reparadas y que los victimarios tengan una oportunidad de redimirse y reintegrarse a la sociedad.
    Claro, admitiendo que “son algo más que lo que hicieron en el pasado”, algo que nadie - o casi nadie - hoy admite.
    Si se quiere realmente cambiar el modelo retributivo y la ética taliónica por una filosofía más acorde con principios y valores restaurativos, ¿por qué no empezar por pedir a gritos que los legisladores y los juristas comiencen al menos a pensar en cómo forjar e implementar estas penas restaurativas?

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