lunes, 24 de agosto de 2026

La justicia restaurativa es una justicia que ayuda a sanar

 INTRODUCCIÓN

La justicia forma parte del proceso de recuperación de muchas víctimas. Cuando una persona sufre un delito, no solo experimenta un daño concreto: puede afrontar también miedo, inseguridad, rabia, frustración o una profunda necesidad de que se haga justicia. Por eso, quienes facilitan procesos de Justicia Restaurativa necesitan comprender, al menos, cómo puede afectar el trauma a las personas.

Una de las reacciones que pueden aparecer tras una experiencia traumática son los sentimientos de venganza. La línea entre justicia y venganza puede ser especialmente difícil de distinguir cuando nuestro cerebro y nuestro cuerpo están todavía afectados por el daño sufrido. En ocasiones, el dolor puede llevarnos a querer devolver el daño recibido o incluso a dañarnos a nosotros mismos.La pregunta es, por tanto, cómo encontrar una respuesta a la injusticia que permita avanzar hacia la reparación sin alimentar nuevos ciclos de violencia. En este sentido, la Justicia Restaurativa puede abrir un camino diferente: un espacio en el que las necesidades de quienes han sufrido el daño puedan ser escuchadas y en el que la respuesta a lo ocurrido contribuya, cuando sea posible, a la recuperación.

JUSTICIA RESTAURATIVA FRENTE AL TRAUMA 

Las necesidades de las víctimas no siempre encuentran una respuesta suficiente en el proceso penal. Más allá del castigo, muchas necesitan recuperar su sensación de seguridad, obtener respuestas a sus preguntas, contar su historia, recuperar capacidad de decisión y sentirse escuchadas y respetadas.Los procesos restaurativos pueden contribuir a satisfacer algunas de estas necesidades. La evidencia disponible apunta a que, en determinados contextos y cuando se desarrollan adecuadamente, pueden favorecer una mayor satisfacción de las víctimas con la respuesta recibida, reducir determinados temores, facilitar la comprensión de lo ocurrido y contribuir a disminuir el estrés asociado al delito.

Además, existe una diferencia importante entre que una persona ofensora sea castigada y que llegue a comprender realmente el daño causado y asuma su responsabilidad. Para muchas víctimas, esta segunda dimensión resulta esencial.Tampoco podemos olvidar a la comunidad. El delito afecta a las personas directamente implicadas, pero también puede alterar las relaciones, la confianza y la convivencia. Incorporar esta dimensión permite entender que la justicia no consiste únicamente en determinar una responsabilidad, sino también en preguntarnos qué personas han sido afectadas, qué necesitan y qué podemos hacer para reparar y reconstruir.

UNA JUSTICIA CREATIVA 

Por eso, la Justicia Restaurativa es mucho más que un encuentro entre víctima y persona ofensora. Es una filosofía basada en valores y principios que nos invita a buscar la respuesta más adecuada a las necesidades de cada situación.No siempre será posible, necesario o conveniente un encuentro directo. Puede recurrirse a encuentros con víctimas subrogadas, a programas individuales o a intervenciones dirigidas específicamente a víctimas, personas ofensoras o miembros de la comunidad.

Un ejemplo es el programa Ave Fénix, gestionado por la Sociedad Científica de Justicia Restaurativa, que permite trabajar desde una perspectiva restaurativa con víctimas de delitos graves cuando un encuentro directo con la persona ofensora no es posible o no resulta adecuado.La creatividad es, por tanto, necesaria, pero nunca debe significar abandonar los principios y valores restaurativos. Podemos desarrollar respuestas diferentes y ser más o menos restaurativos en función de las necesidades de las víctimas, las personas ofensoras y las comunidades.

CONCLUSIONES

La Justicia Restaurativa no pretende sustituir la justicia por el perdón ni pedir a las víctimas que olviden lo ocurrido. Tampoco busca minimizar el daño sufrido. Su propósito es ampliar la mirada sobre la justicia y preguntarnos qué necesitan realmente las personas afectadas por el delito.Cuando existe trauma, hacer justicia puede significar mucho más que imponer un castigo. Puede significar recuperar la seguridad, encontrar respuestas, recuperar la voz y comprobar que el daño sufrido importa.

Por eso, una Justicia Restaurativa sensible al trauma debe poner en el centro a las personas y sus necesidades, evitando que la respuesta al delito se convierta en una nueva fuente de daño. Porque reparar no siempre significa encontrarse, ni sanar significa olvidar: significa encontrar, cuando sea posible, caminos que permitan avanzar sin continuar alimentando los ciclos de violencia.

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