INTRODUCCIÓN
La justicia restaurativa se centra en las necesidades de las personas afectadas por el delito y en el papel que cada una de ellas desempeña en el proceso de reparación. Las víctimas, tras sufrir una infracción penal, presentan una serie de necesidades que con frecuencia no encuentran respuesta adecuada en el sistema tradicional de justicia. Muchas de estas necesidades están relacionadas con la posibilidad de recuperarse del daño sufrido, comprender lo sucedido, expresar el impacto que el delito ha tenido en sus vidas y percibir que quien causó el daño ha asumido alguna forma de responsabilidad.
Sin embargo, el delito no solo genera necesidades en las víctimas. También el infractor y la comunidad se ven afectados por sus consecuencias. En el caso del infractor, una de las principales necesidades consiste en abordar las causas que pudieron contribuir a la comisión del delito, cuando estas existan, y comprender el impacto real que su conducta ha tenido sobre otras personas. Este proceso favorece la asunción de responsabilidad y puede contribuir a prevenir futuras conductas delictivas. Por su parte, la comunidad, como víctima indirecta de los delitos que alteran la convivencia y la confianza social, necesita recuperar la sensación de seguridad y fortalecer los vínculos que permiten una convivencia pacífica.
La justicia restaurativa ofrece un marco más eficaz y humanizador para atender estas necesidades, al poner en el centro a las personas directamente afectadas por el daño. Frente a ello, la justicia penal tradicional suele concentrarse prioritariamente en la infracción de la norma y en la respuesta del Estado, dejando en un segundo plano las necesidades emocionales, relacionales y sociales derivadas del delito.
