domingo, 18 de julio de 2021

Es importante conocer el origen del delito

 


(Imagen propiedad de Virginia Domingo)

Todo delito tiene un precedente Séneca

Gracias a la Justicia Restaurativa, se va a poder abordar el delito de una manera global, acudiendo al origen y por qué del delito. No se trata de intentar justificar por qué el infractor cometió un delito, sino valorar  individualmente las circunstancias personales y sociales que le pudieron llevar a delinquir. Así se podrá hacer frente no solo a las consecuencias del crimen, sino también prevenir otras posibles conductas delictivas, y de paso evitar que nuevas personas se conviertan en víctimas.

Por otro lado, abordando el origen del delito, se puede trabajar también de forma restaurativa con el infractor para conseguir su responsabilización por el delito como paso previo para que quiera vivir alejado del crimen porque ha comprendido el impacto que su acción ha causado.

Puede sonar a algo utópico pero es la mejor forma de gestionar el delito y su impacto.

"Odia el delito y compadece al delincuente" Concepción Arenal

1 comentario:

  1. “…se puede trabajar también de forma restaurativa con el infractor para conseguir su responsabilización por el delito como paso previo para que quiera vivir alejado del crimen porque ha comprendido el impacto que su acción ha causado”.
    Como siempre, encuentro una tremenda contradicción entre encarcelar al infractor - lo cual implica denigrarlo, estigmatizarlo y llenarlo de resentimientos - e intentar inculcarle responsabilidad por el daño que causó.
    Si queremos lograr que se responsabilice, deberíamos penalizarlo a través de penas reparativas y repersonalizadoras.
    Al encarcelarlo, le estamos quitando responsabilidad, ya que el mensaje es “te dañamos porque dañaste”, de modo que eso implica que “estamos a mano” y, si nosotros no nos hacemos responsables por el dolor y el daño que le ocasionamos a él y a su familia, él tampoco se hará responsable del dolor y del daño que le causó a la víctima ni a la sociedad.
    Con penas alternativas al encierro, reparativas para las víctimas y repersonalizadoras para él, las probabilidades de que comprenda y se responsabilice serían infinitamente mayores.
    Comencemos pidiendo a la Justicia que reemplace con estas penas la práctica de encarcelar, que es totalmente anti-restaurativa, además de realimentadora de la delincuencia.

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