lunes, 5 de julio de 2021

Restauración

 


(imagen propiedad de Virginia Domingo)

En Justicia Restaurativa hablamos de restauración, para mi más que restauración es transformación, lo que hacemos es ayudar a cambiar a las personas tras el impacto del delito, que dejen de sentirse víctimas de por vida o delincuentes, sin posibilidad de reinserción. 

Por eso, con la restauración hablamos de dar respuesta a las necesidades de víctima, ofensor y comunidad (sobre todo de reparar el daño, de ayudar al infractor a ver el impacto del delito y a la comunidad a recuperar la seguridad....)

Restauración como tal implicaría devolver a las personas al punto de partida antes de que se produjera el daño, quiero creer, al menos mi parte utópica así lo cree, que con esta justicia les damos la oportunidad de ser personas "nuevas" ni mejores ni peores que antes, sino personas que han incorporado lo que han vivido como un aspecto más de su historia. Porque al final estamos hechos de historias y todo lo que vivimos nos hace ser quién somos, y no significa que vivir malas experiencias nos haga ser malos. 

1 comentario:

  1. “… con esta justicia les damos la oportunidad de ser personas "nuevas" ni mejores ni peores que antes, sino personas que han incorporado lo que han vivido como un aspecto más de su historia”.
    ¿Por qué “ni mejores ni peores”?
    Creo que deberíamos intentar que, al menos los que han cometido un delito, sean personas mucho mejores que antes.
    He hablado varias veces de un giro de 90 grados, que implicaría dejar de delinquir, lo cual no parece un giro que se mantenga por mucho tiempo, y un giro copernicano, es decir, de 180 grados, una verdadera conversión (o “metanoia”, como la denominaban los antiguos cristianos), que convierte a quien ha delinquido en una persona excelente, solidaria, comprometida con las buenas acciones y dispuesta a ayudar a otros caídos en el delito.
    Este modelo, que he denominado “valjeanización”, en homenaje a Jean Valjean, el protagonista de la novela “Los Miserables” de Victor Hugo, quien se convierte de delincuente en casi un santo, es el que se utiliza en Alcohólicos Anónimos para convertir a quienes abandonan el alcohol en figuras activas para ayudar a otros alcohólicos y, así, luchar contra el alcoholismo en el mundo.

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