viernes, 9 de julio de 2021

La justicia restaurativa ayuda a dar sentido a lo vivido

 


JUSTICIA RESTAURATIVA DERECHO PARA TODAS LAS PERSONAS

Cuando hablamos de que la Justicia Restaurativa surge por y para las víctimas, o más bien desde el momento que alguien ha sufrido un delito,  es porque no se trata de hacer distinciones con las personas afectadas por el delito. La Justicia Restaurativa, en principio sería aplicable para cualquier víctima que voluntariamente desee participar en el proceso restaurador con independencia de la clase de delito sufrido. Y debería ser ofrecida a todos los infractores con independencia del daño causado porque todos merecemos una oportunidad de entender el impacto de nuestras acciones. Una vez aclarada esta igualdad de todas las víctimas, para acceder a la justicia restaurativa que debería valorarse como regla general, hay que tener en cuenta que igual que todas las personas somos diferentes, también cada víctima lo es. Aunque hubieran sufrido el mismo delito, éste puede impactar y traumatizar más a una víctima y menos a otra, incluso el delito sufrido puede suponer un gran trauma para los allegados de la víctima ( víctimas indirectas) y no serlo tanto para la víctima directa del crimen. En otros casos, pensamos en una víctima de un delito menos grave y podemos caer en el error de pensar que no tiene mayor importancia ni repercusión, algo que no se debe hacer porque estamos valorando el daño sufrido, desde un prisma de no víctima, sin embargo, cuando hablas con la persona te das cuenta que lo que a priori puede parecer un delito muy leve,  sin mucha importancia; a la víctima la ha supuesto un gran trauma y la ha generado ciertos problemas psíquicos, físicos y/o morales.

RESPETO

Por eso, la primera máxima debe ser respeto, respetar al que ha sufrido un delito como persona que merece reconocimiento.

Y es que siempre digo  que para poder ser un buen facilitador de los procesos restaurativos, o mediador penal se debe conocer y estudiar la dinámica del trauma de sufrir un delito. ¿Por qué? Nuestra vida esta  construida a base de pequeñas piezas o aspectos cotidianos, recopilación de historias, experiencias, sentimientos, buenos y malos momentos...son como partes de un puzzle final que es la "historia de nuestra vida". Cada puzzle es diferente al de otra persona. Cuando la víctima sufre un delito, algo se "quiebra" en este puzzle, que la impide ir construyéndole de forma adecuada. O bien una de estas piezas se pierde tras convertirse en víctima o bien la pieza se deteriora tanto que por más que se quiere encajar, resulta imposible. Es entonces cuando la Justicia Restaurativa permite a las víctimas encontrar esta pieza pérdida o repararla,  para así poder continuar construyendo de forma lo más normal posible el puzzle de nuestra historia vital.

CONCLUSIÓN

Quizá en algunas personas se tarde un poco más y en otras menos, pero  sin duda, la Justicia Restaurativa favorece la  formación de un puzzle más fuerte, más bonito y lucido porque a pesar de las luces y sombras tendrá una historia que contar más positiva y constructiva. Y  lo mejor es que también podemos ayudar a que la persona que cometió el daño recomponga su puzzle de una manera más humana y respetuosa consigo mismo y con los demás. Al final todos ganamos

1 comentario:

  1. Es verdad que no se puede saber a ciencia cierta qué es lo mejor para las víctimas y más si se admite que cada una de ellas puede sentir algo diferente ante el delito sufrido.
    Pero es comprensible que el alivio por saber que el ofensor está sufriendo no es el adecuado y sólo existe porque es lo único que la Justicia le ofrece como consuelo.
    Y hasta, en cierta forma, la obliga a perseguirlo.
    ¿Se imaginan una víctima, especialmente de un delito grave, que se niegue a hacer esfuerzos para ver a su ofensor encarcelado?
    ¿No sería considerada una persona sin sentido de la justicia, una mala ciudadana o un ser que ha perdido su cordura?
    Desgraciadamente, ante el paradigma de justicia retributiva es así.
    Pero si la respuesta de la Justicia fuera que el ofensor no está encarcelado sino que está pagando por lo que hizo trabajando gratuitamente y su producto está destinado a engrosar un fondo de reparaciones del cual ella podrá recibir algo, que podrá guardar o donarlo si así le parece mejor, es de pensar que se sentiría mucho mejor reparada porque el ofensor, aun indirectamente, estaría trabajado para ella.
    Quizás no todas las víctimas, especialmente cuando estén obnubiladas por un hecho reciente, llenas de ira y deseos de venganza, quieran esta solución y prefieran no recibir nada pero que el ofensor “se pudra en la cárcel”.
    Sería bueno testear esto entre las víctimas con encuestas y entrevistas en profundidad, pero creo que es mucho mejor contentar a las víctimas razonables, aun si fueran minoritarias, que a las vengativas y llenos de furor, al menos si creemos que los principios de la justicia restaurativa son más valiosos que los retributivos.
    Aun así, el hecho de que los ofensores no estén encarcelados no significaría que no sufrirían, porque trabajar gratuitamente tampoco es agradable, implica un esfuerzo, que podría ser considerablemente penoso, y hasta podría ser por un tiempo más largo que el encierro y las tareas asignadas siempre serían más severas que estar vegetando en la cárcel, de modo que no existiría impunidad o el concepto de pena leve, pero sí el de pena con sentido reparativo y más llevadera para los que estuvieran realmente arrepentidos y con deseos de reparar el daño que produjeron con su delito.

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