miércoles, 14 de julio de 2021

Las reuniones preparatorias son esenciales


 PREPARACIÓN INDIVIDUAL DE LAS PARTES; LA VÍCTIMA

Una parte esencial de los procesos restaurativos, cualquiera que sea la herramienta es la preparación individual con cada partes. Con respecto a las víctimas, solemos tener tendencia a pensar que puede ser malo una reunión conjunta, especialmente si es un delito grave, sin embargo, la realidad demuestra que la mayoría de las víctimas que desean participar en un proceso de justicia restaurativa, tienen claro por qué y qué quieren conseguir con ello: algunas ser escuchadas, otras solo decirle al infractor que van a recuperar el control de su vida, otras igual necesitan ver el remordimiento del infractor.....Efectivamente, ahí es donde entra la labor del facilitador ver qué expectativas tiene la víctima con respecto a la posible reunión cara a cara y valorar si estas se podrían cumplir y si al menos son realistas. Por ejemplo, si la víctima desea solo que la pidan disculpas, habrá que valorar la posible reunión porque el pedir perdón, no es un objetivo real de la justicia restaurativa y es algo personal de cada ser humano, no podemos asegurar que surja o no. Se trabajaría con ellas individualmente para conseguir que sus expectativas se ajusten a lo posible y sobre todo para que entiendan que la Justicia Restaurativa se centra en el diálogo y como conseguir la "curación de sus heridas" y rendición de cuentas del infractor. Otra posibilidad y esto también es una labor restaurativa, es valorar si la víctima necesita ser atendida por otro profesional,  antes de un proceso restaurativo (por ejemplo psicólogo...) y en este caso el  facilitador, debería aconsejar no iniciar de momento un proceso restaurativo

PREPARACIÓN INDIVIDUAL DE LAS PARTES, EL INFRACTOR

Por otro lado, el trabajo individual con el infractor debe estar guiado hacia su responsabilización. El trabajo puede no ser sencillo pero también se puede preparar al infractor antes de la reunión conjunta. La idea sería la distinción entre reconocimiento y responsabilidad.

La responsabilidad del infractor es un componente importante pero no se debe exagerar hasta el punto de exigirla como condición sine quanon para empezar el proceso restaurativo.

La responsabilidad va más allá del reconocimiento de que las decisiones tomadas para cometer el delito eran erróneas y no deberían haber ocurrido. 

Si se fuerza la responsabilización del infractor o se acepta de forma rápida su responsabilización, sin profundizar en los motivos, se corre el riesgo de que esta no sea adoptada por motivos correctos, no siendo probable que haya un cambio favorable y positivo en el infractor.

Por el contrario, si se parte del reconocimiento de que su conducta no ha sido la más adecuada, se puede conseguir un cambio de actitud más positivo. Por eso, partiendo del reconocimiento de que hizo algo mal, se puede conseguir esta asunción de responsabilidad por el daño causado.

CONCLUSIÓN

Una vez vista que las expectativas de ambos son concordantes a la realidad y lo que se puede conseguir durante el proceso restaurativo, entonces se puede propiciar una reunión conjunta bajo la fórmula elegida( reunión víctima-ofensor, conferencias, círculos) Pero es necesario que las personas entiendan que justicia restaurativa no es solo reunión conjunta, en ocasiones lo más restaurativo que se puede hacer es no realizar este encuentro conjunto y buscar otras opciones no 100% restaurativas pero más adecuadas para las personas.

1 comentario:

  1. “…justicia restaurativa no es solo reunión conjunta…”
    Desde mi punto de vista, lo esencial de la justicia restaurativa es que exista una reparación del daño causado.
    Si eso se hace a través de reuniones víctima-victimario o no, creo que es secundario.
    Es muy lindo que un victimario pida perdón y la víctima lo conceda, que se abracen o se hagan amigos, pero, repito, no es lo esencial.
    El ofensor debe pagar por el daño que hizo y la víctima debe ser resarcida de algún modo por lo que sufrió.
    Hoy, la Justicia hace pagar el daño dañando al infractor, lo cual no es pago en absoluto y deja a la víctima con las manos vacías pero con el macabro consuelo de que el ofensor ha de sufrir y si fuera posible, tanto o más que ella, que tampoco es reparación.
    Es porque se sigue utilizando la absurda regla de encarcelar al infractor y, por ello, impedirle reparar.
    Si los infractores deben pagar literalmente por el daño que causaron y las víctimas deben recibir un resarcimiento, esta manera de reaccionar frente al delito debería cambiar drásticamente.
    Las penas, que deberían ser tan severas y largas como fuera necesario para asegurar por razones disuasivas - y hasta, si se quiere, retributivas -, nunca deberían ser de encierro, que es algo que no sólo denigra, estigmatiza y resiente, sino que es totalmente improductivo, además de contraproducente porque realimenta la delincuencia.
    Esto ya lo hemos dicho repetidas veces y creo que la mayoría está de acuerdo en que los resultados son pésimos, pero se sigue insistiendo en que no hay otra manera de proceder.
    Penas de trabajo gratuito en favor de las víctimas sería un método de reparación que, aun sin necesidad de acudir a reuniones conjuntas, otorgaría al proceso un verdadero sentido restaurativo.
    Por eso los movimientos que adhieren a la justicia restaurativa, deberían comenzar, ante todo, por lograr este cambio.
    El resto vendría por añadidura.

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