domingo, 11 de julio de 2021

La justicia restaurativa un concepto en constante evolución


 MI PROPIO CAMBIO DE LENTES SOBRE LA JUSTICIA RESTAURATIVA

Tras muchos años en la justicia restaurativa de forma teórica y práctica,  he de decir que ha cambiado mi forma de ver o tal vez como dice Howard Zehr, he ido modificando la lente con la que me acerco diariamente a la justicia restaurativa

¿En qué sentido ha cambiado mi forma de ver esta justicia?

En primer lugar, me ha dejado de obsesionar la búsqueda de la evidencia de que esta justicia funciona. Este es un problema que suele presentarse cuando se quiere abrir el “camino” a algo teóricamente nuevo y el caso de la Justicia Restaurativa no es una excepción, sin embargo, si se ha demostrado y hay evidencias de que la Justicia penal tradicional no funciona como debiera y no satisface a los ciudadanos, tenemos que presentar opciones que puedan mejorarla y la justicia restaurativa es esta opción, por eso más que buscar evidencias de su eficacia, habría que darla tiempo, recursos y una buena regulación. De ahí que, aunque los que nos dedicamos a esto, frecuentemente nos vemos agobiados con esta idea, de que hay que demostrar que lo que hacemos es bueno, la realidad es que el día a día va a corroborar la tan “ansiada” evidencia, cuando las personas acudan a la justicia y esta se muestre más cercana y preocupada por cada una de ellas, cuando vean que han dejado de ser un simple número de expediente y sobre todo se den cuenta que su voz es escuchada. 

En segundo lugar, es necesario que no nos quedemos estancados en un concepto de Justicia Restaurativa limitado y estático, como el que tenía cuando empecé y como el que muchos, aún hoy tienen, y se abran a una mentalidad más compleja, lo que implica dejar de pensar en Justicia restaurativa como programas específicos y empezar a verla como lo que es, una filosofía. El verla como simples procesos lleva al error muy común y generalizado de creer que la Justicia Restaurativa es una reunión víctima-ofensor, mal llamada mediación penal e incluso algunos llegan a hablar de ambos conceptos como si la mediación fuera lo importante. 

Y esta es la raíz de mi evolución en la forma de ver y entender la Justicia Restaurativa, muy en la línea de lo que dice Lode Walgrave (1998) "la Justicia Restaurativa no es un conjunto limitado de acciones o programas sino una opción que puede inspirar los programas e iniciativas" y yo añadiría, que también puede inspirar la Justicia Penal para hacerla restaurativa porque como dice el autor, esta justicia es una brújula no un mapa.

Somos muchos los que apostamos por la idea de que la Justicia Restaurativa es un conglomerado de principios, valores y pilares a partir de los cuales se puede construir una justicia penal más humana y centrada en los afectados por el delito y en la forma de recomponer los lazos quebrados entre los miembros de la comunidad.

JUSTICIA RESTAURATIVA MUCHO MÁS QUE ENCUENTROS

Aquí radica la evolución de mi forma de entender la Justicia Restaurativa, lejos de quedarnos obsoletos en los simples encuentros restaurativos, creemos que se debe ir un poco más allá e intentar reconstruir una justicia penal con este enfoque restaurativo, que nos permita abordar la dimensión humana, psicológica y moral del delito y no sólo la jurídica. Esta es una forma más amplia y eficaz de entender la Justicia Restaurativa y así la mejor manera de que las personas implicadas en el delito se beneficien de ella. Reducir la Justicia Restaurativa a simples procesos l, sería tanto como conformarnos con el reintegro cuando nos puede tocar el gordo. De ahí, la importancia de entender los programas individuales, y de no quitar importancia al trabajo restaurativo que se hace aunque solo esté presente una de las partes afectadas.

Además como toda filosofía está en constante cambio y lejos de ser algo rígido y tasado (muchos programas restaurativos, como la mediación penal se burocratizan en exceso con protocolos muy estrictos y esto va en contra de la esencia de esta justicia restaurativa), se muestra como un concepto amplio adaptado a cada persona y sus necesidades. Está compuesta por una serie de valores, principios y afirmaciones que convierten esta justicia, como ya he comentado, en una especie de brújula que nos dice qué dirección debemos tomar en cada caso. Estos valores y principios nos indican qué camino tomar, es errónea la idea de crear un programa único con protocolos, tiempos y espacios, rígidos para cada supuesto. Los problemas derivados del delito afectan a las personas, tienen que ver con sus sentimientos y con sus necesidades, no son aspectos matemáticos sino morales, psicológicos y sociales, por eso son los programas concretos de Justicia Restaurativas los que deben adaptarse a las personas y a cada caso y no a la inversa.

1 comentario:

  1. “… dejar de pensar en Justicia restaurativa como programas específicos y empezar a verla como lo que es, una filosofía”.
    Obviamente, la justicia restaurativa es una filosofía, en el sentido de tener su propia definición acerca de qué es la justicia.
    Si una justicia no es restaurativa no es justicia, en eso se resume todo.
    Pero, ¿qué significa que sea restaurativa?
    Básicamente, que cuando se produce un delito y esto conlleva un daño, una justicia restaurativa intenta que ese daño se repare y que las personas que han sufrido por ello amortigüen su sufrimiento en la mayor medida posible y, si se pudiera, hasta sean compensadas por ello.
    Por eso es tan incomprensible que los movimientos restaurativos no se pronuncien enérgicamente contra algo tan tremendamente monstruoso y contrario a su filosofía, como es el castigo, si se entiende por “castigo”, tal, como lo definía siempre el criminólogo jesuita Antonio Beistain, otorgar una pena meramente aflictiva, es decir, inducir dolor o daño a quien la recibe, sin otro motivo que el de mortificarlo.
    Eso no es justicia restaurativa y, consecuentemente, no es justicia en absoluto.
    La pena debe existir, pero debe tener un sentido, tanto reparador como repersonalizador.
    Mortificar por el simple hecho de mortificar no tiene sentido, aunque el populismo punitivo lo promueva.
    Es prioritario, a mi entender, solucionar este contrasentido, transformando la pena de encierro, que es castigo puro, en penas restaurativas.

    ResponderEliminar