jueves, 18 de diciembre de 2025

El poder sanador de las historias


 LAS PERSONAS SOMOS HISTORIAS

Las personas estamos hechas de historias. Esta afirmación nos lleva a recordar algo esencial: desarrollar habilidades para acompañar a quienes necesitan contar su historia es uno de los pilares fundamentales en cualquier programa de Justicia Restaurativa. Las historias son el corazón de toda práctica restaurativa y, especialmente, de los círculos, donde las personas comparten relatos poderosos. Son personas comunes que han atravesado experiencias traumáticas y que, al narrar su vivencia, generan un impacto transformador tanto en ellas mismas como en quienes escuchan.

Por eso, siguiendo a Lynette Parker, los facilitadores necesitamos ciertas pautas para acompañar de manera segura y respetuosa a quienes se disponen a compartir su verdad.

PAUTAS PARA ACOMPAÑAR A LOS CONTADORES DE HISTORIAS

Construir relación y apoyo

Debemos sostener a las personas de forma cercana y ofrecerles orientaciones para su narración, especialmente cuando su experiencia ha tenido un fuerte impacto emocional. Como señalan expertos como Rhor, el trauma reestructura el cerebro, por lo que nuestro papel es ser apoyo y aliado. Es fundamental recordarles que son los expertos en su propia historia y animarlos a contar desde ese lugar de autoridad interna. Creer en ellos —a veces más de lo que ellos mismos creen— es parte del proceso.

Ser oyentes genuinos

Nuestra tarea es escuchar. Escuchar de verdad. Escuchar profundamente. A veces ayuda reunirnos antes con la persona para planificar lo que compartirá: esto nos permite conocerla mejor, comprender su contexto y sostenerla con mayor sensibilidad cuando llegue el momento del círculo.

Acompañar el proceso narrativo

El desarrollo de un círculo o de cualquier práctica restaurativa puede pensarse en cuatro etapas: Introducción / Relato de lo ocurrido / Impacto / Reflexión. La narrativa en la Justicia Restaurativa es algo vivo: la historia puede evolucionar con cada fase, con las experiencias que la persona atraviesa y con su estado emocional en el momento de compartir.

Además, existe una forma de narración alentadora cuando se invita a todas las personas del círculo a compartir alguna historia. Recordar frases como: "Todos somos expertos en nuestras propias historias" o "Todos podemos contar una historia; solo necesitamos pensar en un comienzo, un medio y un final" ayuda a crear un entorno de confianza. Esta práctica es especialmente valiosa en la formación de facilitadores, porque contar historias no solo conecta, sino que también nos fortalece.

CONCLUSIONES

Las historias no son solo relatos: son vehículos de identidad, sentido y transformación. En los espacios restaurativos, narrar y escuchar se convierten en actos profundamente humanos que permiten reconocer el dolor, dignificar a las personas y abrir caminos de reparación. Para que la Justicia Restaurativa funcione, no basta con técnicas; se necesita presencia, humildad, sensibilidad y una escucha que honre la historia del otro. Cuando entendemos que cada persona es un universo narrativo, comprendemos también que reparar no es corregir, sino acompañar procesos vitales que se expresan a través de la palabra. En última instancia, facilitar círculos es facilitar humanidad: un espacio donde las historias encuentran voz, sentido y posibilidad de sanar.

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