jueves, 24 de septiembre de 2026

Justicia restaurativa: una mirada al daño y sus causas

¿POR QUÉ LA JUSTICIA RESTAURATIVA?

La Justicia Restaurativa surge para dar una respuesta más humana al delito y al impacto que este tiene en las personas que se ven afectadas por él. Howard Zehr lo explica así: «La justicia restaurativa requiere, como mínimo, que atendamos los daños y necesidades de las víctimas, que instemos a los ofensores a cumplir con su obligación de reparar esos daños e incluyamos a víctimas, ofensores y comunidades en este proceso. El “quién” y el “cómo” son importantes».Todo esto me lleva a reflexionar —algo de lo que ya he hablado en varias ocasiones— que, aunque unos pensemos que la Justicia Restaurativa se centra en las víctimas y otros consideren que lo hace en los infractores, el resultado puede ser un círculo de beneficios mutuos que ayude a superar el rol de víctima sin posibilidad de recuperación y el de infractor sin capacidad para abandonar su trayectoria delictiva.

Esto repercute también en la sociedad, porque el delito daña las relaciones entre sus miembros y el efecto restaurativo puede contribuir a fortalecer el grupo y los lazos sociales.

LA JUSTICIA RESTAURATIVA TAMBIÉN ACUDE AL PORQUÉ DEL DELITO

Aunque surge, en gran medida, para atender a las víctimas y abordar la reparación del daño causado, no se abandona a los infractores. Precisamente porque afrontar el daño implica también asumir responsabilidades, la Justicia Restaurativa permite abordar qué hay detrás del delito y cuáles son los factores que pueden favorecer su repetición.Efectivamente, un elemento central de la Justicia Restaurativa es la idea de reparar el daño causado. Esto implica una responsabilidad por parte del ofensor, quien debe asumir medidas concretas para reparar, en la medida de lo posible, el daño ocasionado a la víctima y, en ocasiones, a la comunidad afectada.En situaciones como el homicidio, obviamente, no es posible reparar la pérdida. Sin embargo, la persona ofensora puede asumir compromisos y realizar acciones que tengan un significado reparador, como el reconocimiento de su responsabilidad o determinadas formas de restitución, que pueden resultar importantes para las víctimas.

Esto me lleva a plantear dos preguntas: ¿cómo abordar las causas del delito y por qué hacerlo?Es también lo que muchas víctimas necesitan: tener la seguridad de que se están adoptando medidas para reducir los daños ocasionados por los crímenes, tanto por su propio bien como por el de los demás. Muchas necesitan recuperar el sentimiento de seguridad y confiar en que quien les causó daño tiene menos posibilidades de volver a delinquir. También necesitan recuperar la confianza en las personas que les rodean.

La responsabilización y el abordaje de los factores que están detrás del delito pueden contribuir a ello y, al mismo tiempo, ayudar a proteger a futuras posibles víctimas y a la sociedad en general. Por eso, si queremos tratar los daños y también sus causas, debemos explorar igualmente los daños que han podido sufrir los propios ofensores.

LOS EFECTOS DEL TRAUMA

Las investigaciones señalan que muchos ofensores han sido víctimas o han experimentado situaciones traumáticas importantes. Otros se perciben a sí mismos como víctimas. Estos daños, así como la percepción de haber sido victimizado, pueden constituir factores relevantes en algunas trayectorias delictivas.De hecho, James Gilligan, profesor de la Universidad de Harvard y expsiquiatra penal, ha planteado que determinadas formas de violencia pueden entenderse como un intento de alcanzar justicia o reparar una injusticia percibida. Desde esta perspectiva, algunos delitos pueden estar relacionados con experiencias previas de victimización.El trauma puede ser, por tanto, una experiencia relevante no solo en la vida de las víctimas, sino también en la de algunos ofensores.

Parte de la violencia puede constituir la reproducción de un trauma no resuelto sufrido en el pasado. La sociedad, además, puede generar experiencias traumáticas adicionales a través de determinadas respuestas al delito, incluida la encarcelación. Esto no significa justificar la ofensa, sino comprender que las experiencias traumáticas deben ser identificadas y, cuando sea posible, abordadas.La Justicia Restaurativa no pretende justificar las conductas delictivas ni situar al infractor por encima de las víctimas. Pretende ayudar a comprender el impacto de las acciones, favorecer la responsabilización y, cuando sea necesario, abordar los factores que pueden estar relacionados con la conducta delictiva. Todo ello puede contribuir a reducir el riesgo de nuevos daños y favorecer la reinserción.

El resultado buscado es una respuesta que tenga en cuenta a todos: víctimas con mayores posibilidades de sentirse escuchadas y reparadas, ofensores con más oportunidades para asumir su responsabilidad y reconstruir su vida y una comunidad capaz de recuperar y fortalecer sus vínculos.

CONCLUSIONES

La Justicia Restaurativa no pregunta únicamente qué delito se ha cometido y qué castigo corresponde, sino también quién ha sido dañado, qué necesita, quién debe asumir responsabilidades y qué podemos hacer para que el daño no vuelva a repetirse.Por eso, mirar también las circunstancias y posibles traumas de quien ha cometido el delito no significa justificarlo ni restar importancia al daño sufrido por las víctimas. Significa comprender mejor para poder responsabilizar mejor.Cuando atendemos el daño, favorecemos la responsabilidad y abordamos aquello que puede estar detrás del delito, la Justicia Restaurativa deja de ser únicamente una respuesta al pasado y se convierte también en una oportunidad para construir un futuro diferente

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