jueves, 26 de febrero de 2026

Justicia restaurativa y reparación del daño

DAÑOS TRAS EL DELITO

Cuando se habla de Justicia Restaurativa en el ámbito penal es porque, tras la comisión de un delito, se han producido una serie de daños. Estos pueden ser más graves o más leves, pero siempre dejan consecuencias y, detrás de ellas, hay personas que sufren.

En primer lugar se encuentran las víctimas directas, pero también existen víctimas indirectas, como familiares, personas allegadas y la propia comunidad. Incluso los infractores pueden verse afectados, ya que el delito no solo genera daño hacia el exterior, sino que también impacta en quien lo comete.

Los procesos restaurativos se centran en buscar la denominada verdad emocional, es decir, comprender:

¿Cómo impactó el delito en la vida de las personas afectadas?

¿Qué necesitarían para comenzar su camino hacia la superación?

Estas preguntas suelen dirigirse principalmente a quienes sufrieron el daño de manera directa. Sin embargo, también es importante tener en cuenta que los infractores pueden atravesar dificultades emocionales o personales que, por distintas circunstancias, influyeron en su conducta delictiva. Esto no implica justificar el delito, sino entenderlo de manera más completa para poder abordarlo con mayor profundidad.

Por ello, la Justicia Restaurativa trata el delito desde una perspectiva global: busca comprender el porqué, visibiliza el daño causado y orienta el proceso hacia el futuro, promoviendo la reparación y la reintegración social.

De esta forma, los procesos restaurativos suelen estructurarse en cuatro partes fundamentales:

Contar la historia

Expresar los sentimientos sobre lo sucedido

Identificar las necesidades generadas tras el daño

Promover la transformación hacia un futuro mejor

NECESIDADES TRAS EL DELITO

En relación con las necesidades, los facilitadores de Justicia Restaurativa deben saber abordar el trauma derivado del delito, los sentimientos que provoca y las necesidades que surgen como consecuencia de esos sentimientos.

Por ejemplo, tras sufrir un daño puede aparecer miedo, y las víctimas suelen demandar seguridad, es decir, garantías de que el infractor no volverá a cometer el mismo acto. Esto resulta más probable cuando se facilita la asunción de responsabilidad por parte del infractor, uno de los pilares esenciales de la Justicia Restaurativa.

También puede surgir ira, lo que lleva a muchas víctimas a reclamar justicia. Aunque pueda parecer contradictorio, para la mayoría de las personas justicia significa, sobre todo, que alguien se responsabilice del daño sufrido: que el infractor reconozca lo ocurrido y diga “fui yo”, “lo hice” y “asumo las consecuencias”. Sin embargo, el proceso tradicional de justicia penal rara vez fomenta esta rendición de cuentas auténtica.

Asimismo, muchas víctimas experimentan ansiedad, lo cual suele generar la necesidad de respeto y de recuperar el control sobre su vida, que se vio alterada tras el delito. El protagonismo que se otorga a las víctimas en los procesos restaurativos contribuye a su empoderamiento: son escuchadas, se sienten dignas de respeto y, en muchos casos, logran retomar el control sobre su propia vida.

LA JUSTICIA RESTAURATIVA BUSCA LA VERDAD EMOCIONAL

Estos son algunos ejemplos de cómo la Justicia Restaurativa busca la verdad emocional y pretende transformar sentimientos negativos en otros más constructivos. Además, no es posible prejuzgar el impacto de un delito basándonos únicamente en su gravedad jurídica.

Es habitual pensar que, si el delito es leve, la víctima no quedará especialmente afectada. Sin embargo, la realidad puede ser muy diferente. Del mismo modo que cada persona es distinta, también lo es cada víctima: un delito considerado leve puede resultar profundamente traumático para una persona, incluso más que un delito grave para otra.

Por ello, la labor del facilitador consiste en saber detectar el impacto real del delito y, a partir de ahí, acompañar un proceso que permita a la víctima y al infractor avanzar hacia la reparación, la responsabilidad y la posibilidad de reconectar nuevamente con la comunidad.

CONCLUSIONES

Hablar de Justicia Restaurativa es hablar de algo más profundo que un procedimiento jurídico: es hablar de personas que han sido atravesadas por el daño y que, desde ese momento, ya no viven igual. Porque un delito no solo rompe una norma, rompe la confianza, la tranquilidad y, muchas veces, la forma en la que una víctima se relaciona con el mundo.

La Justicia Restaurativa nos recuerda que detrás de cada caso hay una historia humana. Hay miedo, rabia, tristeza, vergüenza, impotencia. Emociones que no siempre encuentran un espacio en el sistema penal tradicional, pero que son reales y que necesitan ser escuchadas si se pretende construir una verdadera reparación. Escuchar esa verdad emocional no significa debilitar la justicia, sino fortalecerla, porque la justicia no debería limitarse a castigar, sino también a comprender y reparar.

También nos enseña que el daño no se limita a la víctima directa. La comunidad se resiente, las familias se desestructuran y el propio infractor, aunque responsable, puede arrastrar heridas previas que nunca fueron atendidas. Comprender esto no significa justificar el delito, sino reconocer que la violencia y el daño suelen nacer en contextos complejos y que, si no se trabajan, pueden repetirse.


En este sentido, la Justicia Restaurativa ofrece una oportunidad valiosa: transformar el dolor en un camino hacia la dignidad. Permite que la víctima recupere voz, protagonismo y control sobre su vida. Permite que el infractor enfrente el impacto real de sus actos, asuma responsabilidad de forma auténtica y encuentre una vía de cambio. Y permite que la comunidad deje de ser un espectador silencioso para convertirse en parte activa de la reconstrucción.


Al final, lo restaurativo no promete borrar lo sucedido, pero sí abre la posibilidad de que lo ocurrido no sea únicamente destrucción. Que del delito no nazca solo castigo, sino también conciencia, reparación y futuro. Porque cuando se trabaja con verdad, responsabilidad y humanidad, incluso las heridas más profundas pueden empezar a cerrarse. Y ahí es donde la justicia deja de ser solo un sistema y se convierte en un acto de humanidad.

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