miércoles, 30 de junio de 2021

La justicia restaurativa no "etiqueta" o "estigmatiza"


 SOBRE EL ROL VITALICIO DE SENTIRSE VÍCTIMA O DELINCUENTE 

Algunas veces he hablado de algo que me parece muy importante para lograr una auténtica sanación tras el crimen: la eliminación del estigma que supone haber sido víctima de un delito o bien haberlo cometido. Podemos llamarlo estigma, etiqueta o rol vitalicio pero sea como fuere, asumirlo de por vida, no ayuda a las personas a reintegrarse no solo en la comunidad sino en su entorno. El estigma que recae sobre el infractor es más impuesto que autoimpuesto, ya que es el entorno y la sociedad el que le marca y le señala como delincuente, esto sin duda, puede hacer muy difícil su reinserción, ya que le dificultara su vida cotidiana y todo esto a pesar de que la reinserción es un mandato constitucional. Pensaba que era más impuesto pero me he dado cuento con el programa de justicia restaurativa-reconexión, que finalmente aunque es algo que el entorno les crea, después si su condena es larga, acaban definiéndose por el delito y no como personas que son, con sus aspectos positivos y negativos, cualidades y defectos. El estigma de la víctima es algo más autoimpuesto, es decir muchas víctimas asumen tan profundamente esta etiqueta que luego las hace imposible o muy difícil su eliminación, claro a esto influye la escasa atención que reciben del sistema penal de justicia y su poca participación en el proceso para poder expresar lo que necesitan o requieren para empezar su camino a la superación del delito. Aunque el ser vistas por su entorno como víctimas, tampoco las ayuda sino que para muchas se genera incluso más sentimiento de incomprensión y aislamiento ("tu lo dices muy fácil, porque tu no has sufrido el delito", "no te puedes poner en mi lugar"...pueden ser frases comunes en algunas víctimas que revelan su sentimiento de estar marcadas por el crimen sufrido).

¿POR QUÉ PUEDE AYUDAR LA JUSTICIA RESTAURATIVA?

Frente a esto,  lo importante es que la Justicia Restaurativa mira las personas que hay tras  el delito, recupera su humanidad, los ofrece una oportunidad de cambiar, de hacer lo correcto y a la víctima de poder tener voz en decidir qué necesita para superar este rol de víctima

 Y esta eliminación de las etiquetas y de los estereotipos cobra importancia en otros ámbitos donde es esencial actuar para prevenir daños mayores, por ejemplo en colegios y vecindarios, de ahí que las prácticas restaurativas en estos ámbitos, sea otro punto a tener en cuenta

1 comentario:

  1. “… la Justicia Restaurativa mira las personas que hay tras el delito, recupera su humanidad, los ofrece una oportunidad de cambiar, de hacer lo correcto y a la víctima de poder tener voz en decidir qué necesita para superar este rol de víctima”.
    Ya he hablado repetidamente sobre la etiqueta que la justicia actual, eminentemente retributiva y punitiva, le adosa a la persona que cometió un delito cuando lo arroja a la cárcel.
    En mi esquema, la “valjeanización” consiste en incentivar un giro de 180 grados, que equivale no a evitar etiquetar, sino a etiquetar al revés.
    Cuando, en el libro “Los Miserables”, Monseñor Myriel, luego de haber encubierto el hurto de su platería y habérsela obsequiado a su victimario, dice “Jean Valjean, hermano mío, no pertenece Vd, ya al mal, sino al bien. Es su alma la que compro; se la quito a los pensamientos malos y al espíritu de perdición y se la doy a Dios»”, le expresa tácitamente no sólo que deberá dejar de robar, lo cual sería un giro de 90 grados, sino que deberá convertirse en un hombre honorable, generoso y solidario, viviendo con verdaderos valores y poniéndolos en práctica, que es un giro copernicano, es decir de 180 grados.
    No pretendo asegurar que todos los que han tenido un pasado delincuencial se convertirán en santos, pero tratarlos de esa manera, etiquetándolos al revés, puede lograr resultados que en el caso de Jean Valjean se dieron con creces.
    Es cuestión de probarlo, porque sabemos que el etiquetar al que delinquió como delincuente suele ser una profecía autocumplida, lo cual indica que el etiquetamiento inverso también puede serlo, obviamente en sentido contrario.
    En cuanto a la víctima, el caso de Monseñor Myriel es admirable, pero creo que no es necesaria tanta generosidad. Basta con que la víctima renuncie a exigir la denigración y el sufrimiento del ofensor, aunque acepte ser reparada.
    Y si la exigencia es ser reparada por el mismo ofensor, quizás le esté acercando la oportunidad de comenzar a girar en la dirección correcta.
    Creo que una actitud tal rompería el etiquetamiento de la víctima como una persona digna de lástima y le daría, además de un notable protagonismo, un etiquetamiento como persona digna de admiración.
    Por supuesto que, para lograr esto, es decir, que el ofensor pague literalmente su deuda con trabajos o servicios reparativos y la víctima quede satisfecha con ello, es necesario sustituir la pena de encierro por esta pena restaurativa. Y lograr este cambio es algo que todo movimiento restaurativo debería priorizar.

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