martes, 15 de junio de 2021

Justicia y castigo


 JUSTICIA Y CASTIGO

Cuando  oigo que las “víctimas quieren que se haga justicia”, no puedo dejar de preguntarme varias cosas: ¿por qué parece que castigo, se equipara a hacer justicia?, ambos términos se utilizan de forma intercambiable, muy a menudo, de ahí que cuando se “clama por más justicia”, muchas personas, yo diría la mayoría, lo que hace es reclamar más castigo y penas más duras. Es más parece que “justicia” se utiliza eufemísticamente, para referirnos a castigo. Si esto es así: ¿Qué pasa con aquellas personas que han sufrido un delito, pero el infractor no ha sido capturado o no está identificado?¿Debemos pensar que puesto que no se puede castigar a nadie, no se puede hacer justicia? Esto no debería ser así, ya que no solo sería injusto valga la redundancia, sino que estaríamos abandonando a su suerte a personas que necesitan nuestra ayuda. Si nos centramos exclusivamente en que la justicia está para castigar al infractor, como ocurre generalmente con el sistema tradicional de justicia penal, estamos cubriendo solamente las expectativas de algunas víctimas y de alguna clase de delitos. Pero para otras víctimas, bien porque el infractor no ha sido capturado, bien porque es desconocido o simplemente porque para superar el delito tienen otras necesidades, hacer justicia significa algo más. 

DIFERENTES VÍCTIMAS DIFERENTES NECESIDADES

Con esto, no estoy queriendo decir que hay víctimas “malas” (porque su deseo es la venganzas del estado a través del castigo) y víctimas “buenas” (porque necesitan otro tipo de justicia como poder contar su historia), simplemente cada persona es diferente y cada uno de nosotros, afrontamos los problemas de forma distinta. Lo que sí es nuestra obligación es intentar que todas las víctimas, sientan que se ha hecho justicia de la manera que reclaman y esperan, es decir deberíamos poder ofrecerlas una respuesta al delito de forma personalizada. Es más, creo firmemente que tenemos una imagen de las víctimas que no es la real, frecuentemente pensamos que son vengativas pero esto no suele tener reflejo en la realidad, ya que la mayoría de las veces los que nunca hemos sido víctimas, somos mucho más punitivos.

JUSTICIA RESTAURATIVA Y VÍCTIMAS

Aquí es donde la Justicia Restaurativa juega un papel importante, porque lejos de lo que algunos creen al relacionarla exclusivamente con encuentros entre víctima e infractor, esta justicia es mucho más. Va más allá, y es un instrumento muy significativo para ayudar a las personas que sufren un delito a superar este trauma y a despojarse del rol de víctima. Porque para que una víctima pueda iniciar su camino hacia la recuperación, necesita dejar de sentirse víctima, y esto se consigue de una manera más adecuada, si la damos la posibilidad de hablar y expresarse y además propiciamos que obtenga una reparación o compensación por el daño que ha sufrido. Para todo esto, es imprescindible atender las necesidades de todas las víctimas, con independencia de que si el infractor es capturado, sea sometido a un juicio.

Desde que las victimas sufren un daño, sea moral o material, se generan en ellas sentimientos de miedo, ira, ansiedad y aislamiento y para mitigar estos sentimientos las víctimas deben transformarlos en otros más constructivos, como seguridad, justicia, control y respeto. De ahí, que la justicia restaurativa atienda mejor estas necesidades y lejos de reclamar exclusivamente el castigo, lo que proclama de forma prioritaria, es que las víctimas sean respetadas y consideradas durante todo el proceso y por eso haya que darlas “voz”.

 ¿No será la obsesión por el castigo lo que nos hace olvidar la esencia de lo que es justicia: atender a las víctimas?

Creo verdaderamente que sí, que nos está ocurriendo y realmente no puedo entender este afán de asociar justicia con castigo. Ante la imposibilidad de encontrar una respuesta clara, he llegado a la conclusión que esta equiparación de términos se hace por el ciudadano ante un sentimiento de desesperación, impotencia, consternación e insatisfacción generalizada pues cuando acuden al juzgado, lo único que se les ofrece es el sistema actual centrado en el castigo, en la figura del infractor. Quizá si pusiéramos ante sus ojos un abanico de posibilidades, personalizado y adecuado a cada una de ellas, muchas dejarían de clamar por más castigo y se centrarían en lo que más las puede interesar, más reparación y respeto hacia su persona.

INVERSIÓN EN JUSTICIA RESTAURATIVA

Otra pregunta sin respuesta para mí, es ¿por qué los estados insisten en gastar millones en más cárceles y más represión? ¿No sería más viable y menos costoso, invertir en servicios de Justicia Restaurativa y en propiciar más atención a las víctimas y más reinserción en delincuentes? Por supuesto que esto sería más barato y más eficaz y generaría un sentimiento de más satisfacción en la comunidad. El problema puede ser que el estado igual tampoco está preparado para esta justicia, ya que a la hora de ofrecer estos servicios de Justicia Restaurativa, no se puede hacer distinciones entre unas víctimas y otras, como si unas fueran más dignas de respeto que otras, ya que con independencia del delito que ha sufrido (ya sea terrorismo, robo, violación o cualquier otra de menor importancia) todas merecen que sus necesidades sean atendidas.

CONCLUSIÓN

Sería interesante que el sistema penal evolucionara y se adecuara a los nuevos tiempos, igual que se lleva siglos haciendo en otros ámbitos y aspectos de nuestra vida cotidiana. Este estancamiento no es bueno porque no genera sino más víctimas, y lo que la sociedad, necesita es ciudadanos satisfechos y recuperados y sobre todo más infractores rehabilitados, lo que hace comunidades más seguras

1 comentario:

  1. “¿No será la obsesión por el castigo lo que nos hace olvidar la esencia de lo que es justicia: atender a las víctimas?”
    ¿De dónde proviene esta obsesión por el castigo?
    Probablemente, de la necesidad de que exista un equilibrio cuando alguien transgrede una norma.
    Se considera, como si fuera un artículo de fe que, si alguien violó una norma, es justo que se le inflija algún daño o dolor para compensar el daño que él hizo a su víctima y también a la sociedad.
    Pero si el daño a la víctima y a la sociedad fuera compensado mediante una actividad reparativa, ¿no se restauraría mejor así el equilibrio perdido?
    ¿Por qué el clamor punitivo no se transforma en un clamor reparativo?
    ¿Por qué en vez de encarcelar a los transgresores, lo cual trae muchos más problemas de los que resuelve, no se los condena a reparar fuera de la cárcel, en libertad vigilada?
    ¿Por qué no se da la oportunidad a los ofensores a redimirse mediante la reparación y a las víctimas la oportunidad de ser reparadas?
    El día que alguien responda correctamente a estas preguntas se sabrá qué es lo que está ocurriendo en el mundo y en las mentes de sus pobladores para que el castigo siga siendo un objetivo y la reparación sea sólo aplicable en casos de daño leve y material.
    Hasta ahora, los intentos de justificación del castigo han llenado las bibliotecas con libros y artículos de justicia penal, pero las respuestas nunca han sido convincentes.
    Es de esperar que algún día se comprenda que esas preguntas no tienen respuestas racionales y, entonces, se producirá el cambio que los que vemos la irracionalidad imperante en la justicia retributiva, que no es justicia auténtica sino venganza disfrazada de justicia, estamos deseando

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