jueves, 24 de junio de 2021

Hacer justicia y justicia restaurativa

 


HACER JUSTICIA

Si concebimos que hacer justicia no es castigar, para que se hiciera verdadera justicia,  esta debería tener en consideración las circunstancias de cada caso, teniendo en cuenta que el delito no es un montón de folios con un número sin más, sino que detrás de él, hay personas, seres humanos con sus circunstancias, con una historia.

Es necesario a la hora de abordar el delito, tener en cuenta el cómo ocurrió, por qué y cuáles son las circunstancias del infractor y de la víctima (aspectos sociales, psicológicos, de relación, familiares, personales etc.). Debería ser una respuesta individualizada, para cada caso concreto. Quizá muchos estéis pensando que estoy diciendo una “barbaridad”, sin embargo, los clásicos lo tenían claro,  como Ulpiano que definió justicia como la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo. Ulpiano adivinó que para que la justicia fuera adecuada, debiera abordarse el problema, en el caso de la justicia penal, el delito, de una manera individualizada, adecuada a cada caso así cada uno recibiría el reproche social  merecido pero en la mínima expresión teniendo en cuenta variables como la reparación moral y/o económica . Es más entiendo que no es lo mismo una persona que entiende el impacto de sus acciones, y es consciente de ello que otra que le da igual, en todo caso la justicia debe tener en cuenta las personas que hay detrás del delito y sus historias. Esto puede parecer difícil de conseguir, pero para eso, estamos defendiendo la Justicia Restaurativa. 

JUSTICIA PENAL CON ENFOQUE RESTAURATIVO

Si conseguimos incorporar los valores y principios de esta justicia restaurativa a la justicia penal actual, la estaremos nutriendo de humanidad y de las herramientas adecuadas para abordar el delito y sus consecuencias de una manera más satisfactoria para los directamente implicados y para la sociedad en general, como testigos del proceso penal e indirectamente afectados por cada delito que se comete.

Así, la justicia penal con enfoque restaurativo tendría en cuenta a la víctima durante todo el proceso, se la informaría de forma clara y sin formalismos ni vocabularios ininteligibles para la mayoría de los “mortales”, de la evolución de su caso, se la escucharía y se tendría en cuenta qué necesita para sentirse reparada, si quiere serlo y para afrontar las consecuencias del delito de una forma más digna. De la misma manera, tendría en cuenta el arrepentimiento sincero del infractor y si realmente quiere cambiar, podría tener una segunda oportunidad, una vez cumplidas sus obligaciones para con la víctima, y/o la sociedad. Se trata de entender que todos podemos cometer errores y/o tomar malas decisiones pero nuestro deber es dar la posibilidad para reflexionar sobre ello y  puedan enmendar sus errores o malas decisiones. También ambos podrían participar en un encuentro restaurativo en la fórmula que fuere, si así lo necesitara la víctima (con independencia del delito sufrido y del lugar donde se cometió) y si lo acepta voluntariamente el infractor.

La justicia penal podría así, acercarse al ideal de Ulpiano de dar a cada uno lo suyo o más bien a cada uno, lo que merece

GESTIÓN RESTAURATIVA DEL DELITO.

Abordando el delito  de esta forma, acudiendo  al origen y el por qué, no solo se compensará a la víctima sino que también se podrán prevenir nuevos delitos, facilitando la reinserción tanto del infractor como de la víctima.

Como dice Johan Galtung (1998) “el crimen tiene su origen y una evolución, no puede existir una verdadera reparación  hasta que no se identifiquen los problemas que subyacen”. 

Se trata de cambiar la “lente” para enfocar más a las personas y desenfocar un poco el proceso penal en sí mismo

1 comentario:

  1. “… tendría en cuenta el arrepentimiento sincero del infractor y si realmente quiere cambiar, podría tener una segunda oportunidad, una vez cumplidas sus obligaciones para con la víctima, y/o la sociedad”.
    El problema con mencionar “arrepentimiento sincero” es que nunca se podrá saber si el arrepentimiento, tal vez manifestado, realmente es sincero o no lo es.
    Por eso, no creo que deba condicionarse una pena a la sinceridad, sino dar la oportunidad de que la sinceridad actúe por sí sola.
    Trataré de explicarlo.
    Lo ideal sería establecer en cada caso, en vez de la pena privativa de la libertad, que, como he repetido muchas veces, es improductiva, denigrante, estigmatizante y contraproducente, una pena reparativa y alternativa al encierro suficientemente severa, dura o larga, para que el condenado a ella, en caso de no estar arrepentido, la sienta hasta menos soportable que estar encarcelado, pero que el condenado sinceramente arrepentido, por más dura que la sienta, la viva con menor aflicción que el estar encerrado, porque se dará cuenta de que está concretamente enmendando su acción.
    De este modo, no necesitamos saber si está sinceramente arrepentido o no lo está, pero la diferencia la percibirá él al aceptar el significado de esta pena, reparativa y llevadera con dignidad si su arrepentimiento es sincero, o más aflictiva que el encierro en caso contrario.

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